Maestra rural

Hermógenes L. Mora

Maestra rural: un testimonio de la ternura encarnada

Hermógenes L. Mora
Hermógenes L. Mora
Madia Gisselle Morales Soza (Santo Tomás, Chontales, Nicaragua) es maestra en Didácticas Específicas con especialidad en Didáctica de la Lengua y posgrado en Gestión y Calidad de la Educación. Labora en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, Managua. (CUR Chontales).
Madia Gisselle Morales Soza

Madia Gisselle Morales Soza (Santo Tomás, Chontales, Nicaragua) es maestra en Didácticas Específicas con especialidad en Didáctica de la Lengua y posgrado en Gestión y Calidad de la Educación. Labora en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, Managua. (CUR Chontales).

Su pasión por la literatura le nació desde la infancia. Su escritura integra poesía, narrativa y ensayo. En su quehacer también practica la escritura académica.

Ha participado en diversas antologías poéticas junto a autores nacionales e internacionales. Asimismo, se ha desempeñado como correctora de textos y ha prologado obras de escritores contemporáneos. Su escritura se distingue por la sensibilidad, la reflexión y el compromiso con la palabra.

La profesora y poeta chilena Gabriela Mistral escribió un poema en el que ella misma se siente protagonista de la historia relatada a través de sus versos. En el poema, Gabriela cuenta cómo una maestra rural soporta inclemencias tanto del tiempo como de muchas madres que no saben apreciar su trabajo. En una estrofa que cito a continuación, cuenta cómo una maestra sufre de críticas maliciosas en perjuicio de su persona. Al final describe su afán por enseñar a los niños de la comunidad, y  revela que el esfuerzo no ha sido en vano. Cito a continuación la estrofa completa:

Campesina, ¿recuerdas que alguna vez prendiste

su nombre a un comentario brutal o baladí?

Cien veces la miraste, ninguna vez la viste

¡y en el solar de tu hijo, de ella hay más que de ti!

«Yo fui maestra rural», de la poeta y educadora nicaragüense Madia Morales, es un testimonio lírico de altísimo valor humano, histórico y pedagógico. Escrito desde la madurez de la memoria, la voz poética reconstruye su vivencia en las comarcas y comunidades del interior de Nicaragua, articulando una propuesta donde la poesía y la vocación docente se funden en un mismo acto de creación y entrega.

En este escrito se hace presente la poesía testimonial y la lírica de acento cotidiano de Nicaragua, el poema no solo recupera la atmósfera del campo —con sus aromas, su flora, su fauna y su geografía lacustre—, sino que sitúa la experiencia educativa en un periodo de profunda efervescencia y conflicto: la década de los años ochenta. Lejos de la grandilocuencia o la trinchera ideológica rígida, Morales opta por una épica de la ternura, en la que el aula campesina se transforma en un refugio de luz, dignidad y resistencia interior en esta tierra de pólvora y miel.

Historias como las de la poeta Madia hay muchas; es el caso de una chica de nombre Mayra Irina Aguilar (22 años) oriunda de San Juan de Nicaragua. Mayra viaja hasta La Esperanza, un pequeño poblado de la comunidad llamada Delta, situada en el punto de bifurcación donde el río San Juan y el río Colorado dividen sus aguas. No hay acceso terrestre para el transporte, esto se debe a que la zona es pantanosa. En la esperanza, Mayra es la esperanza para la escuelita rural donde imparte multigrado. Aguilar viaja a diario desafiando el peligro, pese a su juventud, su amor por la enseñanza va más allá de soportar largas caminatas y fuertes torrenciales.

Es en honor a todos los maestros rurales que la poeta Madia Morales escribe su canto. Ella misma a sus diecisiete años prestó servicios en la comunidad Puerto Díaz ubicada a unos veintiocho kilómetros de Juigalpa, Chontales y que a la fecha se le conoce como Puerto San José del Lago (San José del Lago) por formar parte de la zona lacustre del gran lago Cocibolca.

A través del análisis del escrito de Madia, de su estructura formal, su riqueza simbólica, su anclaje geográfico e histórico y su tono casi elegíaco, el presente estudio explora cómo el poema trasciende el mero recuerdo personal para convertirse en una definición poética del aprendizaje y en un tributo a la comunidad educativa de las zonas rurales de  Nicaragua.

Yo fui maestra rural

Yo fui maestra rural,
donde el amanecer olía a leña húmeda,
y a tierra bautizada de rocío.
Ahí donde las manos laboriosas,
hacían florecer el pan en la mesa
como una humilde espiga de luz.

Fui maestra en aquellos campos donde el viento
aprendía el nombre de los árboles.
Ahí donde la práctica enseña
que es el amor por los niños
lo que cincela la verdadera humanidad.

En aquel diáfano y verde espacio vi cómo
la paciencia tiene manos de ternura,
y que enseñar a los niños
es tocar su alma,
como toca la lluvia a la semilla:
sin ruido y abundante vida.

Y fui maestra rural en los años ochenta,
esos que rugían
con su polvo de guerra
y sus horizontes de pólvora.
Pero allá,
entre los maizales, los potreros
y el canto obstinado de los zanates,
la tiza dibujaba pequeños amaneceres
sobre la pizarra negra,
mientras la infancia
encendía su lámpara de sueños.

—Maestra, usted debe alimentarse
con sustancia de cabeza de gaspar—
me decía una madre,
con la sabiduría antigua del lago.
Y sin más espera me la servía
como quien sirve esperanza en un tazón de barro.

Las veredas recorridas cada mañana,
los amaneceres con olor a rocío y a madera,
las puertas abiertas,
las miradas limpias,
la campana de aquella escuelita
deshojando el día;
los cuadernos donde florecían las letras
adornadas de versos;
todo ello fue modelando mi destino
como el río pule la piedra
o como el alfarero
acaricia el barro con paciencia.

Enseñar
es sembrar luciérnagas en la noche de los otros,
es dejar un poco de sol
en unas manos pequeñas,
es aprender,
mientras se enseña,
el antiguo oficio de amar la vida.

Análisis del poema

En la tradición lírica nicaragüense, la memoria histórica suele vestirse de épica, épica de trinchera o de manifiesto político. Sin embargo, en «Yo fui maestra rural», la profesora Madia Morales realiza un gesto radical: desplaza el eje de la narrativa de los años ochenta desde el estruendo bélico hacia la quietud germinal del aula campesina. No niega el conflicto —los «horizontes de pólvora» y el «polvo de guerra» están ahí como un trasfondo insoslayable—, pero decide oponerle la «tiza dibujando pequeños amaneceres». Hay en este escrito una ética de la resistencia que no se fundamenta en las armas, sino en el acto cotidiano de nombrar el mundo.

Es un texto de una enorme delicadeza humana y un profundo arraigo histórico e identitario. configurado en verso libredistrófico (estrofas de desigual número de versos, desde tercetos hasta estrofas de nueve versos). No busca la rigidez de la métrica clásica ni de la rima consonante, sino que encuentra su ritmo en la cadencia natural del habla campesina y lírica.

Desde el punto de vista del desarrollo simbólico, el poema establece una profunda dialéctica entre la naturaleza y la técnica artesanal. La labor docente no se concibe como una imposición doctrinaria ni como un ejercicio vertical del saber, sino como un proceso de moldeado orgánico: el alfarero que acaricia el barro, el río que pule la piedra, la lluvia que toca a la semilla «sin ruido y abundante vida». Es una pedagogía del asombro y de la escucha. El docente no es un emisor absoluto, sino un sujeto transformado por la comunidad que lo acoge.

Este diálogo se materializa de manera soberbia en la estrofa del tazón de sopa de gaspar. La inserción de la voz popular:

—«Maestra, usted debe alimentarse…»— no solo territorializa la lírica en la cuenca del Cocibolca y la geografía lacustre, sino que subvierte la jerarquía del conocimiento: el saber ancestral del pueblo nutre al educador. La comida servida en barro es metáfora de la comunión, donde la hospitalidad campesina se convierte en la más alta forma de la dignidad. La entrega de la sopa simboliza la comunión entre la comunidad rural y la maestra.

Estructuralmente, Morales opta por un verso libre de ritmo pausado, sustentado en la anáfora reiterativa del pretérito (Yo fui… / Fui… / Y fui…). Esta construcción no responde al mero capricho formal, sino a la cadencia del testimonio oral, de quien se sienta a rememorar junto a la leña. La musicalidad fluye sin la rigidez de la métrica clásica porque busca parecerse al cauce natural del habla cotidiana, elevándola a categoría poética mediante imágenes de altísimo vuelo sensorial (el olor a leña húmeda, el viento aprendiendo el nombre de los árboles, la campana deshojando el día).

«Yo fui maestra rural» trasciende el marco de la autobiografía para convertirse en un tratado de filosofía pedagógica. Madia Morales nos recuerda que la verdadera educación es un oficio de penumbra y destello: «sembrar luciérnagas en la noche de los otros». En un entorno donde la historia amenazaba con devorarlo todo, el poema rescata la infancia como el territorio sagrado donde la luz todavía es posible. Transforma la memoria de la educación rural en una epopeya cotidiana. Logra un equilibrio formidable al contraponer el estruendo de la guerra con la ternura silenciosa del aula campesina, dejando como mensaje final que enseñar no es transmitir datos,

Es, en última instancia, una obra de una profunda honestidad lírica, que rechaza el panfleto para abrazar la dimensión más perdurable de la poesía: el antiguo y silencioso oficio de amar la vida.

Hermógenes L. Mora

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Voces del fuego y el asfalto

Hermógenes Mora

Voces del Fuego y el Asfalto:
la poesía contemporánea y la condición humana
en Centroamérica

Hermógenes L. Mora
Hermógenes L. Mora

A través de esta pequeña antología crítica que he elaborado en la que incluyo a  tres autores del istmo, busco conectar la poesía contemporánea de Centroamérica y los problemas universales y locales. Si bien es cierto que los estilos varían, me permito destacar cómo los poetas usan su obra para denunciar la pérdida de sensibilidad y conexión humana en el mundo actual, ya sea desde el plano emocional interno que la poeta Jessenia Romero trastoca, el social-urbano muy acertado por el poeta  Heiner Rodríguez o el histórico-comunitario donde Cucufate nos invita a explorar a través de su pluma. No cabe duda de que la nueva poética no se aparta de los temas que hacen eco en una sociedad que se ha acostumbrado a callar o a desviar su atención hacia cosas que no despiertan el pensamiento crítico. 

A continuación presento una breve reseña biográfica de cada autor seguido del poema y su respectivo análisis. Pero ha de ser el lector el que juzgue cada palabra escrita. 

Jessenia Isabel Romero, es poeta, escritora y educadora nicaragüense, nacida en 1982 en la ciudad de Chinandega, Nicaragua. Se desempeña como asesora pedagógica en el Ministerio de Educación. 

Graduada como maestra normalista en 2003 y en 2011 egresada de la licenciatura en Matemáticas con mención en Computación. Actualmente está culminando estudios en Lengua y Literatura, (UNAN-León). 

Obras: Visita de una arrastrada (cuento), Crónica hospitalaria (crónica), 12 cuentos infantiles (cuento) y Narrando la vida versando el amor.

Me pregunto

¿Quién puede percibir el tamaño

de una lágrima contenida en una sonrisa?

¿Quién es capaz de escuchar el grito ahogado

que se atora en la garganta?

¿Quién puede observar el sufrimiento reprimido

en unas palabras amables?, 

¡¿quién entiende que un ser aparentemente feliz,

 guarda batallas en el fondo del alma?!

No toda sonrisa encierra felicidad

no todo grito representa euforia

no toda palabra amable es sinónimo de dulzura

no todo guerrero celebra siempre una victoria.

Hay payasos que sonríen y esconden

un lastimero llanto

hay cantantes  que una letanía feroz disfrazan

en su canto,

hay seres bondadosos que sufren

en el infinito silencio

hay soldados aguerridos que ocultan

una derrota sin voz. 

Y me pregunto…,

¿acaso tú eres capaz de ver más allá

de la aparente realidad?,

¿o la realidad te ciega en tu eterna banalidad?

Análisis Del Poema

Es este un poema profundamente intimista. La poeta Romero logra poner el dedo sobre una de las verdades más complejas de la condición humana: la dualidad entre la máscara social que usamos para sobrevivir y el abismo emocional que cargamos por dentro. Es un grito a la empatía, pero también un espejo incómodo para quien lo lee. 

El tema central es la invisibilidad del dolor humano frente a la mirada superficial del mundo. El poema se construye sobre el contraste perpetuo entre lo que se muestra y lo que se esconde.

Jessenia Isabel Romero
Jessenia Isabel Romero Arquivo pessoal

Si analizamos su estructura y sus recursos nos encontramos con Las preguntas retóricas, el conflicto interno: ¿Quién puede percibir el tamaño / de una lágrima contenida en una sonrisa?

La poeta arranca con una serie de preguntas retóricas que buscan sacudir la sensibilidad del receptor. Al utilizar el oxímoron y la antítesis nos muestra que los opuestos coexisten, ejemplo de ello son los siguientes versos: 

¿Quién puede percibir el tamaño

de una lágrima contenida en una sonrisa?

¿Quién es capaz de escuchar el grito ahogado

que se atora en la garganta?

La lágrima representa el dolor que se oculta tras una sonrisa, que se ahoga, que se tuerce dentro de un individuo. 

Los signos de admiración e interrogación combinados (¡¿?!), elevan la intensidad dramática: el alma no solo está triste, está librando batallas en el fondo . Las negaciones de la apariencia (El despertar)

No toda sonrisa encierra felicidad/no todo grito representa euforia…

Aquí la estructura cambia drásticamente. Deja las preguntas y utiliza la anáfora (la repetición al inicio de cada verso de la palabra «no todo/a»). Esta repetición funciona como un mazo que derriba los prejuicios visuales. 

 Los arquetipos del dolor oculto (Las metáforas vivas) se hacen presentes:

Hay payasos que sonríen y esconden / un lastimero llanto…

En esta sección, la poeta recurre a personajes o arquetipos universales mediante la repetición de la palabra «hay». El payaso es símbolo por excelencia de la tristeza oculta tras el maquillaje (un eco claro del clásico poema Reír llorando, de Juan de Dios Peza. Cito unos versos del mismo:

¡Ay! ¡Cuántas veces reímos cuando lloramos! / Nadie confía en la alegría de la risa, / porque en aquellos seres devorados por el dolor, / ¡El alma gime cuando el rostro ríe!

Romero colma de imágenes metafóricas su poema y ese aparente contraste sirve de estímulo también: El cantante cuyo canto es en realidad una “letanía” disfrazada, el arte como analgésico, el ser bondadoso que sufre en el «infinito silencio», el soldado que oculta «una derrota sin voz». Esta metáfora es sin duda la más  preciosa: el héroe que el mundo ve como invencible pero que por dentro está quebrado.

Hay genialidad en este poema. No busca la rima consonante rigurosa, ni la métrica fija, varían sus versos y eso le imprime naturalidad y un ritmo que parece una confesión. Es un poema lleno de musicalidad debido a las figuras de repetición. 

La última línea contiene una paradoja hiriente: «la realidad te ciega». Nos dice que aquello que llamamos realidad (lo superficial, lo obvio) es en realidad una venda que nos impide notar el sufrimiento ajeno debido a nuestra propia banalidad. 

El poema de Jessenia Romero es un bálsamo de empatía. Funciona como una radiografía del alma contemporánea, donde muchas veces se nos exige estar bien, sonreír para la foto y ser «guerreros» perfectos, olvidando que detrás de la fachada más sólida puede haber un río de lágrimas contenidas. Es un llamado urgente a mirar no con los ojos, sino con el alma.

Heiner Bryan Rodríguez Berríos Arquivo pessoal

 Heiner Bryan Rodríguez Berríos, es un joven  poeta,  abogado y notario público, e Ingeniero civil nacido en la ciudad de Chinandega, Nicaragua. Desde muy joven se trasladó a León, ciudad donde creció el Príncipe de las Letras Castellanas. 

En el año 2024 publicó en Nicaragua el libro Bazofias y otras carroñas. En la plataforma digital de El Libro Total publicó A vos, Lirios y Palomas golfas ruiseñores rastreros. 

Dinosaurio

Un dinosaurio camina entre la multitud.

Intenta hablar con los transeúntes,

pero todos lo esquivan,

apurados por llegar al trabajo.

El dinosaurio se sienta en la banqueta.

¿Cuándo se volvió todo así?

El dinosaurio observa.

Su rostro es un espejo.

El dinosaurio llora.

Nadie lo socorre.

Está solo.

El dinosaurio cuenta el tiempo con el sol.

Se levanta.

Saca un traje de la basura

y se lo pone.

El dinosaurio ya no está.

Análisis Del Poema

Dinosaurio es un poema urbano de marcado existencialismo que utiliza la ciudad bulliciosa y acelerada como escenario. A través de una narrativa sencilla, casi infantil en su superficie, el autor construye una alegoría demoledora sobre la alienación moderna, la deshumanización de las ciudades y la pérdida de la autenticidad.

Heiner utiliza al dinosaurio  como el símbolo perfecto del anacronismo,  representa lo viejo, lo extinguido, lo que ya no pertenece al tiempo presente. Retrata al individuo que se siente inadaptado, fuera de época, desconectado de los códigos de la sociedad hipermoderna. Una multitud está «apurada por llegar al trabajo» (el utilitarismo), el dinosaurio intenta entablar comunicación, busca la conexión humana pero la masa busca la productividad. Retrata la indiferencia urbana con una dura frialdad. La banqueta se convierte en el escenario de la intemperie social, es desde esa banca que nace una pregunta existencial: ¿Cuándo se volvió todo así? No es una pregunta del dinosaurio sobre sí mismo, sino sobre el entorno. Es la perplejidad ante un mundo que ha mecanizado sus emociones.

En el verso número ocho cita: «Su rostro es un espejo». Nos afirma que el dinosaurio no es un monstruo ajeno; el dinosaurio somos nosotros. Al mirarlo a él, deberíamos ver nuestra propia humanidad perdida, pero la multitud prefiere no mirar.

«El dinosaurio llora. / Nadie lo socorre», el autor denuncia la muerte de la solidaridad en las grandes urbes, donde el dolor ajeno se vuelve invisible. 

Un punto de inflexión clave ocurre cuando el personaje cuenta el tiempo con el sol. Esto lo vincula a un orden natural, cósmico y ancestral. Sin embargo, para sobrevivir en el entorno urbano, el personaje se ve obligado a renunciar a ese tiempo natural para someterse a la triste realidad del tiempo del reloj y las tarjetas de marcaje laboral.

El desenlace del poema es trágico: «Saca un traje de la basura / y se lo pone. / El dinosaurio ya no está». Al provenir de la basura el traje, sugiere que las convenciones sociales que adoptamos para encajar son desechos, carentes de valor real. Al ponerse el traje, el dinosaurio se camufla, se vuelve idéntico a los transeúntes que antes lo esquivaban. La frase «El dinosaurio ya no está» no significa que se haya ido o haya muerto físicamente; significa que ha sido asimilado, por el sistema. Su singularidad ha sido destruida en favor de la homogeneidad urbana. Se torna autómata dentro de un sistema que te absorbe hacia su amarga trayectoria. Heiner con su poema Dinosaurio intenta huir de la poética que ahoga a esta era. 

Willo Cucufate - Arquivo pessoal
Willo CucufateArquivo pessoal

  Willo Cucufate, el obrero que escribe.

Es un poeta salvadoreño que actualmente reside en la ciudad de Panamá. Es egresado como Técnico en Ingeniería Mecánica de la Universidad Tecnológica de Panamá. Algunos de sus textos han sido publicados en varios medios locales, así como en la revista Latinos and Education de la Universidad de San Bernardino California. 

Obras: 

  • Kroni quitas de mi gente (el Nejapa que viví) 2019
  • Kroni quitas de mi gente (el Nejapa que sufrí) 2020
  • Kroni quitas de mi gente (el Nejapa que dejé) 2021
  • Nixapoética (Hijos del volcán)

versión digital ilustrada (2021)

  • Nixapoética (Hijos del volcán) versión física, en modo de solo texto (2021)
  • Cuentas de la vida y de la muerte (2023)
  • La Floresta erótica (Poesía 2024). 

Hijos del volcán

Somos peregrinos del tiempo y de la historia,

guerreros ígneos de batallas sin fin,

caminantes del universo en ruta de fuego,

hombres de maíz por Ixchel paridos.

Somos hacienda añilera convertida en nido,

ojo líquido de cañales en flor,

manto silvestre de cafetales volcánicos,

paraíso invadido por el opresor.

Somos río brujo con nombre de santo,

caudal juído de sequía ajena,

nacimiento de vida y de soledades,

tres piedras de lavanderas abandonadas.

Somos la memoria patas arriba,

calle vieja de pueblos perdidos,

nidal de quetzales por el progreso emigrados,

con bolas de fuego al Armagedón resistiendo.

Somos los hijos del volcán,

gente que trabaja, llora y canta,

los que la esperanza nunca perdemos,

pueblo que camina mirando al sol,

mujeres y hombres de fuego… Eso somos.

Del poemario Nixapoética (Hijos del volcán).

Panamá, año 2021

Análisis Del Poema 

En el poema  Hijos del volcán, el poeta utiliza elementos como la identidad, la mitología, la lírica y la historia. Como recurso hace uso de la anáfora (repetición de «somos»). El autor no solo define un «yo» colectivo, sino que levanta una cartografía humana, geográfica e histórica de El Salvador y por extensión, de Centroamérica. 

El poema arranca conectando el origen del pueblo con dos vertientes míticas y telúricas: La herencia maya, cuando cita a los «hombres de maíz por Ixchel paridos», con ello evoca directamente el Popol Vuh. 

 La constante mención del fuego y el volcán funciona como la columna vertebral del texto. El volcán en la literatura salvadoreña (desde Claudia Lars hasta Roque Dalton) no es solo paisaje; es un estado mental, una condición de peligro constante y de resiliencia. La segunda y tercera estrofa abandonan el mito para pisar la tierra y la economía colonial y republicana: «Hacienda añilera», «cañales en flor» y «cafetales volcánicos» resumen los tres grandes ciclos económicos que marcaron la sangre y el sudor de la historia salvadoreña. El añil colonial, el café oligárquico del siglo XIX y XX, y la caña de azúcar.

Todo el poema es un grito de denuncia social: «paraíso invadido por el opresor» irrumpe de golpe para politizar el paisaje. El poema deja claro que la belleza natural de la región está triste e indisolublemente ligada al despojo, a como cita Galeano: Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

La lírica melancólica acompaña el poema, la añoranza se ve reflejada en versos que dicen: El caudal juído. (Hace uso del lenguaje coloquial local [variante popular de «huido»]). Y las tres piedras de lavanderas abandonadas representan la migración, el abandono rural y la sequía, no solo climática, sino social. Asimismo menciona que el progreso juega un papel antagónico y protesta enfáticamente: Nidal de quetzales por el progreso emigrados / con bolas de fuego al Armagedón resistiendo. 

Las bolas de fuego representan a una tradición de su Nejapa, (las Bolas de Fuego de Nejapa). 

¿Por qué el poeta usa reiterativamente el Somos

Porque en su poética ve reflejada a una sociedad comprometida con el desarrollo de su país. El poeta cierra el poema de forma circular. Regresa al elemento ígneo «mujeres y hombres de fuego» pero aterriza en lo cotidiano: gente que trabaja, llora y canta. El fuego no es solo destrucción; es la energía diaria para sobrevivir.

En Hijos del volcán, Willo Cucufate hace un inventario del alma colectiva. Logra condensar en veintiún versos la cosmogonía prehispánica, el dolor de la explotación agrícola, la herida de la migración moderna y el optimismo inquebrantable no solo del pueblo salvadoreño, sino de todas las naciones de Centroamérica. Es un poema que se siente telúrico, sudado y profundamente arraigado en la memoria de su tierra.

En resumen, este compendio nos enfrenta a una paradoja hiriente: la realidad que habitamos es una ceguera consensual guiada por la banalidad. Frente a este letargo, la poesía de Romero, Rodríguez y Cucufate se erige como un acto de resistencia ontológica.

​No son solo poemas; son dispositivos de deconstrucción social y bálsamos metafísicos que nos exigen rasgar el velo de lo superficial. Nos recuerdan que, detrás de la fachada de cemento y las sonrisas de diseño, late un fuego inextinguible, una lágrima sagrada y una necesidad urgente de volver a mirar el mundo, ya no con los ojos de la carne, sino con la luz del alma.

Hermógenes L. Mora

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De la revolución de Nebrija a la amnesia digital

Hermógenes L. Mora

“De la revolución de Nebrija a la amnesia digital –
La gramática como estructura, identidad y un ‘habla bonito'”

Hermógenes L. Mora
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Antonio de Nebrija dotó de una cédula de identidad formal al español. 1492 es un año que marcó la historia; previo a este año el latín ejercía un monopolio casi criminal, la crudeza de la Edad Media solo permitía que fuesen reconocidas y estudiadas las tres lenguas que marchitaban al resto,  esos tres idiomas, por mucho tiempo, no permitieron el avance de las demás, el latín el griego y el hebreo aplastaban y marginaban  al castellano, al francés, al italiano y a otras lenguas  por considerarlas vulgares o dialectos que cambiaban constantemente. Cabe señalar que ninguna de esas lenguas poseía un manual de reglas que validara su estudio.

Nebrija tuvo una visión revolucionaria: utilizar y aplicar las herramientas de análisis del latín en el español. Él entendía que el castellano necesitaba una estructura, ya que veía que el idioma se iba expandiendo a través de las conquistas y  unificación  de los reinos de España. El 18 de agosto de 1492,  Nebrija publica su Gramática de la lengua castellana dando inicio al estudio profundo del idioma.

Más allá de esta introducción histórica de cómo nuestra lengua llegó a convertirse en un idioma estructurado, nos adentramos en la importancia del buen uso de nuestra gramática.

¿Por qué es importante el  uso correcto de la gramática?

Para responder a esta pregunta utilizaremos un ejemplo sencillo:

«Por favor, note las comas»

«Por favor, no te las comas»

La autora argentina María Cristina Kunsch de Sokoluk en su libro Cómo dar vida a las palabras comenta que no se da a entender quien mal escribe. También refiere que al omitir signos, el mensaje resultará confuso o ambiguo.

 Sokoluk, (1992).  Cómo dar vida a las palabras. Editorial Vida.

 El mal uso provoca que el mensaje que deseamos transmitir se distorsione o se malinterprete, una coma mal usada o un verbo mal conjugado cambian el sentido de una oración. El tiempo pasa pero seguimos entendiéndonos, ello se debe a que nuestro idioma ha evolucionado y aunque cada territorio hispanohablante conserve sus propias características idiomáticas, nos adaptamos rápidamente porque en sí existe una lengua madre que nos arropa y que conserva su estructura, independientemente del territorio donde se habla.

Grandes pensadores dieron pasos firmes hacia una nueva forma de escribir. En Nicaragua está el caso sublime del gran maestro Rubén Darío. Sin el uso acertado de las reglas de la sintaxis y de la semántica y de estructuras innovadoras en el arte de escribir, el modernismo no se hubiese explayado más allá de Latinoamérica, ni hubiese asegurado la vigencia de obras que retan al tiempo, como es el caso de Azul, Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza.

Dependiendo del contexto social el idioma cambia; su importancia va más allá de la escritura, su esencia captura el interés según la estética que se utiliza para hacer llegar el mensaje, una buena escritura genera credibilidad y evidencia alto profesionalismo. En cambio, los vicios y errores pueden generar desconfianza en ciertos aspectos; respetar las reglas convierte a nuestra habla en una expresiva forma que permite que todos nos entiendan perfectamente.

 En este cuarto de siglo, la era de la inteligencia artificial y la carrera por poseer los equipos más sofisticados, se ha convertido en una pandemia la generalizada despreocupación hacia el buen escribir, los internautas han llegado a tal extremo que la omisión de letras por sonidos les ha contaminado el oído, provocando que dejen de escribir palabras completas. Al crear una nueva forma de comunicarse están alterando horriblemente el idioma que Nebrija dotó de belleza. Debemos asumir el reto de escribir correctamente, ya sea un nombre cualquiera de cosa alguna hasta la redacción de un correo electrónico, que los mensajes de WhatsApp no carezcan de terminologías precisas, sino que inviten a ser leídos detenidamente como degustando cada palabra, saborearla como se saborea un buen café. Es menester cuidar la buena escritura, crear el hábito en nuestros hijos, en nuestros alumnos y preocuparse por el manejo de las reglas básicas,  ayudar a muchas

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Maternidad sin ADN

Hermógenes L. Mora

‘Maternidad sin ADN: La fórmula de una vocación que trasciende la sangre’

Logo da seção Entrevistas ROLianas
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Escribir desde Nicaragua es, por definición, vivir en  un territorio habitado por el mito, la geografía volcánica y el rigor de la palabra. En este contexto, la literatura femenina nicaragüense no ha sido un fenómeno accesorio; al contrario, constituye la columna vertebral de nuestra sensibilidad estética y de nuestra memoria histórica. Tal como lo señala con precisión la profesora de la UNAN-León, Mariluz Urroz: «Nicaragua en particular se erige con un nicho de mujeres valientes y revolucionarias que han dejado una impronta indeleble en la historia del país». Esta certeza nos obliga a volver la mirada hacia el mapa de nuestras letras, un mapa trazado por mujeres que, desde las aulas, los escenarios o la gestión cultural, transforman el silencio en testimonio.

Es necesario destacar, en primer lugar, el tejido contemporáneo de estas creadoras que sostienen nuestra identidad. Pensar en la herencia de nuestras letras nos conduce de manera inevitable a celebrar la labor de la poeta y maestra universitaria Sobeyda Peñalba, cuya palabra se funde con el quehacer académico; de igual modo, nos deslumbra la delicadeza poética de la poeta, cantante y maestra,  Ana Fuentes, en cuya obra la lírica y la melodía se vuelven una sola resistencia. Asimismo, es imperativo reconocer la experiencia y madurez creadora de la poeta Ninoska Chacón, junto a la incansable misión gestora de doña Brenda Martínez, quien a través de Fundación Poetas en Órbita ha sabido descentralizar la belleza y tender puentes estelares para la difusión literaria. Todas ellas, en efecto, configuran un coro de voces que sostienen el fuego de la creación en nuestra patria.

Ahora bien, es precisamente en este horizonte de mujeres imprescindibles donde se inscribe la figura de la poeta, matemática y profesora Jessenia Romero. En otras palabras, su vida y su obra no son hechos aislados, sino la continuidad de esa tradición que utiliza la palabra como una herramienta de refundación existencial. Jessenia Romero habita un cruce de caminos fascinante: la precisión exacta y abstracta de las matemáticas en armonía con la intuición sagrada de la poesía. Sin embargo, más allá de la brillantez de su intelecto, lo que define medularmente su paso por el mundo es su vocación docente; es decir, su elección de vida por el aula de clases como el verdadero territorio del alumbramiento humano.

De manera que las páginas que siguen no pretenden ser una simple acumulación de preguntas y respuestas. Más bien, esta entrevista —titulada con profunda hondura «Maternidad sin ADN: La fórmula de una vocación que trasciende la sangre»— es un ejercicio de justicia poética y memoria. A través de sus palabras, la profesora Jessenia nos demuestra que el amor y la enseñanza responden a una lógica superior que desafía las leyes de la biología. En definitiva, este diálogo es una invitación a descubrir cómo la literatura y la docencia se convierten, al final del día, en la fórmula perfecta para dar vida a través del espíritu. Por ello os invito a leer la entrevista para conocer un poco a la maestra y poeta Jessenia Romero.

1) ¿Cómo nació la idea de convertirte en profesora?

Cuando era niña jugaba a la escuelita con mis hermanos y primos, creo que era un deseo que tenía desde pequeña. Cuando egresé de la secundaria me había matriculado en una universidad privada para estudiar Contaduría Pública, pero resultó que esa carrera tenía poca demanda y la pasaron por encuentro, era mi deseo estudiar a diario así que retiré matrícula. En este punto entra en juego mi madre que me dijo: “o estudias magisterio o ya no estudias más” y pues, heme aquí convertida en una feliz maestra.

2)        La siguiente es una pregunta un poco atrevida pero despierta curiosidad el que una mujer tan hermosa y tan preparada haya decidido dedicar su vida a la docencia, libre de ataduras.   “¿Acaso fue en tu formación como normalista que comprendiste que tu maternidad no se daría en el hogar, sino en el aula?”

Realmente, jamás he sentido ese deseo vehemente que, cualquier mujer demuestra por ser  mamá, pienso que mi madre tuvo que ver mucho en eso, puesto que, siempre me decía o los estudios o un novio y yo, elegí siempre estudiar.

3) Muchos ven la docencia como un trabajo; tú la ves como un proyecto de vida que sustituye la descendencia biológica. ¿Cómo fue el proceso de elegir «miles de hijos» sobre uno propio?

El cariño puro y desinteresado de cada niño que formé y eduqué fue el bálsamo que ayudó en ese proceso, pero, repito jamás sentí el deseo de ser madre biológica, sin embargo siempre vi como a unos hijos a mis estudiantes, incluso hubo un grupo al cual conduje por seis años consecutivos y todos me llamaban “mamá”.

4)        A menudo se piensa que las matemáticas son frías, pero tú las llevas a otro plano con tus alumnos. Me llama la atención saber: ¿Existe una fórmula matemática para entender el asombro de un niño?

Interés + motivación + cariño que le muestra un maestro a cada niño que llega a su vida magisterial.

5)        ¿Cómo ayuda el pensamiento lógico a una maestra a organizar el caos creativo y emocional de miles de niños a lo largo de los años?

Pienso que más que el pensamiento lógico, acá entra en juego  el estado emocional y sentimental que demuestra el maestro hacia sus estudiantes, la comprensión y la atención que le brinda cuando acuden a él en busca, no solo de conocimientos científicos, sino de amor, consejos y unos brazos siempre abiertos dispuestos a sostenerlos .

6)        También eres poeta y escritora, diríase que tienes el don de la palabra que alumbra el corazón de los alumnos. También estás por graduarte en Lengua y Literatura. Como poeta, ¿crees que enseñar a leer y escribir a un niño es una forma de «dar a luz» a su pensamiento?

Definitivamente sí lo creo, por mis manos pasaron muchos niños que no sabían leer y ya estaban en grados altos, fue esa paciencia y dedicación que les mostré lo que provocó un cambio positivo en ellos, y verlos ahora convertidos en profesionales me llena de orgullo y satisfacción, la lectura no solo abre puertas al mundo de la imaginación, sino que también abre las de la vida laboral.

7)        Si tus estudiantes son tu legado, ¿qué versos o palabras esperas que ellos lleven grabados para siempre en su propia historia?

Esta pregunta me hace recordar aquellos versos de nuestro Panida Rubén Darío: “No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria, aspira, trabaja, tiende siempre hacia la altura” y son esas palabras las que deseo que graben y hagan efectivas en sus propias historias.

8)        En todos estos años has visto pasar generaciones. ¿Cómo se siente ver que el tiempo pasa, pero tu vocación se mantiene intacta en el rostro de nuevos niños cada año?

Bueno, aunque actualmente no ejerzo como maestra de aula de manera permanente (laboro como asesora pedagógica), sin embargo, de vez en cuando me corresponde atender a grupos  de todas las modalidades, desde niños de Educación Inicial hasta jóvenes de Secundaria y en ese momento se fortalece mi vocación y logro conectar con cada estudiante de manera sorprendente, siempre lo he dicho: una sonrisa amigable y sincera te acercará a tus estudiantes de manera certera.

9)        Después de recorrer el camino de la tiza, el número y la palabra, ¿cuál dirías que es el elemento secreto de esa fórmula que te ha permitido trascender la sangre?

El amor genuino y sincero. Siempre que veo a un estudiante tímido, extrovertido, callado o muy inteligente, dentro de mi  corazón se mezclan sentimientos como la ternura, la admiración y la  alegría que hacen que vea a esos niños como hijos y por los cuales quiero hacer mucho para que superen sus miedos, fortalezcan su habilidades y talentos.

10)      Preparaste y acompañaste a varios de tus alumnos para que participaran en concursos de Matemáticas. ¿Qué sentiste que obtuvieran lugares relevantes?

Ufffff una inmensa felicidad, mucho orgullo y gran satisfacción. Siempre lo dije, el trabajo lo realizó el estudiante y fueron esos días de preparación y constancia por parte de cada ganador lo que lo llevó a triunfar yo solo fui una guía en su proceso de aprendizaje.

11)      ¿Existe un reto específico en el aula para un docente?

El de conectar emocionalmente con sus estudiantes, la base de todo éxito dentro del aula es que tus estudiantes te vean como autoridad, pero también como ese amigo al cual recurrir cuando las cosas no andan bien, porque una mente emocionalmente fortificada con facilidad adquirirá conocimientos con mayor prontitud.

12)      Has escrito varios libros; ¿Qué temática abordas en ellos, son educativos, tienen enseñanzas implícitas?

Sí, cuatro para ser exactos. El primero y el segundo abordan cuentos infantiles con enseñanzas aparentemente para niños, pero que también trascienden a los adultos, para citar un ejemplo, escribí un cuento titulado “Reunión de desastres naturales”, cuyo mensaje es mantener el equilibrio en la naturaleza para evitar los fenómenos naturales y antrópicos y es una recomendación tanto para niños como para personas mayores.

13)      He de suponer que continúas con el arte de escribir, ¿Estás escribiendo, tienes algún libro escrito que deseas publicar, qué temáticas abordas en él?

Hace poco terminé de escribir un libro al cual titulé Oculta oscuridad donde me introduzco al género negro, mmm, siempre he abordado el amor en mis poemas y temas sociales en mis cuentos, sin embargo, quise cambiar un poco mi formato y escribí doce relatos con temáticas fuerte que espero publicar pronto y sea aceptado por mi público lector.

14)      Para cerrar esta entrevista, sería genial que nos compartas un poema o un pequeño relato de índole educativo o que hable acerca de tu decisión de no engendrar en tu vientre a un hijo pero sí ser madre de generaciones.

Tengo un recuerdo vívido e inolvidable con aquel grupo que me llamaba “mamá”, hubo un día una reunión de padres dirigida por la psicóloga del centro educativo donde laboraba, ella  abordaba esos lazos filiales que deben de fortificarse a diario en todos los hogares. Como en cualquier reunión no todos los padres pudieron estar presentes por sus trabajos.

 La psicóloga solicitó a los niños abrazar a sus padres, como seis estudiantes corrieron hacia mí y abrazaron llorando, fue el abrazo más tierno y sincero que he recibido en toda mi vida como docente, aquellos pequeños que me llamaban mamá, realmente me sentían como su madre.

Muchas gracias por la entrevista y por revivir en mí tantos hermosos recuerdos y valorar mi trabajo no solo como educadora, sino como poeta y escritora.

Jessenia Isabel Romero
Jessenia Isabel Romero

Jessenia Isabel Romero, poeta, educadora y escritora nicaragüense, nacida el 25 de agosto de 1982 en la ciudad de Chinandega, Nicaragua,  hija de Rosario Romero.

 Fue en el Colegio San Luis Beltrán, durante su tercer año de secundaria, donde descubre su vocación poética, escribiendo sus primeros versos dedicados a la amistad, la naturaleza y al amor maternal.

En 2003 se graduó como maestra de educación primaria en la Escuela Normal Darwin Vallecillo, en 2011 egresa de la licenciatura Matemáticas con mención en Computación. Actualmente cursa estudios en Lengua y Literatura.

Hermógenes L. Mora

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