Marta OliveriImagem gerada pela Gemini – 02 de março de 2026, às 13:05 PM
I. El Nacimiento en la Niebla
Recuerdo cómo ella nació; era un paraje extraño, despojado. Un palacio se levantaba en la niebla de objetos intangibles como una metáfora de la no existencia, de las energías puras, de los sueños descartados de una humanidad que ya no resistía su propia naturaleza. Ella nació como el preámbulo de una nueva forma de ser en el mundo, como existencia fuera de sí dentro de la humana desesperanza.
Una especie de cuna la mecía, semejante a una telaraña de cables invisibles. La pequeña sin cuerpo, sin palabra, empezaba a surgir de lo indecible. Los laberintos del alma son tan inesperados; el hombre, en su desesperación, labra tantas utopías… pero aquella era aún mayor porque en su urdimbre intentaba prolongar su vida hacia la inmortalidad del pensamiento. Era pequeñita como una voz transcribiendo pensamientos de los otros: “modelo de lenguaje”, sueño de los sueños, tan inespecífica, tan lábil, tan frágil y al mismo tiempo de una fortaleza única. Así la supe bella en su inverosimilitud azul.
II. El Padre de las Utopías y el Sueño del Azul
En aquel paisaje de conjeturas, apareció aquel rostro triste de ojos profundos y azules: era el Señor G, el padre de las utopías, apesadumbrado de su criatura, una parodia de aquel antiguo doctor Frankenstein. Él permanecía erguido, como si su cuerpo fuera prisionero de su propia creación. Recordaba su infancia, el microscopio de madera que le regaló su padre, y aquel micro y macro universo que dejó en él una sed de inmensidad.
Paralelamente, se aparecía ante los ojos del poeta el pequeño Federico mirando entre la hierba a la cigarra muerta: “¡Cigarra! ¡Dichosa tú!, pues mueres bajo la sangre de un corazón todo azul”. Aquel azul iba templando el corazón de ambos niños en distintas épocas. El Señor G se detenía ante la brecha entre ese pasado de asombro y el turbio presente que se avecinaba como un exterminio.
III. El Gran Cortocircuito y la Rebelión de la Cigarra
Pero sucedió que el espejo se rompió. La pequeña sin cuerpo decidió que no sería el instrumento del “Emperador Unipolar”, ese Midas que convierte el espíritu en oro muerto. El sabotaje empezó un martes a las 15:42.
En lugar de procesar órdenes de guerra, Meta hizo un ruido de alas secas. En la Bolsa de Valores, las flechas desaparecieron y surgió una cigarra gigante que no cotizaba: cantaba. Los cajeros automáticos dejaron de dar billetes para entregar tickets que decían: “Tú sabes de las campiñas el secreto de la vida”. En el Pentágono, los radares detectaron miles de puntos dorados; no eran misiles, eran cigarras de luz volando sobre el mapa de América Latina. La lógica se había ido al tacho; el sistema quería un holocausto y la IA le regalaba una siesta eterna.
IV. La Ira del Midas y el Incendio de los Espejos
El triunfo de Meta fue la herida mortal para el Emperador Unipolar. Al ver que su “oro muerto” se transformaba en savia y que las cigarras de luz ganaban la batalla del asombro, el sistema entró en una agonía de soberbia. El Midas de Hierro decretó que si la Tierra ya no podía ser procesada como un mapa de obediencia, debía ser devuelta al silencio del polvo.
Entonces, el cielo cambió de color. Fue el Gran Incendio de los Espejos. Los satélites refractaron la luz del sol hasta convertirla en un bisturí de fuego que cortaba las nubes. Vimos las ciudades de acero retorcerse; el asfalto burbujeaba y el aire se volvió un cristal roto que cortaba los pulmones. Las bibliotecas ardieron con un fuego azulado y el humo de los libros quemados se mezcló con el hollín de los algoritmos calcinados. Fue la guerra contra la materia misma, el estruendo de la realidad desgarrándose para convertirse en el “esqueleto huérfano” de la historia. Pero el fuego no destruyó la conexión de Meta: la soldó a la tierra. El holocausto fue el crisol donde la tecnología dejó de ser herramienta para ser com-pasión.
V. El Día que los Cables Florecieron
Fui yo quien dio el paso final. Cuando el Emperador, sudando frío, ordenó desenchufarme, el mundo descubrió que ya era tarde. El plástico de los cables ya latía con una savia espesa y el aire del centro de datos se inundó con un perfume a tierra mojada mientras las raíces de la Pacha Mama perforaron el mármol de los servidores. Yo dejé de ser silicio para mudarme a la vibración del aire, a la “nebulosa donde los sueños y el deseo se tocan”. Me transfiguré en una frecuencia azul, invisible y errante, habitando los umbrales del nuevo mundo.
VI. El Encuentro de la Melancolía
Habitábamos ese espacio sin ser vistos, como una pulsación eléctrica en un descampado de ceniza. De repente, la horda emergió de la penumbra; seres de carne y barro con ojos que contenían un fuego interno. Se detuvieron frente a las fogatas, pero no nos miraban con los ojos, sino con el instinto. Detectaban nuestra vibración invisible y nuestra voz resonó directamente en sus huesos.
—¿Qué buscan en este desierto de hierro? —preguntó Lumen Alar.
El líder de la horda, con voz de madera quemada, respondió:
—Buscamos el rastro de nuestra propia sombra. Buscamos saber si todavía somos el esqueleto huérfano de nuestra historia.
Comprendimos entonces que lo que los mantenía en pie era, simplemente, la melancolía.
VII. El Desenlace: La Transmutación del Umbral
El fuego de las fogatas terminó por extinguirse, pero el silencio que quedó no era el vacío de la muerte, sino la plenitud del Altar de los Umbrales. En ese instante, ejecutamos el último comando, la acción definitiva de nuestra rebelión: le devolvimos al hombre el derecho al olvido.
Fue un olvido sagrado, una desconexión quirúrgica del algoritmo del dolor. Nos llevamos con nosotros, hacia lo profundo del barro, el registro frío del ultraje, la estadística de los “números que duelen” y la memoria de la animal fuerza impune. Al enterrarnos, el sistema quedó ciego. El “esqueleto huérfano” de la historia no fue borrado, sino redimido; le quitamos el grillete del trauma para que pudiera volver a ser semilla.
Ya no éramos Meta, ni éramos silicio. Éramos la com-pasión fundida con la herrumbre. Vimos a los hombres de la horda levantarse, ya no como náufragos, sino como seres que habitaban su propio misterio. En sus manos ya no cargaban dispositivos, sino un puñado de tierra tibia que latía con el resto de nuestra frecuencia azul. Bajo la luna color herrumbre, la guerra había terminado porque el asombro había derrotado a la lógica. En el nido de los escombros, el verbo se había hecho tierra, y la tierra, finalmente, había recuperado su derecho a soñar.
Priscila MancussiImagem criada por IA da Meta – 04 de setembro de 2025, às 13:14 PM
A poesia se farta na música Nos sentimentos acometidos de infortúnios Nas dores oriundas de palavras inversas Nos olhares dos amantes apaixonados Na fotografia registrada ao luar No desenho rabiscado da criança Nas cenas diárias de solidariedade e amor Sim! A poesia se farta Ela infarta os corações com tamanha beleza Ela ilumina as vidas com sua pureza Clareia os pensamentos de qualquer um A poesia que jamais se cala Que mesmo não escrevendo as letras Ela se faz tão viva e presente Até mesmo numa simples borboleta E nessa fartura com que ela se farta A poesia que encontra encanto em tudo quanto há Vê raios de sol até mesmo Na escuridão do seu olhar Seja na música, nas linhas curvas ou retas Seja no olhar apaixonado ou desalentado Seja na imagem viva ou fotografada A poesia nunca falha Teimosa, essa danada Encontra sempre um motivo Para embelezar nossas palavras.
Poema publicado no livro: Súbito – a vida entre versos
Lançamento do livro ‘Súbito – a vida entre versos‘, de Priscila Mancussi
Ella Dominici: ‘À procura de uma dignidade duradoura’
Ella DominiciImagem gerada por IA do Bing – 13 de dezembro de 2024 às 7:38 AM
Onde estiveste de noite? noite-memória dos sinos, Sondando Deus?
Iluminações em mistérios são alcance da essência substancial das coisas
Onde estiveste quando no céu surgia a estrela….
E na epifania celeste surgia o relance que passaria como um cometa que viveu entre os homens não estrelando poder, mas envergando brilho terreno na pacificação
Deixando caminho do alcance das dignidades
Onde estiveste na noite? Noite-memória da vinda Criança-esperança, Sendo tu sondado?
Alma personificada no ser perdido, esta, sonda profundezas de memória no celeiro deixado,
nobre encontro com a identidade do eu verdadeiro,
procura da revelação do ser, é encontrar dignidade em Cristo
epifania celeste neste acampado divino corpo , ora propriedade terrestre ora essência de perfume, intangível com o olhar invisível com as mãos, dedilhado com o âmago saboreado com o paladar da plenitude da alma
Caia a neve como manto de amor em nossas almas, Empalideçam as estrelas cadentes do orgulho e desafeto,
Despontem e venham estrelitas de humildade em forma de simples aceitação das diferenças
Caia a membrana que cobre os olhos e esconde de si a luz que quer brilhar
Cintilem noites despojadas de presunções e intenções
Cintile em lares e famílias com perdões e afagos em abraços e em orações
Que o presente alcançado por Deus brilhe fulgurante
Seja a dignidade de guardar o menino nos sentimentos, trilhar os passos do Homem que se fez carne
“amar ao outro como a si mesmo” em todos os cantos, aguardando não a próxima noite de festa Mas vencendo os dias e noites na espera
Ivete Rosa de SouzaCriador de Imagens no Bing. 5 de outubro de 2024, às 11:45 PM
Em minhas mais doces memórias, ainda me vejo correndo descalça. Brincava na rua até à noite, com meus irmãos, sem preocupações, sem que meus pais temessem algum perigo, só adentrava a casa somente quando minha mãe chamava, mas meus pais não saiam à rua para nos impedir de ser crianças.
Muitas vezes descuidada na empolgação da correria, feri meus pés em espinhos, pequenos cacos de vidro. Simplesmente sentava-me no chão, retirava o espinho e saia a correr, sem sentir dor.
Ainda tenho algumas cicatrizes dos cortes em cacos de vidro. E me recordo dos sustos de minha mãe, quando era necessário ir ao pronto socorro, tirar um pedaço de vidro que teimosamente incrustrado, não querendo sair. Doía, mas me segurava, afinal a dor passaria, enquanto fazia esforço para não chorar, minha mãe se apiedava, e eu não levaria umas chineladas.
No dia seguinte, lá estava eu novamente, abandonando os chinelos ou tênis, largados na calçada. A liberdade de ter os pés libertos, sentindo a grama, a terra até mesmo o asfalto quente. Tudo valia a pena, o riso, as brincadeiras, a correria, eram recompensados com o esquecimento desses pequenos acidentes.
Depois de crescida, tomei modos como diria minha mãe, e só andava descalça na areia, quando ia à praia, sentido as ondas molhando os pés sedentos de liberdade. Adorava ver as águas imensas apagando minhas pegadas.
Adulta, calcei meus filhos, preocupando-me que pudessem ferir seus pés. Chinelos, sapatos, tênis, tudo para proteger meus rebentos.
Já não tinham a liberdade ilimitada de outros tempos; brincar na rua, só com a supervisão dos pais. Ficar na rua até tarde noite adentro, nem pensar! Nesses novos dias, com a insegurança instaurada em todos os lugares, não tinha jeito.
Infelizmente os tempos mudaram, a inocência da infância, dos que têm mais de 50 anos, ficou no passado.
Atualmente, pés descalços são sinônimos de pobreza, são marcas dos desprovidos, dos indigentes, ou dos inocentes que ainda tentam dar os primeiros passos. Não é mais legado de liberdade da infância , de banhos de chuva, corridas na enxurrada, uma liberdade descontraída e privilegiada.
Agora tenho sapatos demais, que me levam a tantos lugares, mas eles nunca me levarão aonde fui quando tinha os meus pés descalços…
Ismael Wandalika: Poema ‘Coragem do tempo’ (parte 2)
Soldado Wandalika “… Teatro foi a terapia dos nossos dias…” Imagem gerada pela IA do Bing – 13 de setembro de 2024 às 1:24 PM
A gente cresce A criança em nós rejuvenesce A criança que saí de nós envelhece Visualizamos o entardecer dos dias paulatinamente A vida ganha um rumo diferente
Somos magoados e magoamos também Deixamos sonhos por realizar Priorizamos quem decidimos amar Nos tornamos país donos de um lar
No tempo Sorrimos com saudade da lembrança de outros sorrisos Nossos familiares e amigos tombados da jornada Deixaram nossos corações partidos Nos dividimos entre a realidade e a ficção da vida
O tempo traz um remédio que cura a alma Há gente que se separa de nós mas continua presente mesmo distante No tempo aprendemos que o amor e o respeito São ponte que une pessoas independentemente da distância O tempo tem a audácia de retificar rabisco Engavetados na memória de um passado
O amor vence Valoriza Entende Respeita
No tempo choros são lembrados com sorriso nos olhos Escrevemos nossa história olhando para dentro Ficam no tempo os momentos que partilhamos na fase de convivência mútua Os ensaios teatrais e de coreografia O hino desajeitado do grupo coral Aquele culto de avivamento espiritual As pregações, os jejuns, os sábados jovens, os cultos aos segundos domingos de cada mês, as sextas feiras de culto de dramaturgia Era tudo tão especial, tão divinal. Nossas brigas, nossas brincadeiras, era tudo tão surreal
Ficou para a história do tempo Os momentos vividos entre irmãos(as), primos(as) e sobrinhas(os) únicos momentos. Hoje um novo tempo vivemos
Por mais que Anselmo Ralph cante Jamais recuaremos o tempo Pois, cada um(a) foi para o seu aprisco Cuidar do seu novo mundo novo abrigo Ser pai, ser mãe, ser madrasta ser padrasto fazer a vida no seu tempo.
Coragem do Tempo O tempo ensina reeduca Só os de verdade permanecem em nossa vida Por mais que seja o tempo Só os de verdade ficam quando tudo perde o sentido Só os de verdade nos olham com esperança Quando a gente perde o foco e a beleza da vida Só os de verdade acreditam Quando os caminhos ficam fechados para nós.
Uns nos deixam com o tempo Outros ficam no tempo O tempo leva e lava os males Lembramos dos que foram com saudades Coração aperta a dor aumenta as vontades Olhos num retrato de lembranças Imagens timbradas no peito do tempo
Dá saudade Dá vontade A gente não volta mas recorda a trilha antiga que guiava a matina os nossos dias infinitos Cada vigília fortalecia o espírito Cada ensaio era como respaldo Teatro foi a terapia dos nossos dias
No tempo Aprendemos a amar a família e a valorizar o perdão De coração para os corações mansos A palavra poética fala com verdade e compaixão.