Canción en la franja estéril

Poema de Mario Antonio Rosa

Mario Antonio Rosa
Mario Antonio Rosa
Pintura al óleo de un paisaje desértico y estéril con una pequeña flor silvestre naciendo de una grieta en la tierra seca bajo el sol poniente, que ilustra el poema 'Canción en la franja estéril' de Mario Antonio Rosa.
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“En Palestina, los árboles cuentan una historia de opresión.”
(Paola Caridi – La morera de Jerusalén

Siempre es volver,
escribir callado, rayando en los aguaceros,
el pecho de luto y su vocal de agua,
el hastío, y su mar en llagas.

Siempre es quedar herido
abrir la roca encontrada de gritos
la noche de niño más cerca de las lanzas
el horno destruido sin comida
nadie tiene nada
los colonos trajeron a su dios y vomitaron
echaron espigas regadas con fiebre
se robaron la aurora y celebraron.

La línea de cadáveres,
muerte contra muerte hasta la lejanía
como una vieja casa, crujida en cruces
que en realidad parecen sombras
donde el mundo acaba a cada día y vuelve
con la cara de otra nueva sangre.

Olvidé llorar,
me he quedado recibiendo balas
ropajes agrios, hambres de otros,
Me he quedado con las madres heridas
curtidas de llanto, arcos desmayados
paso cerca de la tumba en el sicomoro
del hombre que no pudo vivir,
porque alguna vez fue palestino ante el sol
y le arrebataron la sombra y el aire
yo diría que hasta la muerte, uno se olvida de llorar,
y se arrodilla en las buenas semillas
que paren las arterias del cielo, y la morera,
al menos un relato de vástagos
la fortaleza de la noche en su sangrado de plata

la suimanga
que riega el sonido de los horizontes
y que ya, es mi eco para conocer la sed.

Siempre se vuelve,
a pisar los escombros escritos por el abuso
a olvidarse de las oraciones

solo tomar la granada
y perderse junto al fuego.

Mario Antonio Rosa

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De Porto Rico ao ROL, Mario Antonio Rosa!

Da ‘Ilha do Encanto’, com suas belezas naturais, praias paradisíacas, riqueza cultural e histórica para o ROL, a poesia caribenha de Mario Antonio Rosa!

Marco Antonio Rosa
Marco Antonio Rosa

Mario Antonio Rosa, natural de San Juan, Porto Rico, é poeta, editor, jornalista cultural e crítico Literário.

Autor dos livros: Misivas para los Tiempos de Paz; Tristezas de la Erótica; Duelo a la Transparencia; avaliado como Livro do Ano pelo jornal El Nuevo Día; Kilómetro Sur; La Tierra de Mañana; Poemas en la isla del incendio e Pasternak en el invierno.

Coautor da Antologia Poetas para el Mundo Voces para la Educación*, juntamente com Ernesto Cardenal e Raúl Zurita, do Chile, patrocinada pelo Sindicato dos Professores do Estado do México, e na Nueva Antología de Poesía Hispanoamericana, patrocinada pela revista Ómnibus, da Espanha.

Participou da Écfrasis, uma publicação da Liga de Arte de San Juan, vinculada à exposição permanente de mesmo nome, com seu poema Albea, inspirado na obra pictórica da artista Consuelo Gotay.

Recebeu o Prêmio Nacional de Poesia Guajana no Festival Internacional de Poesia de Porto Rico;  Prêmio de Poesia Turpial de Ouro, da Sociedade Venezuelana de Arte Internacional; Prêmio Internacional de Poesia patrocinado pela Fundação do Patrimônio Latino em Nova York e, mais recentemente, o Prêmio Internacional de Arte (2023) concedido pela organização de mesmo nome em Nova Jersey.

Marco Antonio se apresenta aos leitores do ROL com o poema Memoria de los troncos viejos, uma Ode à Natureza!

Memoria de los troncos viejos

Imagem criada por IA do ChatGPT – https://chatgpt.com/c/699218ee-ee34-832f-aeda-feaa37564443

Me gusta detenerme
a posesión lenta, con aire claro, casi rendido
y contemplar los troncos viejos, esa corteza,
donde el tiempo relucía con bostezo sus espadas.
Ese final, que terminaba extinguido,
porque el tronco era demasiado cielo, imantaba reinos,
sucedía primogénito por el río de la noche;
su silencio ¡mundo! era una sed tejida solo con abrazos
bordeada, mal vestida y a la vez hermosa.
Me pongo a contar sus vertientes,
seguirlas, una contra otra, como relojes cruzados
donde jamás ocurrirá la hora legítima.
Y el poro, donde se habla solo de un cargado infinito
y de los muchos brazos del hombre, los dulces,
los violentos, y los descalzos de amor;
miro siempre al tope de esa vieja estrella despeinada
donde una vez existía el atrio verde.

Quizá no sea modernidad,
estar bajo ese momento del siglo, de frente a este tronco,
como si algo de un milagro nos mostrara la cara;
no es oficio de pandemia, olvidar la tierra,
y solo brindarse a esta quietud profusa, en sangre vidrio,
brotando invisible al hambre de los ojos.

Y estas orquídeas ebrias de grandeza
flotando contra el signo.

Mario Antonio Rosa

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