A vida na capital

Ismaél Wandalika: ‘Vida na capital’ — quando a arte sorri diante das feridas de uma sociedade desigual

Soldado Wandalika
Soldado Wandalika
Uma capa de livro ou pôster com o título "A VIDA NA CAPITAL" no topo, em fontes pretas e amarelas pinceladas, sobre uma paisagem urbana de Luanda, Angola, ao pôr do sol. Abaixo do título, há uma bandeira de Angola. No centro da imagem, várias pessoas caminham em uma rua movimentada, incluindo uma mulher carregando uma criança em um pano colorido. Ao fundo, uma ponte de pedestres cheia de pessoas e o horizonte da cidade com arranha-céus. No canto inferior, o texto "AUTOR: SOLDADO WANDALIKA" em fontes amarelas e brancas, seguido por "POETA E ESCRITOR ANGOLANO" e um pequeno ícone de um livro aberto.
Foto do autor, editada pelo ChatGPT

Oh!
‎O ápice é um catálogo que embriaga a população
‎Dormir pra que se já não há nada a sonhar
‎Realismo social atravessa o âmago de quem só quer somar.
‎Sorrisos desfilam no pulsar de cada coração
‎Lamentam os pratos em cada olhar…

‎A Vida Na Capital

‎É versátil tal como a carreira de C4 Pedro
‎É corrida como a vida de Valentino Rossi
‎Nostálgica como a carta de guerra di Bárbara Tinoco
‎Tem ritmo de kuduro, R.A.P e Zouk e Semba tudo
‎O mundo cabe na palma da minha Capital
‎AQUI:
‎Há quem sustenta a família entre os enganos recolhidos das migalhas dos ignorantes…

‎Todos sabem mas ninguém faz
‎A vida é controvérsia aos outros pontos do planeta
‎Até os pássaros têm pressa
‎A Arte encanta a pobreza
‎Artistas vivem suas loucuras e atraem riqueza
‎Todos têm fome de comer pelo seu nome com honra…

‎A VIDA NA CAPITAL

‎É nobre e miserável
‎A Política é o troféu da força motriz  
‎É Perturbadora e Confortável
‎Aprende-se a tradução dos olhares em cada sorriso infeliz…

‎A VIDA NA CAPITAL
‎AQUI:
‎A saúde testa seus idiomas nos corpos dos indefesos
‎O Sorriso esconde as lágrimas no canto dos olhos
‎A música anestesia o sofrimento dos chamados
‎Os escolhidos bebem as águas do ☀️ sol, mesmo com os testes positivos!

Oh!
‎O ápice é um catálogo que embriaga a população
‎Dormir pra quê se já não há nada a sonhar
‎Realismo social atravessa o âmago de quem só quer somar.
‎Sorrisos desfilam no pulsar de cada coração
‎Lamentam os pratos em cada olhar…

Soldado Wandalika‎

Poeta e escritor angolano CEO do projeto Luso internacional POETAS DA ILUSÃO

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Denis Valerga: la arquitectura de una vida

Teresa Mascarenhas

Denis Valerga: la arquitectura de una vida

Logotipo do Jornal Cultural ROL com uma mão estendendo um microfone para uma entrevista. O título curvo em arco "Entrevistas ROLianas" envolve o elemento central circular. O design é limpo e utiliza um esquema de cores azul-petróleo e laranja vibrante.
Logotipo da seção Entrevistas ROLianas

“Hagas lo que hagas, hazlo bien”.
(Doña Arsénia Valerga de Villa, querida madre de Denis Valerga)

Foto de archivo: Denis Valerga
Fotografía: Denis Valerga©
Foto de archivo: Denis Valerga
Fotografía: Denis Valerga©

La historia de Denis Valerga no comienza en un estudio de grabación, sino en la fragilidad de una maleta vacía y la determinación de un joven de dieciséis años que, en los años setenta, se lanzó a la conquista de Londres con poco más que veintiocho libras en el bolsillo para su billete de avión, y la voz de su madre grabada a fuego: “Hagas lo que hagas, hazlo bien”. Ese mandato se convirtió en la arquitectura de su vida. 

Denis aprendió el oficio en la trinchera; cuando abrió su primer estudio en un barrio de Londres, su clientela eran artistas jamaicanos. Se convirtió en un experto en reggae por necesidad y vocación, trabajando con figuras como Dennis Brown, Sugar Minott o Leroy Smart. Fue una etapa dura, marcada por la tensión racial, pero ahí aprendió lo que era la verdadera industria, esa experiencia catapultó su carrera cuando Island Records se interesó por su trabajo llevándole de tocar en la calle a un estudio de lujo con la mejor tecnología. 

Su trayectoria se entrelaza con nombres que definen la música de las últimas décadas: desde la esencia folclórica de Manzanita y la inconfundible Ana Belén, hasta su rol crucial como ingeniero, programador y arreglista en el ambicioso proyecto Legend de Albert Hammond, donde trabajó con figuras de la talla de Julio Iglesias, Cliff Richard y Al Stewart. 

Denis Valerga, posee una dilatada carrera como músico, arreglista, ingeniero de sonido y  productor independiente. Fotografía: Denis Valerga©
Denis Valerga, posee una dilatada carrera como músico, arreglista, ingeniero de sonido y  productor independiente. Fotografía: Denis Valerga©

Sin embargo, Denis nunca se sintió cómodo bajo el peso del estrellato. Hoy, instalado en una serenidad que recuerda a los gatos, sus eternos compañeros, este productor que ha vívido en todas partes entiende que sus raíces las lleva dentro; que el código de Gibraltar, el salitre de su infancia y la honestidad de su estudio frente al mar, son su patria. 

Denis nos abre hoy las puertas de su momento más íntimo, un nuevo proyecto donde el silencio y la libertad son sus fieles instrumentos. Donde cada canción nos habla de sus experiencias y nos trae un trocito de su historia. 

Denis, ¿qué significa para ti la música: un compromiso con el mundo o un espacio íntimo de libertad?

La música sigue siendo mi gran pasión después de tantos años; no hay día que no pase sin vivir o trabajar con ella. Es mi refugio como debe ser en todo lo creativo, y me da una inmensa alegría; cada canción escrita es como renacer de nuevo como artista. 

Soy una persona reservada, sin ansias de fama, ni poder. Respeto a la gente por su religión, cultura, preferencias sexuales…, siempre he tenido un gran respeto hacia todo ello. 

¿Qué es lo más exigente de trabajar como productor independiente hoy en día?

Para mí el reto es el aprendizaje constante que exige la tecnología. Todo empezó a cambiar en los años 80, cuando llegaron los primeros ordenadores. Recuerdo estar en Denmark Street, en Londres en el 87, y ver a un chaval con una de esas pantallitas antiguas. Me acerqué a escuchar lo que estaba haciendo y me quedé de piedra; aquello sonaba a gloria. Me dije: “Esto es el futuro”.

Desde entonces me he mantenido al día. Es como un carpintero: si tiene una herramienta nueva que le facilita el trabajo, la aprovecha. Con la música es igual. Me emociona descubrir lo que puedo hacer, me excita probar cosas nuevas. Por eso no he dejado de estudiar; como mínimo, un par de horas a la semana me pongo a fondo con los avances del Logic, que es lo que uso para crear. Siempre hay algo nuevo que aprender, incluso con la inteligencia artificial, que es el siguiente paso en esta evolución.

Denis, produces desde la intuición: ¿qué peso tiene el instinto frente a la técnica en esta era digital?

Es un matrimonio entre ambas. La técnica y la tecnología van de la mano, pero la intuición es otra historia. Si eres músico de la vieja escuela, entiendes el proceso de crear como lo hacíamos en los 70; los jóvenes de hoy tienen otro camino. No es que lo hagan mal, los estilos han cambiado y ahí está su talento, pero a veces parece que se pierde esa conciencia al componer.  

Si no conoces el momento instintivo — esa inspiración pura de sentarte con una guitarra o un piano, sin ninguna máquina de por medio—, te estás perdiendo el alma del proceso. Para mí esa es la parte más importante, donde reside el verdadero placer: es algo que respiras, sientes, y eso no tiene precio. 

La técnica y la intuición son dos mundos que solo brillan cuando se casan. 

¿Prefieres la imperfección orgánica de un instrumento en vivo o la precisión milimétrica de lo digital?

Hay espacio para ambos. A veces me equivoco al tocar y sale una nota rara que termina siendo el alma de la canción; por eso siempre digo que hay que experimentar y no tener miedo al error. 

En el estudio moderno tienes una red de seguridad: te equivocas, borras y lo haces de nuevo. Pero yo vengo de un mundo donde la música se grababa en directo, con todos los músicos en la misma sala. Eso tiene una magia distinta, la de captar una ejecución humana real. Recuerdo mi primera grabación profesional con 20 años: un hombre nos escuchó en un pub y decidió pagarnos el estudio. Contratamos una orquesta de cuerda y allí estaba yo, un chaval sudando, con la guitarra de mi abuelo, rodeado de veteranos que me miraban esperando. Grabamos la canción de una sola vez, sin derecho a error. Fue como si me empujaran de una montaña y tuviera que aprender a volar. Lo técnico es importante, pero lo intuitivo, te mantiene vivo. Si tienes ambos, estás bendecido. 

¿Cómo ha cambiado el “reloj” la forma en que entiendes la música y la libertad creativa?

La estructura lo es todo; es lo que hace que una canción sea eterna, o que el oyente desconecte a los veinte segundos. Aprendí esto escuchando a los Beatles desde muy joven: 

tradicionalmente, tenías que atrapar al público en el primer minuto. Hoy, con la tecnología y la falta de atención, esa presión es mayor. 

Pero lo más importante es cómo creas. Durante gran parte de mi vida, grabé mirando el reloj, 

sufriendo porque cada minuto costaba un dinero que no tenía; esa presión no es natural, es un tormento. Siempre pienso en Mozart o Beethoven, bajo el yugo de la miseria y la urgencia, obligados a producir para pagar la renta. Esa presión te obliga a moverte, pero, otras muchas, destruye.

Gracias a Dios, hoy tengo mi propio estudio y mi propio tiempo. La verdadera libertad creativa está en poder trabajar sin que el tiempo sea tu enemigo. 

¿Cuál ha sido el reto técnico más complejo que te ha tocado resolver en tu carrera?

El trabajo más exigente fueron, sin duda, los cinco años que pasé junto a Albert Hammond produciendo sus álbumes Legend I y Legend II. Fue un reto colosal. Imagina recibir una llamada de Albert, una leyenda viva, pidiéndome trabajar juntos. Yo lo admiraba profundamente; era como si a un fan de los Beatles lo llamara Paul McCartney. 

El desafío no era sólo técnico, sino emocional. Albert quería volver a grabar todo su catálogo, incluyendo canciones como  “One moment in time”.  Puso una montaña frente a mí. Tenía una expectativas altísimas, y mi responsabilidad era estar a la altura de su prestigio. Aprendí a trabajar con las voces “peladas”, sin efectos, de grandes artistas como Al Stewart, Julio Iglesias o Cliff Richard. 

Ese proceso me cambió. Al principio era un productor que programaba solo en mi estudio, pero al terminar esos cinco años, me di cuenta que había saltado a otro nivel. 

Desarrollé una autoexigencia implacable: aprendí que un trabajo nunca está terminado hasta que suena como tiene que sonar. 

De esta etapa guardo momentos increíbles, como cuando Cliff Richard escuchó el track de “The Air That I Breathe” y se enamoró de él. 

Llegamos al número 3 en las listas de Inglaterra en Navidad. Fue una lección de vida: cuando pones todo tu corazón en alguien a quien admiras, el trabajo deja de ser técnico para convertirse en tu propia historia. 

c  

Estás en pleno proceso de creación de tu próximo trabajo. Háblanos de él. 

Durante años, mi trabajo ha sido poner mi energía en los proyectos de otros, y me olvidaba de mi mismo, condenando mis ideas a la oscuridad. Decidí que era hora de cambiar. Como siempre digo, en inglés hay una diferencia fundamental entre loneliness — esa soledad triste de quien se siente abandonado— y solitude, que es la soledad del artista, ese espacio sagrado que necesitas para crear. Lo mío es solitude pura, y me encanta. 

Así que me encerré en mi estudio frente al mar con mis ideas. Fue un proceso liberador. Recuerdo un día, mientras escribía, uno de mis gatos se puso a ronronear encima de mí, y esa paz me trajo inspiración. Me senté al piano y en poco tiempo compuse seis canciones. Son temas profundamente personales; cuando te das el permiso de estar a solas, lo que llevas dentro termina manifestándose con una fuerza arrolladora. Estoy atravesando una experiencia creativa completamente nueva, y la verdad, me gusta lo que estoy encontrando. 

El acto de seguir produciendo música nueva y experimentar en el estudio ¿Qué significado íntimo tiene para ti en este momento de tu vida?

Es mi propósito de vida. Si me quitan la música, me quitan la vida. Cada mañana me levanto con una idea rondando en mi subconsciente, una semilla que germina al amanecer, cuando la mente está clara y sin distracciones. 

En este momento, mis canciones son como hijos; están hechas con mimo y amor para ofrecer algo positivo a un mundo que a veces parece desastroso. Estoy en un proceso profundamente personal. Por ejemplo, trabajo en la canción I Never Knew Your Name, que nace de un recuerdo de mi juventud en Londres: la historia de una mujer que me acogió cuando no tenía nada y cuyo nombre nunca supe. También exploro la soledad, el consuelo que ofrece el silencio al creador y el miedo a la vulnerabilidad cuando envejeces. 

Esa es mi rutina ahora: el silencio, mi piano, y la observación. Cuando algo me pone la piel de gallina, sé que es real. Mientras mi cabeza me responda, seguiré escribiendo, porque no hay nada más motivador que despertarse cada día con la intención de crear algo bello. 

Tu labor musical ha financiado causas nobles como el apoyo a los animales. ¿Sientes que el arte tiene el deber moral de transformar la realidad?

Si has sido bendecido con el talento para crear — ya sea música, pintura o poesía—, creo firmemente que tienes el deber moral de utilizar ese regalo para ayudar a quienes más lo necesitan. La música tiene una capacidad única y casi mágica: es intangible e invisible, pero tiene la fuerza física de conmover y mover conciencias.

En mi caso, mi labor ha estado ligado a causas en las que creo, especialmente los animales, para mí son sagrados. Pero ayudar no siempre requiere dinero; también es un deber moral compartir la sabiduría que uno ha acumulado. Siento que mi experiencia es una mina de información que, si me la llevo a la tumba, no sirve de nada. Por eso quiero transmitir lo que he aprendido y ayudar a otros músicos a avanzar. Al final, si tienes el privilegio de crear, tu responsabilidad es usar ese don para hacer un mundo un poco más humano, tanto para las personas como para los animales que lo comparten con nosotros. 

¿Qué huella te gustaría dejar en quienes descubran tu música a través de este nuevo trabajo?

No busco un mensaje único; el mensaje es lo que cada uno encuentre al escuchar. Este nuevo álbum es un proyecto profundamente personal, y creo que esa es precisamente su fuerza: al ser tan honesto sobre mi soledad, sobre el ronroneo de un gato que te salva de la melancolía o sobre el vértigo de mirar al techo en mitad de la noche, termino conectando con quién también vive su propia historia. 

Mis letras son transparentes; no trato de esconder nada detrás de metáforas complejas, aunque siempre invito a leer entre líneas. Me gustaría que en estas canciones encontrasen un refugio. Si mi música logra despertar un gramo de esperanza o hace que alguien se sienta acompañado para mí es suficiente. Con eso me doy por bien servido. 

Una vez que cierres este capítulo y esta producción esté terminada, ¿hacia dónde intuyes que caminará tu creatividad?

De momento no miro más allá. Tengo un catálogo inmenso, años de historia con mi hermano Henry y grabaciones en Madrid con figuras como Manolo de la Calva, —del Dúo Dinámico—, que marcaron mi aprendizaje en los setenta. Pero por hoy, lo que realmente me motiva es este presente.

Tengo una mina de ideas tan activa que, a veces ni me dejan dormir. Lo que más me fascina de esta etapa es la libertad absoluta: no dependo de nadie, no tengo que coordinar agendas. Si una idea fluye, la atrapo; si un día no sale, respeto el silencio y espero el siguiente.

Hace mucho tiempo que no me permitía trabajar solo, con este nivel de honestidad y control y estoy disfrutando cada minuto. Por ahora, mi creatividad no necesita caminar hacia otro sitio, está exactamente donde quiero que esté: al cien por cien en este proyecto.

Muchas gracias por tu tiempo Denis, y por concederme esta entrevista.

Al final Denis nos deja una verdad clara: en un mundo de ruido, la mayor rebeldía creativa es la transparencia. Su nuevo proyecto es el reflejo de esa honestidad, una invitación a escuchar la música de quien ha aprendido ante todo, lo importante de hacer las cosas bien.

Teresa Mascarenhas




A história da música

Augusto Damas: Poema ‘A história da música’

Augusto Damas
Augusto Damas
Imagem criada pela IA do Gemini – https://gemini.google.com/app/0cbc2372cb08edd7?utm_source=app_launcher&utm_medium=owned&utm_campaign=base_all

Antes das palavras nascerem,
antes dos livros e das canções escritas,
já existia a música.

Ela habitava o vento que soprava entre as montanhas,
o murmúrio dos rios,
o canto dos pássaros ao amanhecer
e o pulsar dos corações humanos.

Nos tempos antigos, quando a humanidade ainda aprendia a caminhar pela história,
mãos simples transformavam troncos em tambores,
ossos em flautas
e o silêncio em melodia.

A música acompanhou os povos em suas jornadas,
esteve presente nos templos sagrados,
nas festas dos reis,
nas colheitas, nas guerras e nas celebrações da vida.

Nas margens do Nilo, nas cidades da Mesopotâmia,
nas praças da Grécia Antiga,
ecoavam harpas, liras e cânticos
que atravessariam os séculos.

Veio a Idade Média,
e nos mosteiros a música elevou-se aos céus,
como oração transformada em som,
como ponte entre a Terra e o infinito.

Depois floresceu o Renascimento,
e as notas ganharam novas cores,
novas formas, novos sonhos,
como jardins sonoros cultivados pela imaginação humana.

Bach teceu harmonias como quem borda estrelas.
Mozart fez dançar a alegria entre os acordes.
Beethoven transformou desafios em eternidade,
fazendo da música uma voz mais forte que o tempo.

Então chegaram os novos séculos,
e a música atravessou rádios, discos, palcos e telas,
viajou por oceanos e continentes,
unindo povos, culturas e emoções.

No Brasil, ela encontrou morada no samba,
na saudade da bossa nova,
na poesia do choro,
na força do forró e na alma sertaneja.

E assim continua,
eterna companheira da humanidade,
contando histórias que as palavras não alcançam,
guardando memórias que o tempo não apaga.

Porque a música é mais que arte.

É linguagem da alma,
é emoção que ganha asas,
é o invisível transformado em som,
é a própria história da humanidade cantando através dos séculos.

Augusto Damas

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Caetando

Carlos Carvalho Cavalheiro: Poema ‘Caetando’

Carlos Carvalho Cavalheiro
Carlos Carvalho Cavalheiro

Caetano cantando
Divino Veloso
Ode à Alegria, Alegria
Os astros lhe são guia
O mundo é perigoso
Nos acordes da sinfonia!
Caetano Maravilhoso.
Cantando o Caetano
Cai tanto o sol quanto a chuva
No céu de Sampa
No Planalto da Rampa
Na fina estampa…
Caetano cantando
Divino Veloso
Caetano Maravilhoso.

Carlos Carvalho Cavalheiro




A poesia se farta

Priscila Mancussi: ‘A poesia se farta’

Priscila Mancussi
Priscila Mancussi
Imagem criada por IA da Meta – 04 de setembro de 2025,
às 13:14 PM

A poesia se farta na música
Nos sentimentos acometidos de infortúnios
Nas dores oriundas de palavras inversas
Nos olhares dos amantes apaixonados
Na fotografia registrada ao luar
No desenho rabiscado da criança
Nas cenas diárias de solidariedade e amor
Sim!
A poesia se farta
Ela infarta os corações com tamanha beleza
Ela ilumina as vidas com sua pureza
Clareia os pensamentos de qualquer um
A poesia que jamais se cala
Que mesmo não escrevendo as letras
Ela se faz tão viva e presente
Até mesmo numa simples borboleta
E nessa fartura com que ela se farta
A poesia que encontra encanto em tudo quanto há
Vê raios de sol até mesmo
Na escuridão do seu olhar
Seja na música, nas linhas curvas ou retas
Seja no olhar apaixonado ou desalentado
Seja na imagem viva ou fotografada
A poesia nunca falha
Teimosa, essa danada
Encontra sempre um motivo
Para embelezar nossas palavras.

Poema publicado no livro: Súbito – a vida entre versos

Lançamento do livroSúbito – a vida entre versos‘, de Priscila Mancussi

Priscila Mancussi

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Música, vibração e o corpo

SAÚDE INTEGRAL

Joelson Mora: ‘Música, vibração e o corpo’

Joelson Mora
Joelson Mora
Imagem criada por IA no Bing – 1º de abril de 2025, às 21:00 PM

A música sempre esteve presente na história da humanidade, seja como expressão cultural, ferramenta de conexão espiritual ou meio de regulação emocional. No entanto, seus efeitos vão muito além da arte: a vibração do som tem impacto direto sobre o corpo e o inconsciente, influenciando desde a frequência cardíaca até como processamos emoções e memórias.

Cada som é uma onda vibracional que se propaga pelo ar e interage com nosso corpo. Estudos demonstram que diferentes frequências sonoras podem influenciar nosso sistema nervoso, ativando respostas fisiológicas como a liberação de dopamina, a regulação do ritmo cardíaco e a redução da tensão muscular. Sons graves tendem a gerar uma sensação de aterramento, enquanto frequências mais agudas podem estimular estados de alerta.

Nosso cérebro processa a música de maneira complexa, ativando regiões relacionadas à memória e à emoção, como o hipocampo e a amígdala. Isso explica por que algumas canções despertam lembranças específicas ou influenciam nosso humor instantaneamente. Além disso, a música pode ser usada terapeuticamente para tratar transtornos como ansiedade e depressão, pois auxilia na regulação do sistema nervoso autônomo.

Pesquisas mostram que determinadas frequências sonoras podem induzir estados alterados de consciência. As batidas binaurais, por exemplo, são utilizadas para estimular ondas cerebrais alfa e teta, associadas ao relaxamento profundo e à meditação. Frequências de 432 Hz e 528 Hz são frequentemente associadas a um estado de harmonia e bem-estar.

Culturas antigas sempre atribuíram à música um papel espiritual. Cantares gregorianos, mantras indianos e instrumentos xamânicos têm sido utilizados ao longo dos séculos para promover estados de cura e elevação espiritual. No judaísmo, por exemplo, o som do shofar é util sddsizado como um chamado à reflexão e renovação.

A musicoterapia é uma área em crescimento que utiliza a música para reabilitação e melhoria da saúde mental. Estudos comprovam que melodias harmônicas ajudam pacientes com Alzheimer a resgatar memórias CCO e a melhorar a cognição. A 

  Além disso, ritmos específicos podem melhorar a coordenação motora em pacientes com Parkinson.

A música e a vibração transcendem a audição, alcançando nosso corpo e mente de forma profunda. Seja por meio de efeitos fisiológicos, estimulação da memória emocional ou influência espiritual, os sons são uma ferramenta poderosa para o equilíbrio e a saúde integral. Incorporar a música conscientemente em nossa rotina pode ser uma estratégia eficaz para bem-estar e autoconhecimento.

Joelson Mora

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Agnaldo

Denise Canova: Poema ‘Agnaldo’

Denise Canova
Denise Canova
Agnaldo Rayol
https://commons.wikimedia.org/wiki/
File:Agnaldo_rayol.jpg
Agnaldo Rayol
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Agnaldo

Lenda musical

Agnaldo

Deixará saudade

Agnaldo

Poeta musical

Dama da Poesia

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