Bosques silenciados por el fuego

María Beatriz Muñoz Ruiz

‘Bosques silenciados por el fuego’

Maria Beatriz Muñoz Ruiz
Maria Beatriz Muñoz Ruiz
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Hay un recuerdo que tengo grabado a fuego de aquellos meses grises de la pandemia, cuando el mundo se volvió pequeño y nos quedamos encerrados entre cuatro paredes. Recuerdo, sobre todo, los días de lluvia.

Me asomaba a la ventana y el olor me subía desde la calle: ese aroma a tierra húmeda, a tierra mojada, a vida despertando. En ese momento, sentía una necesidad imperiosa, casi dolorosa, de salir, de tocarla, de pasear descalza.

Echaba de menos la casa de mis padres, sentir la hierba fresca bajo mis pies al desayunar, el rocío de la mañana, ese frescor que te reconcilia con el mundo. Estar encerrada me hizo entender que ese olor y esa sensación no eran un lujo; eran una necesidad vital.

Por eso, ver hoy cómo se levantan esas columnas de humo denso y gris en los montes de Granada y en tantas otras sierras del mundo me provoca un pellizco en el corazón que me devuelve a esa sensación de asfixia.

Siento una tristeza enorme al pensar en todo lo que el fuego se lleva en cuestión de minutos. No se queman solo troncos y ramas; se quema ese olor a tierra mojada que tanto añoramos cuando nos falta. Se quema el hogar de miles de seres vivos que no tienen voz para pedir ayuda: aves que pierden a sus crías en los nidos, animales que corren despavoridos sin saber adónde ir, atrapados entre las llamas.

Ellos no están ahí para decorar el paisaje; forman una red invisible que mantiene vivo el ecosistema, limpia el aire que llega a nuestras ciudades y nos regala cada gota de oxígeno que respiramos. Si destruimos su hogar, nos estamos quedando sin el nuestro. A veces miramos las noticias con frialdad, como si el monte fuera algo ajeno o lejano.

Y me duele aún más saber que, en la mayoría de los casos, detrás de esta tragedia hay un descuido, una colilla mal apagada, una imprudencia que se podría haber evitado.

Imaginad que el bosque es vuestro hogar, porque al igual que los animales, muchas personas han perdido sus hogares y su mundo se ha detenido. Cuando estás al otro lado del televisor dices “Por lo menos han sobrevivido, lo demás son cosas materiales. El seguro del hogar les cubrirá”.

Es cierto que la vida vale más que las pertenencias, pero entre esas pertenencias la mayoría de las veces hay recuerdos irremplazables que un seguro de hogar no puede valorar. Entonces se me viene a la cabeza un simple sobre con veinte euros que mi abuelo llevaba en el bolsillo para darme antes de ser ingresado y morir.

A veces, cuando lo echo de menos saco esos veinte euros del sobre que conserva su olor a tabaco, ese olor tan característico y único que necesito oler, entonces absorbo ese aroma a él, y recuerdo su sonrisa, sus abrazos y su forma de ser. Si pudiera salvar tan solo una cosa material sería ese sobre.

Ahora imaginad a un pequeño cervatillo que siempre ha vivido en ese bosque, en un segundo mira atrás y ve solo fuego, un huracán de llamas que se traga todo en cuestión de segundos. Si sobrevive y es llevado a otro sitio, nada será igual, tendrá que adaptarse, pero nada será igual.

Todos sufrimos, los bosques forman parte de nuestro planeta, son los hogares de miles de animales, nuestro oxígeno y la base que sustenta el mundo. Si no cuidamos el planeta nos estamos matando a nosotros mismos. ¿Queréis vivir o morir?

Cuidarlos es cuidar la memoria de ese frescor bajo los pies, la vida de los animales que los habitan y el único futuro posible para los que vendrán después, para que ellos también puedan oler la tierra mojada y apreciarla.

María Beatriz Muñoz Ruiz

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 Obsession: ¿Comedia o terror?

Maria Beatriz Muñoz Ruiz

Reseña ‘Obsession: ¿Comedia o terror?’

Maria Beatriz Muñoz Ruiz
Maria Beatriz Muñoz Ruiz
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¿Película de terror? ¿En serio? Creo que no me había reído tanto desde Friends. La película dura una hora y cuarenta y cinco minutos, y os puedo asegurar que me he pasado hora y media riéndome. No me ha parecido terror psicológico, ni clásico, ni de ningún otro tipo que se pueda mencionar. Ha sido tan absurda que la gente se ha inventado teorías aún más descabelladas, pensando que detrás de una película tan tonta había algo oculto que los simples mortales no logramos ver y que el director quiso introducir de forma subliminal solo para los más inteligentes.

Es como los que se las dan de entendidos en arte: ven un cuadro abstracto y destacan el “uso magistral del trazo que demuestra y deja ver al espectador la melancolía y la pasión que sentía el pintor en ese momento”; cuando, seguramente, si nos trasladáramos al instante en que creó la obra, al artista simplemente le pareció bien desparramar ese color por el lienzo o, peor aún, se le cayó la lata de pintura porque la empujó el gato.

A ver, una cosa está clara: es de primero de magia que no se puede alterar la voluntad de nadie porque se volverá en tu contra. Otra cosa que deja patente la película es que la obsesión no venía de ella, sino de él. La mala no era Nikki; era él, un “princeso” consentido que patalea cuando no consigue lo que quiere.

La gente decía que la cara de ella daba miedo, pero yo no pude parar de reír con la escena en la que dice: “Me gusta observarte mientras duermes” y sale de la esquina con esos pasos. En realidad, no me hacía gracia ella, sino el susto que se pegaba él; y creo que me divertía tanto porque se merecía todo lo malo que le pasara: un maldito loco, acosador, infantil e inseguro de mierda que no asume que a veces se pierde y quiere a toda costa su juguetito.

Bueno, y después de todo esto estaréis esperando que os diga que no vayáis a verla. Pero no; a todos los que quieran reírse un buen rato, les aconsejo que vayan. No tiene desperdicio a pesar de ser, según mi criterio, una pésima película de terror.

Terror es ver venir a mi jefe soplando con un listado en la mano, terror es abrir el frigorífico en plena ola de calor y no tener cerveza, y, sobre todo, terror es entrar en los dormitorios de tus hijos e ir saltando obstáculos hasta llegar a la ventana y verlos retorcerse en la cama como si fueran vampiros por recibir los rayos del sol; ¡eso sí que es terror y no lo de la película!

Maria Beatriz Muñoz Ruiz

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Sexo, amor y otras sombras

Maria Beatriz Muñoz Ruiz

‘Sexo, amor y otras sombras:

un viaje a lo prohibido con Penélope Douglas’

Maria Beatriz Munoz Ruiz
Maria Beatriz Muñoz Ruiz

Termino de leer una de las novelas de Penelope Douglas catalogadas como dark romance y me dispongo a escribir lo que me han parecido sus dos obras: Corrupt y Credence. Mis dedos rozan el teclado mientras escucho “All of me” en mis auriculares. Es la una de la madrugada, mi hora preferida para leer, escribir y escuchar música. Todo el mundo duerme; el silencio inunda mi salón mientras la melodía me envuelve y manipula cada una de las palabras de este texto.

Mis dedos siguen divagando por el teclado y no sé cómo explicaros que, aunque iba a comenzar pisando fuerte, me he descalzado para deslizar mis palabras y seduciros lentamente. Con suaves caricias, con un leve roce, con mi aliento cerca de vuestros labios y apenas audibles gemidos de placer que os hagan cerrar los ojos e imaginar un encuentro entre sábanas de seda. Una frase se desliza en mi interior hasta arder en un infierno de placer prohibido, embistiéndome lenta y posesivamente con cada secreto escondido en sus páginas. Y cuando el amor y el placer se difuminan entre sus hojas para volverse a encontrar, sientes que estás donde debes estar: que paseas entre sus sombras sin necesidad de ser alumbrada porque sus sombras son las tuyas. Es entonces cuando desnudas tu cuerpo y tu alma para adentrarte en sus páginas sin equipaje.

Pero cuando guardas silencio porque crees que los demás juzgarán tu lectura, comprendes que la hipocresía de la sociedad ha impuesto ciertas normas no escritas que todos seguimos. A esta sociedad no le importa el amor, no le importa el placer ni la felicidad de los demás; solo le importan las reglas que nos mantienen dentro de un círculo invisible y controlable.

¿Por qué nos gusta el dark romance? Muy sencillo: no es que nos guste lo prohibido, nos gusta la libertad de lo prohibido. Porque la vida a veces es aburrida, simple y lineal; porque los días acumulan minutos y horas que se descuentan de nuestra vida en un calendario en el que solo damos gracias por seguir avanzando.

En Corrupt, Erika Fane, una joven de familia adinerada, busca desesperadamente su independencia y dejar atrás un pasado que la atormenta. Para ello, se muda a otra ciudad para empezar la universidad. Sin embargo, allí se reencuentra con Michael Crist, el hermano mayor de su exnovio y el chico con el que siempre ha estado secretamente obsesionada. Michael, junto a sus tres mejores amigos, conocidos como Los Cuatro Jinetes, formaba un grupo intocable en su ciudad. Realizaban actos vandálicos cada víspera de Halloween, pero tres de ellos terminaron en prisión hace tres años por una noche que salió mal. Ahora que están libres, el grupo busca venganza. A partir de ahí, Michael y sus amigos comienzan un retorcido e intenso juego de manipulación psicológica, acoso y control para hacerla pagar. Sin embargo, la peligrosa tensión y la oscura atracción sexual entre Michael y Rika harán que los límites entre el odio, el miedo y el deseo se difuminen.

Con Corrupt toda la historia avanzó rápido, intercalando un hecho del pasado que marcó la vida de los protagonistas y que la autora maneja magistralmente, avanzando en ambos sentidos a la vez, de tal forma que hasta el final no conoces el panorama completo.

Por el contrario, la trama de Credence avanza al principio lentamente para recrear la evolución de la protagonista y, a pesar de hacerse algo pausada, resulta necesaria. Tiernan de Haas es una joven que ha crecido bajo la sombra de padres ricos y famosos que jamás le prestaron atención. Tras la repentina muerte de ambos, Tiernan queda huérfana y bajo la tutela legal de Jake Van Der Berg, el hermanastro de su padre, a quien ella ni siquiera conoce. Jake vive en una cabaña remota en las montañas de Colorado, completamente aislado del mundo, junto a sus dos hijos veinteañeros, Kaleb y Noah. Al mudarse con ellos, Tiernan entra en un entorno salvaje y sin reglas. Consumida por la soledad y la necesidad desesperada de sentirse querida y viva, se ve envuelta en una red de tensión emocional y atracción física con los tres hombres de la casa.

Podría describir esta última novela como psicológicamente compleja, repleta de relaciones tabú y escenas de sexo explícitamente detalladas; pero, para que me entendáis mejor, diré que en ella cada uno lucha contra sus demonios internos. Todos llevamos nuestra mochila cargada de piedras, algunos más que otros, y todo eso influye en nuestra forma de relacionarnos y de decidir.

Personalmente, al igual que en la primera novela quedé satisfecha con el desenlace porque sabía que debía ser así, con Credence habría elegido otro final. Esto lo digo a pesar de comprender que era lo que la autora nos vino desvelando desde el principio con lentitud, como si fuera atándonos un estrecho corsé poco a poco hasta encajar perfectamente en él, aunque sea aguantando la respiración.

Bueno, voy a empezar a leer una tercera novela de esta autora, con la seguridad de que me sorprenderá y me volverá a seducir, deslizando cada gemido poco ético entre sus letras de seda y placer.

Maria Beatriz Muñoz Ruiz

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Ecos de las almas mudas

Maria Beatriz Muñoz Ruiz: ‘Ecos de las almas mudas’

Maria Beatriz Munoz Ruiz
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Qué complicado es ver las lágrimas que, invisibles, gritan por salir y no salen; porque esas lágrimas pesan en el alma, la inundan, la ahogan, la sumergen en un lago de agua pantanosa y la mantienen en el fondo mientras una sonrisa asoma. Es tan difícil ver el dolor de los demás e ignorarlo…

Crueles suenan mis palabras; egoístas, hipócritas, malvadas… porque tan asesino es el que daña como el que ignora. Pero duele tanto… Tan solo me protejo, me cubro los ojos y, ciega, camino sin temor por un manto estrellado, alejada del dolor.

Ignoro sus miradas, sus súplicas silenciosas y desesperadas, sus almas necesitadas. Ignoro aquellas señales que otros no ven; ignoro sus latidos desbocados, su respiración entrecortada y sus sonrisas falsas. Ignoro su dolor porque sus lágrimas despertarían las mías, porque no soy fuerte, porque cada noche lucho por ver un nuevo amanecer y sentirme en paz, porque mis monstruos acechan bajo mi cama y tengo miedo de dejar escapar la primera lágrima, esa que desbordaría las presas que me recuerdan que debo seguir en pie, aunque la tormenta arrastre mi calma.

Soy cruel, egoísta, protectora de un dolor que duerme y temo despertar; una caja de Pandora que no sabré cómo cerrar si realmente cae mi primera lágrima. Soy distinta, no mejor persona; cobarde por huir en medio de la batalla. Ruin por proteger mi alma e ignorar las balas que silban a mi alrededor en medio de un silencio que escucho gritar.

Me encojo, abrazo mi pecho, ignoro su dolor, pero ellos me llaman, les hago falta; y sé que, si sus labios pronunciasen una sola palabra, mi coraza se destruiría como un castillo de naipes sobre una balanza. Pero no hablan; ellos no saben que yo siento sus almas, que sé de su dolor, que ignoro sus tormentas para yo estar en calma.

No prometo nada, porque si en la noche subo a mi barca para salvar a los que no nadan, sé que puedo perderme y no volver sana y salva.

Mis heridas nunca sanarán del todo, mi corazón tiene demasiadas cicatrices, demasiadas noches grises, demasiadas piedras que pesan y jamás serán tiradas. No prometo nada. Pero intentaré mirar sus almas, ser menos cobarde, abandonar mi refugio y perderme en su oscuridad para encontrar el camino más digno, más honesto, aunque pierda mi espada en la batalla y no vuelva a acariciar mi calma.

Maria Beatriz Muñoz Ruiz

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El diablo viste de Prada 2

Maria Beatriz Muñoz Ruiz

El diablo viste de Prada 2: Destronar el poder no es evolución

Maria Beatriz Munoz Ruiz
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“No tuvimos un saludo perfecto, y desde luego no tuvimos una despedida perfecta. Pero tal vez eso solo signifique que no somos perfectos. Y tal vez deberíamos, simplemente, ser imperfectos juntos”.

Esta es la única frase de la película que me hizo ladear la cabeza y sonreír; el resto me pareció aburrido, propio de uno de esos telefilmes que ponen en la televisión los domingos al mediodía y que quizás, de vez en cuando, merezca la pena sustituir por la siesta. Lo siento, estoy siendo demasiado dura con El diablo viste de Prada 2, pero es que tenía las expectativas por las nubes.

Amé la primera entrega: la transformación de Andy, la tiranía de Miranda, esa buena trama amorosa con un triángulo que nos tenía a todas en ascuas, y la crudeza de un mundo en el que todos se pisotean por el poder y el liderazgo. Sinceramente, esperaba mucho más de esta secuela. El nuevo interés amoroso de Andy es plano, aburrido y se aparta de la trama con la misma facilidad con la que espantas a una mosca molesta. Por otro lado, Miranda ha perdido por completo su esencia, y algunos personajes secundarios de la oficina me parecen cien por cien prescindibles; no aportan nada, son una minúscula neblina que olvidas en cuanto la cámara cambia de plano.

Puede que lo único con un poco más de sustancia sea la evolución de Andy. Su lucha interna por querer hacer periodismo serio le impide ver una gran verdad: si tus artículos no interesan, ya puedes ser la mejor escritora del planeta, que jamás llegarás a nada. Porque la realidad de la vida es esa: escribimos para que nos lean. Personalmente, odio y envidio a partes iguales a esas personas que crean contenido absurdo y se vuelven virales. Pero hay que aceptar que saben conectar con el público; usan un vocabulario inapropiado, tonto y vulgar, pero llegan. ¿Nunca os habéis parado a pensar que quizás ese contenido está meticulosamente diseñado bajo una minuciosa campaña de marketing? Bueno, admitamos que no todos hacen ese estudio; algunos simplemente ganan la lotería probando suerte. Pero el caso es que se les sigue en redes y se les lee, y esa es la valiosa lección que aprende Andy mientras madura y descubre lo que realmente quiere en la vida.

Sí, me ha quedado una reflexión muy profunda, pero la verdad es que lo único bueno de la película es el vestuario. Como siempre, es espectacular, aunque me ha sabido a poco teniendo en cuenta que todas las que amamos El diablo viste de Prada lo hacemos por la moda y el glamur.

Un humilde consejo para los guionistas: dejad de humanizar a las villanas y de hundirlas en la miseria para que el resto de criaturas inferiores tengan su momento de gloria. Miranda ya demostró ser humana en la primera parte; aquí la han rebajado tanto que daban ganas de quitarle la dirección de la revista y enviarla a su casa a hacer ganchillo.

Así que os voy a contar un secreto: en la primera película ninguna queríamos ser Andy. En nuestro fuero interno, todas deseábamos ser la despiadada Miranda: con poder, carácter, fuego y autoridad.

Maria Beatriz Muñoz Ruiz

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No puedo explicar qué es poesía

Maria Beatriz Muñoz Ruiz

‘No puedo explicar qué es poesía’

Maria Beatriz Munoz Ruiz
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Hay cosas que no se pueden explicar por mucho que lo intentes. El otro día me dijo una amiga que a ella no le gustaba leer poesía; se aburría. Sorprendida la miré e intenté comprender cómo a alguien le puede aburrir la poesía, esa dulce melodía que impregna el alma y la desdibuja para volver a crearla con matices distintos, dramáticos, con un dolor que puede romperse en mil pedazos imposibles de recoger, aplastados por aquellos a los que se les regala el derecho a ser amados por incautos que se lanzan al abismo con los ojos cerrados.

Imposible describir el escalofrío que hace tambalear mi cuerpo al leer que su amada descansa bajo el frío mármol; imposible explicar lo que siento cuando el cielo llora desesperado y mi corazón sigue el ritmo de los pasos de aquel amor cuyas pisadas las olas del mar borraron, invitándonos a abrir otras puertas… laberintos enrevesados de los que nos negamos a huir por miedo a perdernos y a no encontrarnos.

Algunas personas piensan que la poesía no sirve para nada, pero si no existieran los poemas, ¿cómo podrías describir el alba? ¿Cómo describirías el aroma a mañana? ¿Cómo te explicaría que la eternidad se consigue mediante palabras que riman y embellecen un mundo gris sin alma?

Imposible explicarte todo eso sin poesía; imposible mirar un atardecer y no contarte cómo muere el sol bañado en sangre para que cada noche nazca la dama de cabellos plateados y pasee entre luces de diamantes. Cómo podría explicarte sin poesía que sus miradas cambiaron mi vida, que sus latidos detuvieron el mío y que sin ellos moriría.

Es complicado explicar que el tiempo se detiene cuando la brisa me trae su aroma, que miro al cielo y tiendo mi mano para rozar sus dedos y sentir que aún se halla junto a mí, esperando para darme un beso. Cómo explicar cuando mis ojos luchan por evitar que el mundo vea mis anhelos, que con una sonrisa deconstruida sigo creando la historia de mi humilde vida, invisible como la mariposa que bate sus alas y silenciosa pasea sin desear ser vista.

A veces me delata una mirada perdida, una palabra sin sonrisa, una caricia silenciosa que no se explica. Lo siento, no puedo explicar qué es poesía, porque para mí es el aire que mece y acaricia, la tormenta que escuece mis heridas y la miel que endulza el amor que suspira.

Maria Beatriz Muñoz Ruiz

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Thomas Hardy y su tess

María Beatriz Muñoz Ruiz

Reseña literaria ‘Thomas Hardy y su tess’

Maria Beatriz Munõz Ruiz
Maria Beatriz Muñoz Ruiz

Lento, muy lento. Lo que en sus poemas era una hermosa bendición, en sus novelas fue una lenta, aunque dulce, tortura. Estoy hablando de Thomas Hardy y de su novela Tess d’Urberville.

Primero me enamoré de su vida y sentí curiosidad por el hombre cuyo corazón reposa con su amada Emma y su cuerpo con los grandes poetas en la Abadía de Westminster. Entonces descubrí sus perfectos, románticos y dramáticos versos; de esos que te envuelven como una cálida manta en una noche de frío, de esos que hielan tus huesos con el dolor de alguien que ha perdido al amor de su vida sabiendo que ya lo había perdido antes de que durmiera eternamente en el blanco mármol pulido.

Como un suave fuego que calienta mi cuerpo, entró en mi corazón y grabó su nombre en un tatuaje invisible y eterno. Así que decidí avanzar en nuestra relación y aventurarme con una de sus novelas porque, como ya sabéis, me atrae todo lo que la sociedad censura, aquello que se critica, porque supongo que es interesante.

La novela elegida fue Tess d’Urberville y, en su defensa, he de decir que no sé si la recomendaría o no; y digo “en su defensa” porque me ha dejado perpleja en muchos sentidos. En primer lugar, esta novela debería llevar detalladas instrucciones para aquellos valientes en los que surja la inquietud de leerla.

Es una novela densa, muy densa, y os lo dice alguien que está acostumbrada a leer novela clásica inglesa. He leído a las hermanas Brontë, a Virginia Woolf, Jane Austen, George Orwell, Oscar Wilde e innumerables poetas que se han convertido en mis amigos, amantes y arquitectos de sueños con puentes que me hacen viajar a tiempos llenos de romanticismo.

Pero sí, con esta novela he estado a nada de castigarla de cara a la pared; casi seiscientas páginas en las que las descripciones son tan densas que, cuando llegas a los sucesos interesantes, apenas recuerdas en qué punto estabas. Y ahora diréis los eruditos insufribles que las novelas clásicas son así, y tenéis razón; he leído demasiado a los clásicos como para saber que lo son, pero lo que empieza como pura poesía descriptiva termina desquiciándome con cada detalle desmenuzado del paisaje. Sin embargo, creo que no ha sido eso lo que se me ha atragantado de esta novela; lo que realmente me ha desquiciado ha sido la historia en sí misma.

Entonces entendí la magia de Thomas Hardy y que no todos estamos preparados para leerlo; es como la comida mexicana: me encanta el picante, pero cuando te comes un taco mexicano real es cuando entiendes que no estás preparada para el verdadero picante, ya que su nivel de tolerancia es mucho mayor al nuestro. Vamos, un arte.

Pues eso pasa con esta novela; no estaba preparada, pero me alegro de haberla leído. Thomas Hardy muestra la hipocresía de la sociedad en estado puro: el doble rasero con el que se medía a las mujeres y a los hombres, lo efímero que puede ser el amor que pasa al odio en dos segundos y la triste realidad de que, al final, todo se compra con dinero.

A Tess le arrebataron su inocencia, la amaron, la juzgaron y, tras empujarla al abismo, decidieron que ella era el error. Creo que por eso se me ha hecho demasiado larga: porque sufría con su dolor y, si hubiera podido adentrarme en esas páginas y rescatarla, lo habría hecho.

Así que, si me preguntáis si la recomendaría… os diría que solo para los que estén preparados para pausar su vida y avanzar lentamente con cada descripción hasta llegar a imaginar los campos, el olor a césped, el sol de la tarde con sus últimos rayos acariciando la piel de Tess, un amor que se cuece a fuego lento y una traición que asesina el corazón del lector.

Quizás por eso la novela clásica es tan difícil de leer en la actualidad, pero tal vez… deberíamos hacer caso y detenernos, dejar de correr en este mundo de locos y obligarnos a vivir la vida como la cadencia de los versos y las descripciones de Thomas Hardy: sin prisa.

Maria Beatriz Muñoz Ruiz

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