Eduardo Cesario-Martínez Foto por Irene OliveiraImagem criada pela IA do Gemini
Não foi muito antes de contemplar meus primeiros pelos debaixo do nariz. Talvez, pelo longo espaço temporal, eu esteja cometendo uma pequena falha de meses ou, pode até ser, alguns anos. Na verdade, tais detalhes são irrelevantes. Certamente, não havia chegado aos 20. Ou não.
Lá estava diante da porta da casa da Matilda, já uma velha naquela época. Hoje, bem sei, ela está há pelo menos 30 anos deitada no São João Batista, endereço eterno de tantos famosos, além de um número infinito de meros mortais. Seja como for, a soberba de alguns parece ter sido em vão, já que todos, no final, se igualaram.
Provavelmente, você, que aqui me lê, deve estar agoniado diante de tanta enrolação. Que seja! Vou desembuchar, antes que perca mais um leitor, que, até onde consta, não são muitos. Estava ali por conta de uma encomenda. Digo, uma anágua.
Dei dois toques sutis na carcomida porta de madeira, o suficiente para me fazer anunciado. Não demorou, Matilda veio me atender. Fui recebido com um largo sorriso. A idosa, que há pouco havia trocado a dentadura, andava sorridente. Motivo outro, diziam à boca pequena, era por causa de um primo do falecido marido. Como não entendia dessas coisas naqueles idos ou, então, meu olhar estava mais preocupado com as pernas torneadas da Sandrinha, não posso dizer que sim ou que não.
A velha me convidou para entrar. Havia duas outras senhoras na ampla sala. A gordinha, eu conhecia. Não me recordo do seu nome. Elaine ou Eliane ou algo assim. Elisa? Pode ser. Não importa. A outra, uma mulher de aparência elegante, nunca havia visto. Bem que poderia ser capa de alguma revista de artistas. Exagero ou realidade, não posso afirmar, mas é como me recordo dos seus traços.
— Um instante, Betinho.
Matilda foi até um cômodo da casa, enquanto a fiquei aguardando em pé. A gorda e a artista me fitavam de cima a baixo, como se estivessem escolhendo o próximo modelito. Meu rosto começou a pegar fogo, com certeza completamente vermelho, como ainda acontece sempre que fico envergonhado por algo.
Não sei quanto tempo depois a velha voltou com um pacote. No entanto, pareceu-me uma eternidade. A minha vontade era sair correndo dali. Mas a bonitona, que continuava me encarando com aqueles olhos enormes, quis saber quem eu era.
— É o Betinho, filho da Mariana, que mora no final da rua.
Se eu disse alguma coisa, não me lembro, mas bem sei que ela não tirava aqueles olhos de mim. O rosto, frio como o de uma loira platinada de Hitchcock, começou a me provocar calafrios. E, antes que eu pudesse fazer algo, eis que alguém deu dois toques na porta, o suficiente para que Matilda fosse ver quem era.
Solange, antiga moradora do bairro, entrou toda sorridente. Matilda me entregou o pacote com a anágua da minha mãe, enquanto aproveitei a porta aberta e saí, mas não antes de escutar o seguinte interlúdio, que ainda hoje me corrói de curiosidade.
— Solange, vou passar um cafezinho.
— Não precisa, Matilda. Vim aqui apenas para lhe deixar esse vestido para ajustar.
José Antonio TorresImagem criada pela IA da Meta. Gerada em 29 de abril, às 08:16h
Ah, linguagem melodiosa do acalanto! Idioma de Camões e Fernando Pessoa. Quem ouve te adora, entoando o canto. Sua beleza na força da alma ressoa.
Idioma de Castro Alves, quem nunca leu e amou? Espalhou-se por continentes, levado por Caravela. Faz-me flutuar, pois que a tristeza da alma arrancou, Desbravadores valentes falando uma linguagem tão bela.
Derivou-se do latim e aprimorou-se em nobreza. Sílabas de um jardim que encantam a Natureza. Portugal, pátria de origem da língua portuguesa, Onde os poetas criam poemas de grande beleza.
Ao raiar no horizonte um dia de esplendor, O idioma inspira o olor da maresia. A língua portuguesa de som encantador, Mostra a beleza da terra e inspira poesia.
‘Luis Arias Manzo: uniendo al mundo a través de Poetas del Mundo’
Logo da seção Entrevistas ROlianasLuis Arias Manzo
Queridos amigos planetários!
En esta charla, Luis comparte el origen de su proyecto, nacido en octubre de 2005, y qué lo motivó a emprender este viaje literario tan ambicioso. Nos habla de los objetivos del movimiento, así como de los retos que ha enfrentado en 2024: hackearon su página de Facebook con más de 40.000 seguidores y, hace algunos años, personas sin escrúpulos intentaron hackear el sitio web de Poetas del Mundo.
Gracias a la incansable labor de Arias Manzo, en los últimos meses el movimiento ha renacido con una plataforma a la vanguardia. El pasado 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, se relanzó esta increíble vitrina digital que reúne a poetas contemporáneos de todos los rincones del mundo.
Luis ha sido un viajero incansable gracias a la poesía; por ende, tiene amistades en todas partes. En esta entrevista nos narra una anécdota curiosa que vivió en uno de sus viajes en Medio Oriente. Además, habla de su libro Agualuna, relanzado en 2025 en formato digital tras 25 años de haber sido publicado.
Poetas del Mundo es una plataforma donde se reúnen poetas contemporáneos de muchos países, que no conoce fronteras. Su compromiso y objetivo principal es promover la paz y la hermandad a nivel global, es un medio que permite compartir desde un clic sin importar la distancia; es esa mesa virtual en la cual, sin importar la hora, puedes deleitarte leyendo buena poesía; es ese medio donde el diálogo está abierto; es ese lugar donde nos olvidamos de que existen fronteras y vivimos en un mundo sin divisiones.
Insto a todos los poetas a sumarse a esta iniciativa, pero también, amigo lector, hay espacio para ti: súmate a esta red planetaria a la cual eres bienvenido. En sí, todos están cordialmente invitados a formar parte de esta familia planetaria, a compartir este proyecto que crece cada día y a los miembros que han confiado en Luis para decorar este legado literario internacional.
Felicito a Luis y a su equipo por mantener viva esta iniciativa por más de 20 años, promoviendo la poesía contemporánea de manera excepcional, formal, profesional y confiable, sin fines lucrativos, a diferencia de otras organizaciones de esta índole.
Luis Arias Manzo fue el prologuista de la antología multilingüe CANTO PLANETARIO (H.C. Editores, 2023). En el cierre de esta charla, él nos comentó lo que significó haber sido el prologuista de estos volúmenes de poesía planetaria. Gracias, querido Luis, por tu complicidad en esta aventura literaria.
Queridos amigos, que disfruten mucho de esta charla con Luis Arias Manzo.
¿Qué te inspiró a crear el Movimiento Poetas del Mundo?
A comienzos del siglo XXI, en un contexto de profundas transformaciones políticas, sociales y tecnológicas, nació una idea que podría parecer simple, pero que era profundamente audaz: reunir a los poetas del mundo en un solo movimiento o gremio, como queramos llamarle.
Esta iniciativa surgió de una reflexión sobre el papel de la poesía en el mundo contemporáneo. La humanidad atravesaba tiempos complejos, marcados por guerras persistentes, crecientes desigualdades sociales y un evidente deterioro del medio ambiente. Frente a ese escenario, surgía una pregunta fundamental: ¿tiene aún la poesía un papel en el destino de la humanidad?
Para algunos, la poesía parecía haber quedado relegada, como una voz débil en medio del ruido del mundo moderno. Sin embargo, para otros —y me incluyo— sigue siendo una de las expresiones más profundas de la conciencia humana. A lo largo de la historia, los poetas no solo han creado belleza, sino que también han sido cronistas de su tiempo, guardianes de la memoria y voces críticas frente a la injusticia.
Esa tradición sigue viva. En todos los rincones del mundo existen poetas que escriben, muchas veces en silencio, desde contextos muy diversos: ciudades, pueblos, comunidades indígenas, espacios académicos o círculos independientes. Son voces dispersas, pero profundamente conectadas por una misma sensibilidad.
Entonces surgió una idea clave: ¿qué pasaría si todas esas voces pudieran encontrarse?
Así comenzó a tomar forma Poetas del Mundo, como una red internacional de poetas unidos por una visión humanista, convencidos de que la palabra puede ser una herramienta real de conciencia, encuentro y transformación.
El Movimiento Poetas del Mundo ya cumplió 20 años. ¿Cómo han sido los resultados en este tiempo?
Cuando Poetas del Mundo nació en Valparaíso en 2005, era más bien una intuición: el deseo de reunir a los poetas del planeta en una comunidad basada en el diálogo, la conciencia y la fraternidad humana.
Permítame un breve contexto. El 14 de octubre de 2005 marcaba para mí el cierre de una etapa significativa. Venía de participar como invitado en el X° Festival de Poesía de Cuenca, Ecuador, organizado por la Asociación Latinoamericana de Poesía (ASOLAPO), donde se me encomendó organizar en Chile la siguiente versión. Durante ese proceso advertí una carencia profunda: muchas organizaciones literarias habían perdido el sentido de un ideal común; cada cual avanzaba de forma individual, priorizando el posicionamiento personal por sobre lo esencial.
Con el paso del tiempo, esa intuición se transformó en una red cultural internacional que ha logrado convocar a miles de poetas en distintos países y continentes. Voces provenientes de diversas lenguas, religiones y tradiciones encontraron en este movimiento un espacio común donde la palabra puede trascender fronteras y tender puentes entre los pueblos.
Durante estos veinte años, Poetas del Mundo ha impulsado encuentros internacionales, recorridos culturales, lecturas públicas y múltiples iniciativas colectivas, llevando la poesía a escuelas, comunidades, universidades y espacios sociales donde muchas veces la palabra poética no estaba presente.
Uno de los aspectos más singulares del movimiento ha sido la creación del Cuerpo Diplomático Poético, integrado por embajadores y cónsules de la poesía, quienes han contribuido activamente a expandir este espíritu en distintos países.
Como todo proceso vivo, también hemos enfrentado desafíos importantes, como la pérdida de nuestra plataforma digital y ataques cibernéticos que pusieron a prueba la continuidad del proyecto. Sin embargo, estas dificultades demostraron que lo esencial no era la tecnología, sino la red humana construida a lo largo de los años.
Hoy, tras dos décadas de existencia, Poetas del Mundo es reconocido como un referente cultural a nivel internacional. Su permanencia en el tiempo —sin depender de subvenciones— y su capacidad de seguir convocando voluntades en torno a la poesía y la conciencia humana, son quizás la mejor evidencia de la solidez y el sentido de este proyecto.
Este movimiento tiene un manifiesto universal. ¿Puedes resumirnos en qué consiste?
El Manifiesto Universal de Poetas del Mundo es, en esencia, la expresión de la visión humanista que da sentido al movimiento. No es un texto académico, sino una declaración de principios que entiende la poesía no solo como un ejercicio literario, sino como una forma de conciencia.
El manifiesto plantea que los poetas no pueden ser indiferentes frente a los grandes desafíos de la humanidad —como la guerra, la desigualdad o la destrucción de la naturaleza—, sino que, desde su libertad creadora, pueden contribuir a generar reflexión y despertar conciencia.
También propone que la poesía debe salir de los espacios cerrados y volver a encontrarse con la sociedad, llegando a comunidades, escuelas y pueblos, recuperando su dimensión viva y colectiva.
En ese sentido, Poetas del Mundo busca unir voces diversas —de distintas culturas, lenguas y tradiciones— en torno a valores universales como la paz, la dignidad humana y la hermandad entre los pueblos.
¿Qué pasó con la página web de Poetas del Mundo, que estuvo varios años inactiva, y con la página de Facebook, que publica contenido que no está relacionado con Poetas del Mundo?
A lo largo de su historia, Poetas del Mundo no solo ha sido un espacio cultural, sino también un movimiento que ha tocado temas sensibles a nivel global. Y eso, inevitablemente, ha tenido consecuencias.
Desde sus primeros años, nuestra plataforma digital comenzó a ser objeto de ataques cibernéticos e intentos de intervención. No fueron hechos aislados, sino episodios reiterados que afectaron el funcionamiento de nuestra página web y, posteriormente, nuestras redes sociales.
Pero más allá de lo tecnológico, hubo situaciones aún más preocupantes. En los primeros años del movimiento, varios poetas miembros —de origen judío— se vieron obligados a renunciar tras haber recibido amenazas. Nunca se logró identificar con certeza a los responsables, pero no tengo dudas de que estas acciones provinieron de sectores interesados en generar división y debilitar un espacio que promovía el diálogo entre culturas.
El episodio más grave ocurrió en 2024, cuando nuestra página oficial de Facebook fue hackeada. Ese espacio, que reunía a más de cuarenta mil seguidores, fue tomado por terceros que comenzaron a publicar contenidos completamente ajenos y contrarios al espíritu de Poetas del Mundo. A pesar de múltiples gestiones, no ha sido posible recuperarla hasta hoy.
Estos hechos no pueden entenderse como simples incidentes técnicos. Reflejan que, incluso un movimiento cultural y poético, cuando promueve la conciencia, la paz y la fraternidad entre los pueblos, puede incomodar intereses y provocar reacciones.
Sin embargo, hay algo que no pudieron ni podrán intervenir: la red humana construida durante años. Poetas de todo el mundo han seguido activos, organizando encuentros, escribiendo y manteniendo vivo el espíritu del movimiento.
Porque la poesía, cuando nace de la conciencia, no puede ser silenciada.
Este pasado 21 de marzo se hizo oficial el relanzamiento de la plataforma de Poetas del Mundo. ¿Qué novedades trae este movimiento en esta nueva etapa?
El relanzamiento de Poetas del Mundo marca, más que una continuidad, un verdadero renacimiento del movimiento.
Después de años difíciles —marcados por ataques cibernéticos, la pérdida de nuestra plataforma digital y la desconexión parcial de nuestra red— asumimos el desafío de reconstruir no solo una página web, sino también la memoria y la proyección del movimiento.
Uno de los hitos más significativos fue la recuperación inesperada de los archivos históricos de la antigua plataforma, que durante mucho tiempo se creían perdidos. Esto nos permitió no solo rescatar parte de nuestra historia, sino también proyectarla hacia el futuro.
La nueva plataforma, lanzada el 21 de marzo de 2026 en el Día Mundial de la Poesía, incorpora herramientas actualizadas que facilitan la publicación de contenidos, la visibilidad de los poetas y la conexión entre miembros a nivel global. Además, introduce nuevas dinámicas que incentivan la participación dentro de la comunidad.
Pero esta nueva etapa no es solo tecnológica. También hemos impulsado una reestructuración organizativa, fortaleciendo la coordinación internacional y abriendo espacio a nuevas generaciones de poetas, sin perder la experiencia acumulada en estos veinte años.
Hoy, Poetas del Mundo vuelve a abrir sus puertas al planeta con más fuerza, más claridad y una convicción renovada: que la poesía sigue siendo una herramienta viva para la conciencia, el encuentro y la transformación humana.
Poetas del Mundo cumplió 20 años, tú estás cumpliendo 70 ¿Cómo percibes el futuro de este movimiento?
Buena pregunta, y te la agradezco profundamente. Yo no he construido este movimiento para mí, ni por ego, ni por ambición personal; lo he impulsado con la convicción de que la poesía debe recuperar el lugar que merece en estos tiempos de caos, fragmentación y profunda crisis de sentido que vive la humanidad.
Creo firmemente que el proyecto humano solo podrá sobrevivir si la inteligencia logra imponerse sobre la bestialidad, si la conciencia colectiva supera la avaricia de quienes hoy concentran poder sin visión humanista. En ese escenario, tanto la filosofía como la poesía están llamadas a desempeñar un papel esencial en las próximas décadas, porque no basta con el desarrollo tecnológico si no existe una evolución ética y espiritual que lo acompañe.
Por eso considero que los poetas no pueden seguir dispersos, como tampoco los pensadores comprometidos con el destino humano. Es tiempo de unificar energías, de construir una conciencia común capaz de aportar reflexión, sensibilidad y sentido frente a los grandes desafíos de nuestra era.
Ahora bien, cuando uno llega a cierta etapa de la vida, comprende con mayor claridad que toda obra verdadera debe trascender a su fundador. Mi mayor preocupación no es mi permanencia personal, sino cómo se articulará y proyectará este proceso que hemos construido con tanto esfuerzo colectivo. Miro hacia las nuevas generaciones con esperanza, pero también con atención, buscando señales de quienes puedan asumir esta responsabilidad no como una plataforma de beneficio individual, sino como una misión profundamente ética.
Porque llegará el momento en que habrá que ceder el lugar. Y cuando eso ocurra, Poetas del Mundo deberá quedar en manos de alguien —o de una generación— que haya comprendido que este movimiento no pertenece a una persona, sino a una visión: la de poner la poesía al servicio de la vida, del planeta y de la humanidad.
Si algo deseo para el futuro, es que Poetas del Mundo siga creciendo más allá de nombres y tiempos, como una fuerza de conciencia planetaria, capaz de reunir voces diversas en defensa de lo esencial.
Porque mientras exista un ser humano dispuesto a transformar el mundo desde la palabra, este movimiento tendrá futuro. Y quizás entonces, más que un movimiento, Poetas del Mundo llegará a ser parte de una nueva conciencia para la humanidad.
¿En cuántos países tiene presencia el Movimiento Poetas del Mundo?
Hoy, Poetas del Mundo tiene presencia en 143 países, extendiendo su voz a través de continentes, culturas y lenguas diversas. Es una red viva que late en distintos rincones del planeta, uniendo sensibilidades que, aunque distantes geográficamente, comparten una misma conciencia humana.
Pero más que una cifra, esto representa un proceso en movimiento. Nuestro horizonte no tiene fronteras: aspiramos a llegar a todos los territorios donde exista un ser humano dispuesto a transformar la realidad a través de la palabra.
El verdadero destino de Poetas del Mundo no está solo en su expansión geográfica, sino en la fuerza de las nuevas generaciones, que emergen en un tiempo de crisis global, pero también de despertar.
Son ellas las que darán continuidad a este movimiento, haciendo de la poesía no solo un arte, sino una herramienta de conciencia, de encuentro y de transformación para la humanidad.
Porque mientras exista un poeta en cualquier lugar del mundo, Poetas del Mundo seguirá creciendo.
¿Puedes compartir los principales detalles de la convocatoria global para poemas en videos?
Vivimos en una paradoja: las principales plataformas de difusión —como Facebook o YouTube— están en manos de grandes corporaciones que muchas veces influyen en la forma en que circula la información a nivel global. Sin embargo, hoy por hoy, también son las herramientas más eficaces para difundir el arte y llegar a públicos amplios.
Desde Poetas del Mundo creemos que, más que rechazarlas, debemos utilizarlas de manera consciente y estratégica, poniendo estos espacios al servicio de la poesía y de los valores humanos que promovemos.
En ese contexto, hemos lanzado una convocatoria global para la creación de poemas en formato video, buscando adaptarnos a los nuevos lenguajes digitales y ampliar el alcance de la palabra poética.
Invitamos a poetas de todo el mundo a enviar videos breves, en formato vertical, de entre 10 y 30 segundos, grabados preferentemente con dispositivos móviles en plano fijo, para facilitar su visualización.
Los contenidos deben abordar temáticas como la paz, la humanidad, la conciencia global, el sufrimiento de los pueblos, la infancia en contextos de guerra y el despertar de la conciencia colectiva.
Todos los videos serán editados y difundidos a través de nuestros canales oficiales, siempre con el debido crédito a sus autores.
Las postulaciones pueden enviarse vía WhatsApp o correo electrónico, como una forma directa y accesible de participación global.
Esta iniciativa busca no solo difundir la poesía, sino también construir un lenguaje contemporáneo capaz de dialogar con las nuevas generaciones, sin perder la profundidad ni el compromiso que caracteriza a nuestro movimiento.
Has recorrido incontables países. ¿Qué anécdota curiosa que hayas vivido nos puedes compartir?
Imaginarás que, después de tantos años recorriendo el mundo, participando en encuentros con poetas, reuniéndome con dirigentes sociales, parlamentarios e incluso presidentes, las anécdotas son innumerables. Muchas de ellas, por respeto, deben quedar en la intimidad: experiencias vividas en contextos complejos, como en Colombia antes del proceso de paz, en territorios de Chiapas o en encuentros con poetas palestinos en Jordania, donde la poesía se entrelaza inevitablemente con la realidad política.
Porque cuando la paz es uno de los pilares de nuestro movimiento, uno no puede evitar situarse en medio de esas tensiones.
Pero si debo compartir una anécdota curiosa, hay una que siempre regresa a mi memoria.
Me encontraba en Rabat, reunido con poetas árabes y amaziges, cuando llegó la poeta marroquí Fatima Bouhraka, quien había viajado desde Fez para invitarme a conocer su ciudad. Acepté, y viví allí tres días inolvidables. Luego debía continuar mi viaje hacia una ciudad cercana a Melilla, en un trayecto de catorce horas en bus, en condiciones bastante precarias.
Fatima me acompañó hasta el terminal y se aseguró de dejarme instalado en el bus. Aunque insistí en que se marchara tranquila, esperó hasta el último momento. Finalmente se fue, y yo pensé que todo estaba en orden.
Pero poco después, subió un hombre al bus y comenzó a hablar en árabe. No entendía absolutamente nada. De pronto, aproximadamente la mitad de los pasajeros se levantó y bajó apresuradamente para abordar otro bus. La otra mitad permaneció inmóvil. Yo, sin comprender la situación, solo repetía el nombre de mi destino esperando alguna señal.
Pasaron unos minutos hasta que alguien, con un gesto amable, me indicó que debía cambiar de bus. Me dirigí hacia el otro vehículo: estaba completamente lleno, con personas de pie, cargadas de bultos y paquetes.
Subí como pude. Y entonces ocurrió algo que hasta hoy no logro explicar: en la primera fila había un asiento vacío. Entre señas y sonrisas, me hicieron entender que ese lugar estaba reservado para mí.
Nunca supe por qué.
Pero en medio del caos, del idioma desconocido y de la incertidumbre, alguien —sin palabras— había decidido hacerme un espacio.
Y quizás esa es también una forma de la poesía.
Háblanos de tu libro que has publicado recientemente.
Hablar de Agualuna es, en cierto modo, hablar de un momento de ruptura en mi propia vida. Aunque fue publicado hace veinticinco años, hoy renace en su primera edición digital, como si el tiempo —lejos de cerrarlo— lo hubiese estado preparando para este nuevo encuentro con los lectores.
Agualuna no es simplemente un libro; es una experiencia. Es el testimonio de un instante en que la vida irrumpe con fuerza y desordena todas nuestras certezas. Yo venía de una formación profundamente racional, estructurada, incluso materialista, y de pronto me veo enfrentado a un acontecimiento que no podía explicar desde esa lógica.
Lo que allí ocurre es, en esencia, un tránsito: el paso desde una comprensión del mundo basada en la razón hacia otra donde el misterio, la intuición y lo invisible comienzan a tener un lugar. Y ese tránsito no es cómodo. Es doloroso, contradictorio, profundamente humano.
Agualuna —más que un personaje— es un símbolo. Es la irrupción de lo inexplicable en la vida cotidiana. Es esa fuerza que llega sin pedir permiso, que transforma, que desarma, y que muchas veces se va sin ofrecer respuestas. Y, sin embargo, deja una huella irreversible.
El libro está construido como un diálogo entre la prosa y la poesía, porque hay experiencias que no pueden ser contenidas solo en el lenguaje racional. La poesía aparece allí como una necesidad, como una forma de decir lo que no se puede explicar, de tocar aquello que escapa a la lógica.
En el fondo, Agualuna plantea una pregunta que sigue vigente: ¿qué es lo que verdaderamente nos transforma? ¿Es la razón, o es el amor? ¿Es la certeza, o es el misterio?
Hoy, al verlo circular en formato digital, siento que el libro encuentra un nuevo tiempo. Porque quizás la humanidad está comenzando a hacerse esas mismas preguntas con mayor urgencia.
Y tal vez, solo tal vez, la verdadera revolución —como lo intuía entonces y lo sigo creyendo ahora— no está en las estructuras externas, sino en el despertar del corazón.
¿Que representó para ti haber sido el prologuista de CANTO PLANETARIO?
Representó, ante todo, un honor profundo, pero también una responsabilidad que, en un primer momento, sentí casi imposible de asumir. Prologar una obra como Canto Planetario, en la que convergen poetas de prácticamente todo el mundo —en decenas de lenguas, si no recuerdo mal, alrededor de 77 idiomas—, es enfrentarse a una expresión colectiva de la humanidad que trasciende lo literario para convertirse en un verdadero testimonio de nuestro tiempo.
Al inicio, debo confesar que no comprendía por qué me otorgabas ese lugar. No soy un académico ni un especialista formado en las aulas de la literatura; soy, más bien, un autodidacta que ha aprendido desde la experiencia, desde la vida y desde la poesía misma. Así te lo manifesté en su momento.
Sin embargo, tu insistencia no apuntaba a los títulos ni a las credenciales, sino a algo más esencial: a la vivencia, al compromiso y a la visión de la poesía como un lenguaje universal capaz de reunir a los pueblos.
Con el paso del proceso, comprendí que ese prólogo no debía ser un análisis técnico ni una lectura crítica convencional, sino una apertura de conciencia. Una invitación a entender que estábamos frente a una obra única: un canto múltiple, diverso, profundamente humano, donde cada voz, desde su geografía y su cultura, aporta a una sola respiración planetaria.
Ser prologuista de Canto Planetario fue, en definitiva, asumir el desafío de poner palabras al espíritu de una obra que, en sí misma, ya las trasciende.
‘A renovação ética em tempos de divisão: como a palavra reconstrói o mundo’
Taghrid Bou MerhiImagem criada pelo ChatGPT – https://chatgpt.com/c/69f17bf2-5150-83e9-bdf6-59df1b503674
Em tempos em que os mapas se fragmentam e as distâncias entre o medo e o discurso se estreitam, o mundo parece entrar em uma nova fase de partilha: partilha de geografias, de riquezas, de narrativas e até mesmo da própria definição da verdade. As lealdades se distribuem como se distribuem os interesses, e as fronteiras são traçadas dentro da linguagem antes de serem desenhadas sobre a terra.
Nesse clima tenso, a questão já não é apenas política ou cultural — ela se torna, em sua essência, ética: como o ser humano pode recuperar o equilíbrio dos valores em um tempo dominado por paixões, interesses e visões conflitantes? Daí nasce a necessidade de uma renovação ética que não se reduza a um discurso moralizante nem se limite a slogans genéricos, mas que se manifeste como uma transformação profunda da consciência individual e coletiva — uma reconstrução do ser humano a partir de dentro.
A partilha não é um conceito neutro; ela implica uma distribuição de poder e de sentido. Quando os povos dividem a terra, dividem também a história, a memória e os símbolos que a acompanham. Quando as comunidades compartilham narrativas, as verdades se multiplicam a ponto de se confrontarem, e a voz única se fragmenta em estilhaços de vozes. Essa realidade cria um estado de rigidez moral, em que os princípios se tornam instrumentos de defesa e a diferença passa a ser percebida como ameaça. Em tais momentos, não basta apegar-se aos valores herdados; é preciso questioná-los, interrogar suas raízes e libertá-los do uso utilitário que esvazia seu significado.
A renovação ética não significa substituir superficialmente um sistema por outro, mas retornar às perguntas fundamentais: o que é justiça? O que é responsabilidade? Quais são os limites da liberdade quando ela se cruza com a liberdade do outro? Essas questões ocuparam os filósofos ao longo dos séculos, e, a cada época turbulenta, novas respostas emergiram. Após as guerras europeias, o filósofo alemão Immanuel Kant escreveu sobre o dever moral como um compromisso interior baseado no respeito do ser humano por si mesmo e pelo outro.
Seu projeto não era mera especulação racional, mas uma tentativa de estabelecer um critério que transcendesse interesses imediatos. A ideia do “imperativo categórico” surgiu como um convite a agir de modo que a ação pudesse ser universalizada — um comportamento cuja legitimidade provém de sua possibilidade de se tornar regra comum entre os seres humanos.
Cerca de um século e meio depois, em meio ao colapso dos valores europeus nas duas guerras mundiais, o filósofo francês Emmanuel Levinas apresentou uma concepção ética distinta, colocando a responsabilidade pelo outro como origem de todo sentido. Ele não partiu de uma lei abstrata, mas do rosto do outro, cuja presença se impõe como um chamado ético impossível de ignorar. Em tempos de divisão, quando grupos se cristalizam em identidades rígidas, recordar o rosto do outro torna-se um ato de resistência contra a objetificação e a exclusão.
A literatura também não permaneceu distante dessa inquietação ética. Nos romances de Fiódor Dostoiévski, o conflito entre o bem e o mal se desenrola no interior da alma humana, em contextos sociais marcados por desigualdade e angústia espiritual. Suas personagens vivem em ambientes turbulentos, onde a responsabilidade individual é constantemente posta à prova: pode o ser humano justificar seu erro pelas circunstâncias? A renovação nasce da confissão ou da punição? Suas obras revelam que a transformação ética começa quando o indivíduo enfrenta a si mesmo com honestidade dolorosa.
Albert Camus, por sua vez, abordou a moralidade em um mundo absurdo. Em seu romance “A Peste”, a epidemia torna-se metáfora do mal coletivo e da prova da consciência. As personagens não dispõem de certezas metafísicas que as tranquilizem, mas escolhem a solidariedade e a ação. A renovação ética aparece, assim, como um gesto cotidiano, uma insistência no sentido em meio ao absurdo.
Em outro contexto, o pensador indiano Rabindranath Tagore escreveu sobre a unidade entre o ser humano e a natureza, defendendo a superação do egoísmo nacional em direção a um horizonte mais amplo de humanidade. Sua visão não era política no sentido restrito, mas espiritual e cultural: a renovação começa pela reconciliação entre o eu e o mundo. Em tempos de disputa por poder e recursos, seu chamado à abertura e à tolerância soa como um convite ao reequilíbrio interior.
A filosofia árabe contemporânea também abordou essa questão sob diversas perspectivas. O pensador marroquino Mohammed Abed Al-Jabri propôs uma crítica da razão árabe e sua reconstrução sobre bases racionais, afirmando que qualquer renascimento ético exige a desconstrução das estruturas mentais que perpetuam o fechamento. O filósofo libanês Charles Malik, que participou da redação da Declaração Universal dos Direitos Humanos, via na dignidade humana o alicerce de qualquer projeto ético moderno. Esses esforços demonstram que a renovação não é ruptura com a tradição, mas leitura crítica que abre novos horizontes.
Na era digital, a crise ética assume novas formas. A verdade se dispersa entre plataformas, e a opinião se converte em mercadoria. Nesse cenário, a honestidade torna-se uma responsabilidade ainda mais pesada. O Dia Mundial da Liberdade de Imprensa recorda que a liberdade de expressão não é privilégio, mas compromisso. O escritor e o jornalista não podem se refugiar na neutralidade quando a dignidade humana está em jogo. A renovação ética implica redefinir a relação entre liberdade e responsabilidade, entre o direito de falar e o dever de verificar.
O trabalho também ocupa lugar central nesse debate. O Dia Internacional dos Trabalhadores destaca a dignidade das mãos que constroem, cultivam e cuidam. Em um mundo onde a riqueza é distribuída de forma desigual, reconhecer o valor do trabalho é um ato ético. O filósofo alemão Karl Marx identificou na alienação do trabalhador um sintoma de desordem moral na estrutura econômica. Sua análise não era apenas econômica, mas crítica à perda da humanidade em um sistema que transforma o indivíduo em instrumento de produção. Sob essa perspectiva, a renovação ética exige repensar as condições de justiça social.
A questão ambiental igualmente integra esse processo. O Dia Internacional da Biodiversidade nos lembra que a relação entre humanidade e planeta não é mera exploração, mas responsabilidade. O filósofo alemão Hans Jonas formulou o “princípio da responsabilidade” voltado às gerações futuras, defendendo uma nova ética capaz de reconhecer a fragilidade do mundo natural. Em tempos de crise climática, a renovação ética torna-se uma necessidade existencial ligada à preservação da vida em todas as suas formas.
Diante desses exemplos, torna-se evidente que a renovação ética não nasce de decretos, mas de transformações sutis na consciência. Ela começa quando o indivíduo compreende que sua identidade não anula a humanidade compartilhada, que sua força não legitima a dominação e que sua pertença não justifica a exclusão. Em tempos de divisão, pode ser tentador apegar-se ao interesse imediato; contudo, a história mostra que sociedades que negligenciam sua dimensão ética mergulham em ciclos de violência difíceis de romper.
Literatura, filosofia e ciência não são esferas isoladas da vida cotidiana, mas laboratórios de sentido. Quando um poeta escreve sobre a dor do outro, redistribui a luz sobre áreas esquecidas da consciência. Quando um cientista reflete sobre o impacto de nossas escolhas no planeta, coloca diante de nós um espelho do futuro. Quando um filósofo questiona justiça e liberdade, abre caminhos para reconstrução.
A renovação ética, portanto, não é luxo intelectual, mas condição para a sobrevivência do sentido em um mundo fragmentado. É um percurso que exige coragem para reconhecer erros, disposição para escutar e capacidade de imaginar um mundo que acolha a diferença sem convertê-la em conflito permanente. Talvez não transforme rapidamente os mapas políticos, mas transforma o ser humano que os desenha.
Ao final, permanece a pergunta suspensa no espaço da reflexão: se o mundo divide terras, riquezas e narrativas, seremos capazes de compartilhar também a responsabilidade e reconstruir uma ética comum que salve nossa humanidade da erosão ou permitiremos que a partilha se converta em fratura irreversível?
Mostra Companheiros de Cinema chega à 2ª edição e fortalece o audiovisual regional em Sorocaba
Curta-Metragem do Grupo
O Grupo Os Companheiros em parceria com Ana Duarte realiza sua Segunda Mostra de Cinema. O evento é gratuito e acontece no dia 02 de maio, às 19h, no Espaço Cultural Du’Artes, em Sorocaba.
Criada para valorizar e impulsionar o audiovisual local, a segunda Mostra Companheiros de Cinema se consolida como um espaço de encontro entre realizadores, artistas e público, promovendo visibilidade às produções da região, estimulando conexões no setor e fomentando oportunidades concretas no mercado audiovisual. A primeira edição já mostrou o impacto disso. Surgiram contatos, parcerias e oportunidades reais.
“Fui convidado a integrar a direção de arte de um curta-metragem da cidade depois que conheceram meu trabalho na mostra, isso evidencia que o evento não termina na exibição, ele segue tecendo conexões, fortalecendo parcerias e expandindo horizontes dentro da cena cultural”, relata Fabiano Amâncio, ator, diretor de arte e cenógrafo.
A primeira mostra, realizada em setembro de 2025, recebeu 21 inscrições e selecionou 8 filmes para exibição, reunindo cerca de 70 pessoas, alcançando lotação máxima no dia da exibição. Nesta segunda edição, foram contabilizadas 53 inscrições, incluindo trabalhos de outros estados, evidenciando o crescimento e o alcance da iniciativa.
Mesmo diante do aumento do interesse, a curadoria preservou o compromisso com a valorização da produção regional, priorizando obras de Sorocaba e região, em consonância com a proposta do evento.
“Temos um cinema muito potente na nossa cidade e região. Muitas vezes, vemos produções locais buscando profissionais de fora, quando na verdade existe uma rede qualificada aqui. Nosso objetivo é justamente fortalecer esses laços e colocar esses artistas em evidência”, afirma Maria Helena Barbosa.
Os filmes selecionados para esta segunda mostra são:
Cisne, Minha Mãe e Eu – direção de Guilherme Telli e Andréia Nhur
O Cisne, Minha Mãe e Eu – direção de Guilherme Telli e Andréia Nhur
Ecos de Sorocaba – direção de Maria Eduarda Favetta, Lorena Terra e Kellynn Julietta
Intermúndio – direção de Pietro Godinho
Intermúndio – direção de Pietro Godinho
Curta-metragem Erva Daninha – Direção de Fábio Salvador
Erva Daninha – direção de Fábio Salvador
Marreta – direção de André Fidalgo.
Protocolo Zero, dirigido por Alexandre Valentim e produzido pelo grupo Os Companheiros
A exibição inclui o curta da casa Protocolo Zero, dirigido por Alexandre Valentim e produzido pelo grupo Os Companheiros. Esta segunda Mostra recebe como convidado especial o diretor Mauro Baptistella, que apresenta o curta Prazer, Estela e participa de um bate-papo ao final da sessão sobre os desafios e caminhos da produção audiovisual local.
Serviço
2ª Mostra Companheiros de Cinema
📅 Data: 02 de maio de 2026
🕖 Horário: 19h (pontualmente)
📍 Local: Espaço Cultural Du’Artes- Rua Antonio São Leandro, 76 – Sorocaba/SP
🎟️ Entrada gratuita
Sujeito a lotação, 70 lugares – chegar com antecedência
🔞 Classificação indicativa: 16 anos
⚠️ Não será permitida a entrada após o início da sessão
Sonho etéreo
Marli Freitas: Poema ‘Sonho etéreo’
Marli FreitasImagem criada pela IA do Gemini
Dois corações, profundo cosmos a ser Sentido; almas que se procuram E se acham. Tudo me leva a crer: É para o amor que os ventos sopram.
E não é compreendendo o porquê Que se ama, mas nos olhos que sorriem; No deleite do voo que me leva a você, Pois etéreos são os sonhos que me guiam.
Almas enlaçadas e um permitir Que navega profundo no coexistir, Para o que é belo e puro sentir.
Ana Cecilia traz ao ROL a literatura do Peru, Terra do Condor, da Puma e da Serpente, animais sagrados que representam a cosmovisão espiritual inca!
Ana Cecília Chávez Zavalaga
Ana Cecilia Cháves Zavalaga, natural de Lima, Peru, e radicada em Baden-Baden, Alemanha, profissionalmente é especialista em relações públicas e marketing.
Na área cultural é escritora e poetisa, com seis obras publicadas: Tempos de Esperança (2020);
Para Você (2021); Essência (2022); Tempestades do Coração (2023); Seres Ocidentais da Visibilidade) (2023) e Sensações (2025).
Diretora e apresentadora do podequeste Labirinto de Letras, Através do Espelho.
Ana Cecília se apresenta aos leitores do ROL com o conto La incógnita (O enigma), uma contundante narrativa alegórica e social.
En el centro de cuatro paredes de estera, la que fue tejida con paja de juncos, ahí con los pies descalzos, ajados y sucios apoyados sobre el suelo de arena, la que vuela tapizando los cuerpos de individuos incógnitos en la cima de un cerro, donde solo viven los que ya casi están muertos.
Ahí en su cerro, con el hambre devorando hasta sus huesos, una mujer envejecida por la explotación de un sistema donde el poder de los ricos significa el derecho absoluto a una vida digna y placentera, mientras los incógnitos esclavos modernos sobreviven ante un mundo injusto e incierto.
Sentada sobre un banco lleno de polvo y astillas frente a una tabla que simulaba la que en sus sueños podría ser la mesa donde manjares precederían un festejo, ahí estaba ella, la incógnita, sin educación, sin nombre, ni abolengo, la indigna, la que no tiene nada aunque muchos ignoren que tiene un alma junto a un corazón vivo y sabio habitando en lo triste de su maltratado cuerpo.
Sobre la mesa, mil retazos de telas, pedazos grandes y chicos de distintas texturas y colores, telas amontonadas, unas sobre otras, y ella, la incógnita deslizaba cuidadosamente sus dedos seleccionando las telas, pues quería convertir en realidad su sueño.
Corto con tijeras uno a unos los pedazos de tela, con aguja e hilo en las manos unió los retazos e hizo banderas. ¡Qué lindos colores! ¡Qué lindas las razas, que puso Dios sobre la tierra!
La incógnita observaba feliz las banderas, cogió una a una y las unió haciendo con ellas una única y larga bandera. La bandera de un mundo sin límites ni fronteras, donde no existe el hambre y no hay diferencias.
La bandera de un mundo que no conoce de guerras, donde la sangre no es la moneda con la que se paga la riqueza de pocos y el hambre de muchos que mueren en vida su triste condena.
La incógnita sueña y viste su choza con una sola bandera, espera que el mundo la entienda, no quiere más sangre y quiere un pan sobre su mesa.