Canción en la franja estéril
Poema de Mario Antonio Rosa


“En Palestina, los árboles cuentan una historia de opresión.”
(Paola Caridi – La morera de Jerusalén
Siempre es volver,
escribir callado, rayando en los aguaceros,
el pecho de luto y su vocal de agua,
el hastío, y su mar en llagas.
Siempre es quedar herido
abrir la roca encontrada de gritos
la noche de niño más cerca de las lanzas
el horno destruido sin comida
nadie tiene nada
los colonos trajeron a su dios y vomitaron
echaron espigas regadas con fiebre
se robaron la aurora y celebraron.
La línea de cadáveres,
muerte contra muerte hasta la lejanía
como una vieja casa, crujida en cruces
que en realidad parecen sombras
donde el mundo acaba a cada día y vuelve
con la cara de otra nueva sangre.
Olvidé llorar,
me he quedado recibiendo balas
ropajes agrios, hambres de otros,
Me he quedado con las madres heridas
curtidas de llanto, arcos desmayados
paso cerca de la tumba en el sicomoro
del hombre que no pudo vivir,
porque alguna vez fue palestino ante el sol
y le arrebataron la sombra y el aire
yo diría que hasta la muerte, uno se olvida de llorar,
y se arrodilla en las buenas semillas
que paren las arterias del cielo, y la morera,
al menos un relato de vástagos
la fortaleza de la noche en su sangrado de plata
la suimanga
que riega el sonido de los horizontes
y que ya, es mi eco para conocer la sed.
Siempre se vuelve,
a pisar los escombros escritos por el abuso
a olvidarse de las oraciones
solo tomar la granada
y perderse junto al fuego.