Zurbarán en la National Gallery de Londres

Rafael Peñas Cruz

‘Zurbarán en la National Gallery de Londres’

Rafael Peñas Cruz
Rafael Peñas Cruz

La exposición de la obra de Zurbarán que se exhibe actualmente en la National Gallery de Londres es magnífica, y una oportunidad única en la vida para contemplar gran parte de la obra del maestro español reunida en un mismo lugar, ya que, para mi sorpresa, se trata de su primera retrospectiva en el Reino Unido. Resulta curioso que no se le haya dedicado mayor atención antes, ya que es uno de los grandes del Siglo de Oro español.  

Zurbarán se encuentra entre la modernidad de Velázquez y el sentimentalismo barroco de Murillo, aunque quizás su pintura esté mucho más cercana en su espiritualidad a la de El Greco o Sánchez Cotán, cuyos mecenas también eran principalmente la Iglesia y, por lo tanto, desarrollaron un arte más anímico, tanto en contenido como en forma.

Cristo y la Virgen en la casa de Nazaret, de Francisco de Zurbarán, foto de Rafael Peñas Cruz
Cristo y la Virgen en la casa de Nazaret, de Francisco de Zurbarán, foto de Rafael Peñas Cruz

Todos ellos se dedicaron a dar forma visual a conceptos e ideas en una época en que la representación pictórica se había convertido en un campo de batalla entre bandos religiosos rivales. Por un lado, los reformistas luteranos que, al igual que el islam antes que ellos, proscribían el arte figurativo como idolatría y se erigían como iconoclastas. Ante este desafío, la Iglesia Católica Romana, en lugar de ceder, redobló su apuesta por el uso de la imaginería cristiana para transmitir la magnificencia y el poder de todo lo divino.

La exposición presentada en Londres incluye numerosas pinturas importantes procedentes de colecciones de todo el mundo. Como es habitual, cada sala aborda un aspecto diferente del arte del pintor, desde su carácter devocional hasta la meticulosidad con la que Zurbarán, hijo de un comerciante textil de Extremadura, reproducía las telas con sus pinceles, así como el papel que desempeñaban en su obra objetos inertes como los utensilios de cerámica fina.

Hay algo solemne y profundo en la dramática representación del metal y la arcilla en los bodegones de Zurbarán. Del mismo modo, hay algo místico, más que vanidoso, en su perfecta representación de la tela. Tanto en los bodegones como en las vestimentas, ya sean de finos brocados y sedas o el tosco tejido de los hábitos dominicos, siempre todo presentado sobre un fondo oscuro, se nos invita a ir más allá, desde la transitoriedad de las formas sensuales hasta la eternidad del espíritu.

Detalle del cuadro Santa Margarita de Antioquía, foro de Rafael Peñas Cruz
Detalle del cuadro Santa Margarita de Antioquía, foro de Rafael Peñas Cruz

 Zurbarán pintó en una época de dudas y decadencia del hasta entonces poderoso Imperio español. El esplendor y la confianza del siglo XVI comenzaban a desvanecerse lentamente, asediados por la envidia y la ambición de otras potencias europeas, y amenazados por la crisis de fe provocada por la propagación de la rebelión luterana en algunos de los dominios europeos de los Habsburgo.

Inmerso en interminables guerras religiosas y con las flotas españolas siempre en peligro de ser interceptadas por corsarios al servicio de ingleses, franceses u holandeses, el Imperio de los Habsburgo se tambaleaba y perdía lentamente su poder.

Sevilla, capital comercial del mundo en aquel entonces, también era una ciudad en crisis; inundaciones y pestes habían diezmado su población, disminuyendo su antiguo esplendor. El barroco había traído consigo una crisis de fe no solo en materia religiosa, sino también en la autoridad de la monarquía y en el poder divino de la Iglesia. Los españoles se encontraban sumidos en una crisis perpetua; nada parecía estable, todo estaba en constante cambio.

Detalle del cuadro "San Francisco" de Francisco de Zurbarán. foto de Raafel Peñas Cruz
Detalle del cuadro “San Francisco” de Francisco de Zurbarán. foto de Raafel Peñas Cruz

En este contexto inestable, donde casi nada parecía tener sentido, la espiritualidad religiosa ofrecía un refugio. Los monjes, santos y vasijas de cerámica de Zurbarán brindaban serenidad y firmeza en medio del caos de un mundo en decadencia. Las numerosas órdenes religiosas establecidas en Sevilla organizaban procesiones y colaboraban con artistas para pintar imágenes devocionales que inspiraban fe y la sensación de algo superior a las penas y el dolor contemporáneos, algo con lo que creo que puede identificarse el espectador de hoy.

Los principales clientes de Zurbarán eran las órdenes religiosas que controlaban la ciudad, para quienes pintaba retablos y retratos de mártires y santos. Sus imágenes, casi siempre sobre un fondo oscuro, conectaban el aquí y el ahora con un mundo más allá de las apariencias, un mundo donde aún reinaba la justicia divina.

Los monjes de Zurbarán parecen siempre incorpóreos, desprovistos de materialidad, lo que contrasta con la materialidad de sus túnicas y vestimentas. Es un pintor que transita entre la ausencia y la presencia, entre lo material y lo espiritual. En esto reside algo que lo conecta con los pintores zen de China y Japón: una tensión entre lo visible y lo invisible, entre las texturas y los colores perfectos de telas y objetos y el fondo oscuro en el que todo se desvanece.

"Bodegón con jarros" de Francisco de Zurbarán. Foto de Rafael Peñas Cruz
“Bodegón con jarros” de Francisco de Zurbarán. Foto de Rafael Peñas Cruz

Es un pintor del movimiento inmóvil, como se aprecia en la forma en que los pliegues de la ropa de sus figuras se adaptan a sus formas, siguiendo las leyes de la gravedad, aunque con una cualidad estática. Las figuras de sus retratos parecen congelados en el devenir, detenidos fuera del flujo temporal, e invitándonos a detenernos a nuestra vez, a ordenar nuestros pensamientos y a contemplar.

El arte de Zurbarán plantea interrogantes importantes sobre el papel de las imágenes en nuestras sociedades, especialmente en estos tiempos en que la IA está causando estragos en nuestra vista y nuestro cerebro. ¿Acaso ver es creer? ¿Cómo influye nuestro pensamiento visual en lo que creemos? ¿Y qué es más importante para nuestro desarrollo humano: creer en lo que vemos o en lo que aún no se ha visto?

Invito a todos los que estén en Londres hasta el 23 de agosto a plantearse estas preguntas mientras visitan esta estupenda exposición.

Rafael Peñas Cruz

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José Lima dos Santos – O pintor das igrejas

José Lima dos Santos foi nomeado ‘il summo pittore sacro’ do Brasil pelo jornalista Carlos Oliva

José Lima dos Santos

José Lima dos Santos, nascido em 23 de agosto de 1922 no atual Distrito de Altamira, município do Conde, na Bahia, afirmava que era “baiano de berço, carioca de profissão e sergipano por amor”.  “O Pintor das Igrejas” foi nomeado ‘il summo pittore sacro’ do Brasil pelo jornalista Carlos Oliva.

Artista versátil, autor de tantas obras-primas em óleo sobre tela, premiado diversas vezes nos Salões Nacionais de Belas Artes, José Lima foi também criador incontestável de consagradas pinturas decorativas de igrejas, em que se inclui aquela mais modesta capela de sua terra natal. Singular na sua arte, era um artista em busca daquela parcela de perfeição que emana somente do Supremo Criador.

O “Pintor das Igrejas” aprimorou a pintura decorativa com o Mestre Aldo Mezedini e, durante toda a vida, assinou a decoração de seis templos em diversos Estados, inclusive, Sergipe. Elevam-se como marcos de grandiosidade a Catedral de Nossa Senhora da Guia, em Patos na Paraíba, e a Igreja de São Januário e Santo Agostinho no Rio de Janeiro. Cada igreja é uma mostra permanente da magnificente arte de José Lima que, constante e atemporal, justificam o título do artista.

José Lima dos Santos em seu ateliê de trabalho
José Lima dos Santos em seu ateliê de trabalho

Para a pintura de quadros, estudou belas artes como discípulo do Mestre Presciliano Silva, tendo aperfeiçoado em suas telas as luzes, sombras, perspectivas, contextos e figuras típicas dos ambientes religiosos. Verdadeiros registros históricos, em suas telas destaca-se a espontaneidade artística aliada a uma impecabilidade técnica ao retratar os interiores sacros brasileiros de diversas cidades da Bahia, Pernambuco, Paraíba, Alagoas, Minas Gerais, Rio de Janeiro e Sergipe.

A reconhecida temática das obras de José Lima é inconfundível, tanto quanto a sua assinatura. A composição sacra nas telas pintadas a óleo, que exalta a perspectiva, a luz e a sombra dos interiores e particulares das Igrejas, tornou-se elemento fundamental da sua maior produção. Neste apelo ao sagrado, a sua arte e o seu legado ganham vida pelo cenário que submerge o espectador numa experiência introspectiva, de particular aprofundamento contemplativo.

O Acervo Afetivo de José Lima está sob os cuidados do responsável técnico José Pedro de Brito Filho: (79) 99951-4002Site oficial https://joselima.net.br

Abaixo, José Pedro de Brito Filho e família

Equipe do Acervo Afetivo
Da esquerda para a direita: Júlia, José Pedro e Maria Sabrina. 
Abaixo, Pedro Erlon de Santana e Brito
Equipe do Acervo Afetivo
Da esquerda para a direita: Júlia, José Pedro e Maria Sabrina.
Abaixo, Pedro Erlon de Santana e Brito

Algumas obras do acervo

Capela Dourada – Recife/PE

Igreja São Francisco – Bahia

Convento São Francisco - Bahia
Convento São Francisco – Bahia

Pelourinho – Bahia

São Cristóvão

Uma homenagem da poetisa Vírgínia Assunção

Virgínia Assunção
Virgínia Assunção

Il Summo Pinttore Sacro

Nas mãos de José Lima, o pincel dança,
Pintor das igrejas, de alma imersa,
No altar em cores, sua arte avança
No mesclar das tintas, sua fé emersa.

Sobre a tela, a luz invade como a aurora,
Cada contorno, reflete sua devoção,
Como prece divina que a alma implora
Em cada pincelada, há uma oração.

As igrejas parecem vestir-se de magia,
Ele entende o segredo daquelas paredes e telas
Sob o seu olhar, ele também pinta a poesia
Compreende que o divino se faz presente nelas.

Em todo canto, uma história se conta,
José Lima é artista e defensor do sagrado viver,
Em cada obra, uma lembrança, ele remonta
Com seu pincel, faz o mundo renascer.

Nas mãos de José Lima, a arte transcende,
Il summo pinttore sacro, de luz, cor e calor
Em cada igreja, em cada tela, sem dúvida
Deixou um Acervo Afetivo, inesgotável de amor.

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