Poema febril

Julian Alberto Gillén López: ‘Poema febril’

Julián Alberto Gillén López
Lino Renand
Imagem criada pela IA do Gemini – https://gemini.google.com/app/a47f0e2603cd4f04?utm_source=app_launcher&utm_medium=owned&utm_campaign=base_all

Me confronto con la hoja,
socavada por ortigas punzantes.
Las intermitencias de la brillantez secuelas dejan al recuerdo.
He olvidado el sistema paleolítico
de supervivencia. No sé como guardar
las simientes de mi sino.
Cae como loza sobre mí el contrapeso
de mi miseria. Es acre vegetación
que crece en inaccesibles cimas de pena.
Pararrayos malévolo el tesón olvidado
en cualquier rincón.
No tengo tiempo para la paciencia.
Parmesano country, lejía en un sitio arrabal.
La señal es raíz del campo arbitrario.
Ahogas lo nítido en el cristal de un fulgor.
La semántica es hiedra de los muros.
Torcemos las carreteras hasta distorsionarlas en el espacio-tiempo.
No puedo subirte a mi palanquín
y llevarte al límite de los marginados.
Las murallas tiemblan ante la Auriga.
Tu fuste arranca pedazos de piel a mi espalda.
Asfixia.
Las escalinatas se mantienen vivas
ante la bruma.
La brújula polar sangra. Y las estrellas todas titilan como antorchas.
Relinchan las piras singulares de brizna.
El tizne de los gansos arponea las ballenas
del ártico cada segundo.
Tibias copas mueren en la nube gris.
Los copos de nieve arrecian la tempestad
del invierno.
Con una piedra rompes el yelmo y atónito caigo al ombligo. La verja separa
a los que no pretender saltar y prescindir
de ella.
Desato el cíngulo del tiempo. La Osa Mayor confabula juegos salvajes contra el poeta.
Ermitas duermen y duelen en la piel.
La cornisa es lo último que queda al hundir
los pies en la tinta.
Fíbulas de soledad.
El fin solo llega, cuando la oropéndola grazna cual gallo, allá donde la letra fenece.

Lino Renand

Voltar

Facebook