Da ‘Ilha do Encanto’, com suas belezas naturais, praias paradisíacas, riqueza cultural e histórica para o ROL, a poesia caribenha de Mario Antonio Rosa!

Mario Antonio Rosa, natural de San Juan, Porto Rico, é poeta, editor, jornalista cultural e crítico Literário.
Autor dos livros: Misivas para los Tiempos de Paz; Tristezas de la Erótica; Duelo a la Transparencia; avaliado como Livro do Ano pelo jornal El Nuevo Día; Kilómetro Sur; La Tierra de Mañana; Poemas en la isla del incendio e Pasternak en el invierno.
Coautor da Antologia Poetas para el Mundo Voces para la Educación*, juntamente com Ernesto Cardenal e Raúl Zurita, do Chile, patrocinada pelo Sindicato dos Professores do Estado do México, e na Nueva Antología de Poesía Hispanoamericana, patrocinada pela revista Ómnibus, da Espanha.
Participou da Écfrasis, uma publicação da Liga de Arte de San Juan, vinculada à exposição permanente de mesmo nome, com seu poema Albea, inspirado na obra pictórica da artista Consuelo Gotay.
Recebeu o Prêmio Nacional de Poesia Guajana no Festival Internacional de Poesia de Porto Rico; Prêmio de Poesia Turpial de Ouro, da Sociedade Venezuelana de Arte Internacional; Prêmio Internacional de Poesia patrocinado pela Fundação do Patrimônio Latino em Nova York e, mais recentemente, o Prêmio Internacional de Arte (2023) concedido pela organização de mesmo nome em Nova Jersey.
Marco Antonio se apresenta aos leitores do ROL com o poema Memoria de los troncos viejos, uma Ode à Natureza!
Memoria de los troncos viejos

Me gusta detenerme
a posesión lenta, con aire claro, casi rendido
y contemplar los troncos viejos, esa corteza,
donde el tiempo relucía con bostezo sus espadas.
Ese final, que terminaba extinguido,
porque el tronco era demasiado cielo, imantaba reinos,
sucedía primogénito por el río de la noche;
su silencio ¡mundo! era una sed tejida solo con abrazos
bordeada, mal vestida y a la vez hermosa.
Me pongo a contar sus vertientes,
seguirlas, una contra otra, como relojes cruzados
donde jamás ocurrirá la hora legítima.
Y el poro, donde se habla solo de un cargado infinito
y de los muchos brazos del hombre, los dulces,
los violentos, y los descalzos de amor;
miro siempre al tope de esa vieja estrella despeinada
donde una vez existía el atrio verde.
Quizá no sea modernidad,
estar bajo ese momento del siglo, de frente a este tronco,
como si algo de un milagro nos mostrara la cara;
no es oficio de pandemia, olvidar la tierra,
y solo brindarse a esta quietud profusa, en sangre vidrio,
brotando invisible al hambre de los ojos.
Y estas orquídeas ebrias de grandeza
flotando contra el signo.
Mario Antonio Rosa
Voltar [1]
Facebook [2]