Mi niña amada mi amada niña suenan las campanas de la iglesia hoy es lunes bailemos juntos en el lugar de siempre donde no falta la ternura.
Bailemos como nunca … como siempre la longitud del temblor de tu brazo sobre mis hombros mi brazo de madera azul aderido al claro de tu espalda mas rosa tus mejillas al roce de mi aliento colibríes nuestros cuerpos más colibríes nuestros pies para volar al ras de las flores.
Mi niña amada mi amada niña sobre nuestra sombra nuestro baile sobre nuestras primaveras tu inocencia.
La tarea de la escuela llevará nuestra alegría bailando “CEBANDO MATE” bailando “CEBANDO MATE”
La noche llega como cuando llegan los amantes besándose palpándose gastándose chiche en las paredes deslizándose por los corredores tocando las aldabas husmeando las ventanas metiéndose por las rendijas. Llega con zapatos rojos de tacones altos silencio de ojos como el interruptor cuando se apaga la luz los labios pura incandescencia el cuerpo carne oscurecida con olor a envolturas de chocolate parisino.
Cuando llega se adueña de nuestros aposentos del poema amor que el día fue pura coca-cola la noche se come la ciudad entera un loco con las sombras hace barcos de papel para cruzar los mares un ángel azul pasa por el ojo de una aguja y entra al reino de los hombres sobre las sábanas de mi lecho pétalos de amapola pisadas de camellos milenarios…
Cuando está aquí cuando ya nos tiene una corona de vinos nos desangra las sienes.
La noche péndulo en el reloj de la vieja catedral suena sonidos duros fríos al abrirse las mismísimas puertas de colores subterráneos golpes fuertes para despertar a Dios de su silencio.
Sombras de luz la noche para ver el nacimiento la muerte la opereta negra la danza de su vientre oscuro.
Sólo ella el minotauro que nos atrapa en este laberinto de concreto la pequeña reina que me da su imperio los cuerpos en pleno gozo la misma pequeña reina Isabel sentada al borde de mi cama leyendo este poema…
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Con el despertar de los sentidos … de los instintos vinieron las palabras Y crecieron en la erranza entre sonoras mordeduras de manzanas lentos pasos en la nieve espejismos sedientos en los desiertos acrobacias de ballenas jorobadas telarañas consteladas en el cielo.
Y florecieron cuando los niños imitaron el canto de los pájaros la alegría de la lluvia lo crocante del algodón de azúcar.
Y crecen innumerables crecen entre las manos y la dócil arcilla perdurable entre gestos melindrosos que reinan los tejidos entre vasijas de redondos sorbos.
Y se multiplican como panes como peces como enjambres de mielosos neologismos.
Las palabras tienen vida danzan se enamoran también se ponen tristes se convocan para calentar las calles se recuestan en la hierba para maravillarse del trabajo de la hormiga.
Las cosas llegaron sin sus nombres como todas las semillas para alimentar por igual a los dioses y a los hombres como el silencio para llenar la solead de los templos como el frio de las criptas para llenarnos la memoria.
Las palabras son imagen y semejanza de los sueños sonidos pegados a los labios grafías escritas en el tiempo.
Cuando en la torre de Babel sonaron en desconcierto las trompetas en estampida las palabras se regaron por la Tierra fueron libres para liberar al hombre y el amor se aferró a la punta de la lengua.
A MARTA OLIVERI inmensa escritora argentina postulada sapem al Premio Nobel de Literatura 2024
Foto: Arquivo de Humberto Napoleón Varela Robalino
La niña de la bufanda roja en bicicleta mariposa gaviota lluvia brisa amor paz libertad poesía va por las calles de Buenos Aires por esas calles pintarrajeadas de eufemismos abarrotadas de los caraduras de siempre mientras en los portales bosteza el desamparo.
Las ruedas de la bicicleta giran como gira el mundo los pedales de la bicicleta giran como los planetas en el cosmos .
Cañas de azúcar las piernas de la niña fibrita azucarada el cuerpo de la niña en las iglesias ángeles inmóviles de salobres alas.
A quién le importa la memoria en este siglo si a diario tropezamos con la misma piedra otras veces nos damos con la piedra entre los dientes otras veces es amnesia prematura solo la niña en bicicleta rodea el Obelisco inmensa bandera su bufanda roja cubre la soledad de esa fría arquitectura.
La niña es ternura y proclama en la Plaza de Mayo vestida de pañuelos es voz junto a las voces roncas de las madres es puño junto a los puños que golpean la negra lápida del tiempo y desde adentro fémures en llamas golpean las conciencias.
En San Telmo en Palermo allá en La Boca y el Retiro en Belgrano y en todas las barriadas bonaerenses hay un girasol tan grande como la sonrisa de la niña que jira en torno a la esperanza.
La niña de la bufanda roja en bicicleta vuelve a casa la mariposa vuelve a ser crisálida la gaviota huevo azul en “El Nuevo Génesis” el agua de lluvia vuelve a calmar la sed en el desierto la brisa a ser caricia el amor siembra y cosecha en abundancia la paz vuelve a ser condición humana la libertad a ser resurrección eterna la poesía vuelve al hombre a redimirlo.
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Los murmullos de Dios y la levedad de sus pasos no son nada extraños en los Jardines de Aranjuez así como también no son nada extraños los susurros de ternura y la lluvia de sonidos libres, libres, libres… del ‘CONCIERTO DE ARANJUEZ’
Hombre que estas diseminado en la faz de la Tierra escucha el ‘CONCIERTO DE ARANJUEZ’ para que jamas lo olvides: bien aventurados los oídos que lo escuchan bendecida la memoria que recuerda a Joaquín Rodrigo que levantó esta catedral de sonoridad eterna con el barro oscuro de sus ojos…
Los pájaros de fuego que emigraron retornan al cielo que un día les arrebató el llanto y los metales dulces vibran a imagen y semejanza de los besos el agua de la lluvia entona nuevos cantos a la vida.
Con los pies descalzos de la distancia camino por los andenes de los Jardines de Aranjuez sintiendo las raíces de los rosales apretar mis ojos hasta ver las lágrimas mi soledad palpita en el agua de las fuentes el sudor del hombre crece ante los misterios de la muerte palpo la tristeza que los rostros transfigura oigo al dolor gritar, gritar, gritar…
Mientras escucho el ‘CONCIERTO DE ARANJUEZ’ mi soledad rompe la piedra de los ojos misteriosos de la esfinge mis manos palpan las diminutas cosas con el calor de mi cuerpo para que en la primavera no falten mariposas.
En la sequedad de mis ojos los caracoles sin tiempo repiten los murmullos y la levedad de los pasos de Dios repiten los susurros de ternura y l los sonidos libres, libres,, libres … del ‘CONCIERTO DE ARANJUEZ ‘.