El enemigo de los nombres
Mario Antonio Rosa: Poema ‘El enemigo de los nombres’


Mi comida fue, unas estrellas en la distancia,
lavarme la cara a estragos de rocío, o desde un pozo,
donde los sueños se herían con vigilia.
Nada ocupa mi vuelta en el mundo;
los ojos van aprendiendo a tocarse con el viento.
Aquí, ante una loma radiante
o un camino de hierba que sepulta tierra hospitalaria
camino por mis pasos, me cobija la oscuridad de mi frente
mi seca noche y sus sílabas, mi rasgo de silencio.
A lo lejos, la fuerte solera del infinito:
ciudad arriba a largo trazo de lágrimas.
No quiero que sepas quien soy,
no quiero tu aliento en la nuca, ni el parpadeo,
de las manos que hice propias luego del tiempo.
Basta tu amor, alma, y tu oración cerrada
el disloque de tranvías que ya te echaban a la voz
ciega como el mar y tu corazón cantando.
Piensa en mi beso invisible
donde solo cabe la lámpara desnuda por los dos.
Luz al fin,
sin callar la soledad.