Maestra rural

Hermógenes L. Mora

Maestra rural: un testimonio de la ternura encarnada

Hermógenes L. Mora
Hermógenes L. Mora
Madia Gisselle Morales Soza (Santo Tomás, Chontales, Nicaragua) es maestra en Didácticas Específicas con especialidad en Didáctica de la Lengua y posgrado en Gestión y Calidad de la Educación. Labora en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, Managua. (CUR Chontales).
Madia Gisselle Morales Soza

Madia Gisselle Morales Soza (Santo Tomás, Chontales, Nicaragua) es maestra en Didácticas Específicas con especialidad en Didáctica de la Lengua y posgrado en Gestión y Calidad de la Educación. Labora en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, Managua. (CUR Chontales).

Su pasión por la literatura le nació desde la infancia. Su escritura integra poesía, narrativa y ensayo. En su quehacer también practica la escritura académica.

Ha participado en diversas antologías poéticas junto a autores nacionales e internacionales. Asimismo, se ha desempeñado como correctora de textos y ha prologado obras de escritores contemporáneos. Su escritura se distingue por la sensibilidad, la reflexión y el compromiso con la palabra.

La profesora y poeta chilena Gabriela Mistral escribió un poema en el que ella misma se siente protagonista de la historia relatada a través de sus versos. En el poema, Gabriela cuenta cómo una maestra rural soporta inclemencias tanto del tiempo como de muchas madres que no saben apreciar su trabajo. En una estrofa que cito a continuación, cuenta cómo una maestra sufre de críticas maliciosas en perjuicio de su persona. Al final describe su afán por enseñar a los niños de la comunidad, y  revela que el esfuerzo no ha sido en vano. Cito a continuación la estrofa completa:

Campesina, ¿recuerdas que alguna vez prendiste

su nombre a un comentario brutal o baladí?

Cien veces la miraste, ninguna vez la viste

¡y en el solar de tu hijo, de ella hay más que de ti!

«Yo fui maestra rural», de la poeta y educadora nicaragüense Madia Morales, es un testimonio lírico de altísimo valor humano, histórico y pedagógico. Escrito desde la madurez de la memoria, la voz poética reconstruye su vivencia en las comarcas y comunidades del interior de Nicaragua, articulando una propuesta donde la poesía y la vocación docente se funden en un mismo acto de creación y entrega.

En este escrito se hace presente la poesía testimonial y la lírica de acento cotidiano de Nicaragua, el poema no solo recupera la atmósfera del campo —con sus aromas, su flora, su fauna y su geografía lacustre—, sino que sitúa la experiencia educativa en un periodo de profunda efervescencia y conflicto: la década de los años ochenta. Lejos de la grandilocuencia o la trinchera ideológica rígida, Morales opta por una épica de la ternura, en la que el aula campesina se transforma en un refugio de luz, dignidad y resistencia interior en esta tierra de pólvora y miel.

Historias como las de la poeta Madia hay muchas; es el caso de una chica de nombre Mayra Irina Aguilar (22 años) oriunda de San Juan de Nicaragua. Mayra viaja hasta La Esperanza, un pequeño poblado de la comunidad llamada Delta, situada en el punto de bifurcación donde el río San Juan y el río Colorado dividen sus aguas. No hay acceso terrestre para el transporte, esto se debe a que la zona es pantanosa. En la esperanza, Mayra es la esperanza para la escuelita rural donde imparte multigrado. Aguilar viaja a diario desafiando el peligro, pese a su juventud, su amor por la enseñanza va más allá de soportar largas caminatas y fuertes torrenciales.

Es en honor a todos los maestros rurales que la poeta Madia Morales escribe su canto. Ella misma a sus diecisiete años prestó servicios en la comunidad Puerto Díaz ubicada a unos veintiocho kilómetros de Juigalpa, Chontales y que a la fecha se le conoce como Puerto San José del Lago (San José del Lago) por formar parte de la zona lacustre del gran lago Cocibolca.

A través del análisis del escrito de Madia, de su estructura formal, su riqueza simbólica, su anclaje geográfico e histórico y su tono casi elegíaco, el presente estudio explora cómo el poema trasciende el mero recuerdo personal para convertirse en una definición poética del aprendizaje y en un tributo a la comunidad educativa de las zonas rurales de  Nicaragua.

Yo fui maestra rural

Yo fui maestra rural,
donde el amanecer olía a leña húmeda,
y a tierra bautizada de rocío.
Ahí donde las manos laboriosas,
hacían florecer el pan en la mesa
como una humilde espiga de luz.

Fui maestra en aquellos campos donde el viento
aprendía el nombre de los árboles.
Ahí donde la práctica enseña
que es el amor por los niños
lo que cincela la verdadera humanidad.

En aquel diáfano y verde espacio vi cómo
la paciencia tiene manos de ternura,
y que enseñar a los niños
es tocar su alma,
como toca la lluvia a la semilla:
sin ruido y abundante vida.

Y fui maestra rural en los años ochenta,
esos que rugían
con su polvo de guerra
y sus horizontes de pólvora.
Pero allá,
entre los maizales, los potreros
y el canto obstinado de los zanates,
la tiza dibujaba pequeños amaneceres
sobre la pizarra negra,
mientras la infancia
encendía su lámpara de sueños.

—Maestra, usted debe alimentarse
con sustancia de cabeza de gaspar—
me decía una madre,
con la sabiduría antigua del lago.
Y sin más espera me la servía
como quien sirve esperanza en un tazón de barro.

Las veredas recorridas cada mañana,
los amaneceres con olor a rocío y a madera,
las puertas abiertas,
las miradas limpias,
la campana de aquella escuelita
deshojando el día;
los cuadernos donde florecían las letras
adornadas de versos;
todo ello fue modelando mi destino
como el río pule la piedra
o como el alfarero
acaricia el barro con paciencia.

Enseñar
es sembrar luciérnagas en la noche de los otros,
es dejar un poco de sol
en unas manos pequeñas,
es aprender,
mientras se enseña,
el antiguo oficio de amar la vida.

Análisis del poema

En la tradición lírica nicaragüense, la memoria histórica suele vestirse de épica, épica de trinchera o de manifiesto político. Sin embargo, en «Yo fui maestra rural», la profesora Madia Morales realiza un gesto radical: desplaza el eje de la narrativa de los años ochenta desde el estruendo bélico hacia la quietud germinal del aula campesina. No niega el conflicto —los «horizontes de pólvora» y el «polvo de guerra» están ahí como un trasfondo insoslayable—, pero decide oponerle la «tiza dibujando pequeños amaneceres». Hay en este escrito una ética de la resistencia que no se fundamenta en las armas, sino en el acto cotidiano de nombrar el mundo.

Es un texto de una enorme delicadeza humana y un profundo arraigo histórico e identitario. configurado en verso libredistrófico (estrofas de desigual número de versos, desde tercetos hasta estrofas de nueve versos). No busca la rigidez de la métrica clásica ni de la rima consonante, sino que encuentra su ritmo en la cadencia natural del habla campesina y lírica.

Desde el punto de vista del desarrollo simbólico, el poema establece una profunda dialéctica entre la naturaleza y la técnica artesanal. La labor docente no se concibe como una imposición doctrinaria ni como un ejercicio vertical del saber, sino como un proceso de moldeado orgánico: el alfarero que acaricia el barro, el río que pule la piedra, la lluvia que toca a la semilla «sin ruido y abundante vida». Es una pedagogía del asombro y de la escucha. El docente no es un emisor absoluto, sino un sujeto transformado por la comunidad que lo acoge.

Este diálogo se materializa de manera soberbia en la estrofa del tazón de sopa de gaspar. La inserción de la voz popular:

—«Maestra, usted debe alimentarse…»— no solo territorializa la lírica en la cuenca del Cocibolca y la geografía lacustre, sino que subvierte la jerarquía del conocimiento: el saber ancestral del pueblo nutre al educador. La comida servida en barro es metáfora de la comunión, donde la hospitalidad campesina se convierte en la más alta forma de la dignidad. La entrega de la sopa simboliza la comunión entre la comunidad rural y la maestra.

Estructuralmente, Morales opta por un verso libre de ritmo pausado, sustentado en la anáfora reiterativa del pretérito (Yo fui… / Fui… / Y fui…). Esta construcción no responde al mero capricho formal, sino a la cadencia del testimonio oral, de quien se sienta a rememorar junto a la leña. La musicalidad fluye sin la rigidez de la métrica clásica porque busca parecerse al cauce natural del habla cotidiana, elevándola a categoría poética mediante imágenes de altísimo vuelo sensorial (el olor a leña húmeda, el viento aprendiendo el nombre de los árboles, la campana deshojando el día).

«Yo fui maestra rural» trasciende el marco de la autobiografía para convertirse en un tratado de filosofía pedagógica. Madia Morales nos recuerda que la verdadera educación es un oficio de penumbra y destello: «sembrar luciérnagas en la noche de los otros». En un entorno donde la historia amenazaba con devorarlo todo, el poema rescata la infancia como el territorio sagrado donde la luz todavía es posible. Transforma la memoria de la educación rural en una epopeya cotidiana. Logra un equilibrio formidable al contraponer el estruendo de la guerra con la ternura silenciosa del aula campesina, dejando como mensaje final que enseñar no es transmitir datos,

Es, en última instancia, una obra de una profunda honestidad lírica, que rechaza el panfleto para abrazar la dimensión más perdurable de la poesía: el antiguo y silencioso oficio de amar la vida.

Hermógenes L. Mora

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A professora Drica

Evani Rocha: Crônica ‘A professora Drica’

Evani Rocha
Evani Rocha
Imagem gerada com IA ∙ 15 de outubro de 2024 às 4:26 PM
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A professora Adriana sentou-se delicadamente na poltrona, em frente ao médico. Nada disse. Mas o Doutor, educadamente:

– Bom dia Adriana, como vai indo?

Ela pensou: “lá vem ele com seu gerundismo.”

A boca continuou cerrada, apenas alguns suspiros velados saiam pelas narinas. O Doutor Augusto era seu médico há alguns anos, porém, não havia intimidade para confissões. Apenas o visitava a cada dois meses, para pegar os receituários de, pelo menos, meia dúzia de ‘remédios’. Seu olhar estava fixo naqueles olhos pretos, que pareciam enormes, por trás das grossas lentes dos óculos!

De repente, em segundos se viu andando apressada no corredor. Uma bolsa pesada sobre o ombro esquerdo e os braços carregados de livros e cadernos. Tinha uma sequência de portas dos dois lados. Muitos estudantes saíam e entravam nas salas. Era uma total algazarra.

Parou quase no final do corredor, quando se deu conta que não lembrava qual era a sala que deveria entrar…teria que conferir novamente na sua planilha de horário. Seu coração já batia descompensado. A boca estava seca…precisava de ajuda para abrir sua agenda. Alguns professores passavam por ela apressados, adentrando em suas salas. Teriam que entrar rápido nas salas, para que os os estudantes entrassem, senão o burburinho continuava.

Drica não sabia se pedia ajuda a algum aluno ou se voltaria à sala dos professores para conferir qual era a turma, onde já deveria ter entrado há cinco minutos. O suor minava na testa, ela já estava em pânico novamente.

– Dona Adriana, a senhora está bem? – indagou o médico, estendendo-lhe a mão, com um lencinho de papel.

– Ah! Sim! Sim! Desculpe-me doutor, apenas me distraí…

– A senhora está pálida… como tem passado nos últimos dias?

– Tenho passado bem…muito bem, obrigada! Eu trouxe-lhe os últimos exames que me pediu.

– Ah! Ótimo. Deixe-me ver…

A professora Drica, como era chamada por seus colegas e alunos, pegou a pilha de exames que estava em seu colo e colocou sobre a mesa do médico.

Enquanto o médico folheava, ela viajou novamente em seus pensamentos repetitivos: Agora estava lutando contra o tempo para conseguir encontrar seus horários de aula, abrindo com uma só mão os livros e cadernos que carregava, quando, de repente, caiu tudo no chão do corredor. Não fez tanto barulho, mas chamou a atenção de alguns estudantes que ainda estavam nas portas das salas. Ela ficou de cócoras para juntar o material, então ouviu uma voz às suas costas:

– Professora Adriana! O que houve? A senhora não deveria estar em sala de aula? Seus alunos ainda estão todos nos corredores!

Ela levantou o rosto, os livros que havia apanhado caíram de suas mãos. Ela tentou explicar o que havia acontecido, porém as palavras não saiam de sua boca:

– Eu…eu…”

A coordenadora interveio:

– O que é isso? A senhora não me parece bem! Vamos até a minha sala, vamos conversar…

– Claro, claro! Só um instante… Assentiu, juntando o material, agora com a ajuda da coordenadora.

Caminhavam apressadas pelo corredor, sob os olhares curiosos dos adolescentes. Entraram. A coordenadora encostou a porta e fez sinal para que Drica se sentasse na cadeira à sua frente. Ela sentou-se, mas continuou a folhear o material procurando sua planilha de horário.

– Quer conversar professora? – disse a coordenadora, tentando olhar nos olhos de Drica.

– Sobre o que quer conversar, querida? – respondeu Drica, fazendo-se de desentendida.

– Professora, essa é a segunda vez na semana que a senhora fica perdida no meio do corredor…outro dia entrou em turma errada…ou seja, talvez esteja passando por algum problema e gostaria de desabafar…

– Ah! Achei! Achei! Acabei de resolver o meu problema. Minha aula agora é no quinto ano C! Desculpe querida, preciso dar essa aula hoje… pra ficar em dia com o conteúdo. Obrigada pelo apoio.

A professora falou e foi se levantando da cadeira. Abriu a porta e saiu rápido pelo corredor.

Enquanto o médico lhe dizia que seus exames estavam bons, exceto o colesterol um pouquinho alto, a glicose também estava saindo um pouquinho do normal. Seu hormônio da tireoide estava baixo, teria que fazer a reposição, para controlar a hipotireoidismo…Ah! e tomar Sol, precisa produzir a vitamina D, pois também está um pouquinho baixa…

Drica se lembrou da pergunta da coordenadora, sobre ter algum problema… O médico havia acabado de dizer que ela estava razoavelmente bem de saúde.

– Ah! E manter a medicação de uso contínuo para controlar a ansiedade, a depressão, evitar a síndrome do pânico como teve da última vez e… – a voz do médico foi sumindo no seu consciente. Ouvia essas mesmas recomendações há anos. Ela já sabia todo restante da conversa.

No dia seguinte estava novamente naquele comprido corredor cheio de estudantes em algazarra. Pisava leve, e se imaginava caminhando numa trilha no meio de uma floresta. Um ar puro e sons de passarinho. Um riacho de águas cristalinas fê-la parar. Devia atravessá-lo. Dobrou as barras da calça comprida e tirou os sapatos.

Olhou para a planilha de horário que já estava nas mãos, conferiu a turma e adentrou na sala de aula.

Evani Rocha

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Beleza Azul

Resenha do livro Beleza Azul, de Aline Cardoso, pela Editora Novos Sabores

Capa do livro 'Beleza Azul', de Aline Cardoso e Carla Menna - Editora Novos Sabores
Capa do livro ‘Beleza Azul’, de Aline Cardoso e Carla Menna – Editora Novos Sabores

RESENHA

Uma história encantadora de uma professora nada convencional, que encantava seus alunos com seu jeito peculiar de ser e suas histórias fantásticas.

Além disso, a professora conseguia ensinar muito sobre cidadania, preservação, amor ao próximo e muito mais.

Um livro cheio de surpresas que vai prender as crianças com sua narrativa de mistério em relação a identidade da professora, e de cumplicidade e confiança dos alunos para com ela.

Um livro repleto de ensinamentos para todos nós.

Super recomendo!!!

Uma graça de história. Amei!

Assista à resenha do canal @oqueli no Youtube

SINOPSE

João Paulo era um menino muito esperto e observador que teve a sorte de conhecer a melhor, a mais esquisita e a mais divertida professora do mundo.

Mas, como nada fica sempre do mesmo jeito por muito tempo, logo JP e seu amigo Lucas começaram a desconfiar das esquisitices da “prozinha”.

Perceberam que estava ficando tudo muito confuso, com muitas conversas escondidas, desaparecimentos e manchas estranhas…

Determinados a desvendar o grande mistério da professora, a dupla decidiu elaborar um plano infalível e acabou, junto com toda a turma do 5º ano B, se envolvendo na maior e mais emocionante aventura de suas vidas.

SOBRE A OBRA

O livro Beleza azul surgiu após uma conversa da autora Aline Cardoso com a colega (e coautora) Karla Menna, que tinha em sua mente a professora e suas “maluquices” em sala de aula.

A partir daí foi surgindo todo o enredo.

É um texto emocionante que fala sobre as consequências da falta de cuidado com as pessoas e com o planeta em que vivemos.

Fala também sobre ser responsável e empático e sobre o quanto somos capazes de realizar nossos sonhos.

SOBRE AS AUTORAS

Aline Aparecida Cardoso, coautora do livro Beleza Azul
Aline Aparecida Cardoso

Aline Aparecida Cardoso, tem 48 anos, natural de Sorocaba, SP.

Graduada em Letras, atuou em sala de aula por alguns anos, porém, atualmente trabalha exclusivamente com crianças com dificuldades de aprendizagem.

No auge da pandemia voltou a escrever e após fazer cursos (on-line) de escrita criativa e conto, decide publicar seu primeiro infantojuvenil.

Adora escrever contos e tendo alguns publicados em coletâneas.


Escrever para mim é um desafio, um prazer e uma necessidade e logo mais estarei publicando meu segundo livro.

Aline Cardoso


Foto de Karla Menna, coautora de Beleza Azul

Karla Menna é formada em Educação física e Pedagogia, além de possuir várias pós-graduações voltadas para Educação e a neuroaprendizagem, tenso vasta formação acadêmica.

Atuou durante muitos anos na área educacional exercendo funções diversas (professora, técnica, diretora, proprietária, etc).

Hoje se dedica a uma de suas maiores paixões: o contato e cuidado com os cães.

É fascinada por ouvir e contar histórias e tem a mente cheia de personagens e situações que sua imaginação cria, e foi a partir daí que buscou iniciar suas produções literárias, porque, para Karla, leitura é liberdade.

OBRA DAS AUTORAS

Capa do livro Beleza Azul de Aline Cardoso e Karla Menna

ONDE COMPRAR


Resenhas da colunista Lee Oliveira




Professora

Stêvan Viana Rodrigues: Poema ‘Professora’

Logo Jovens Talentos
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Foto pela profa. Patrícia Alves Batista, destacando o poema de Stêvan Viana Rodrigues

Uma professora sempre enche
O meu coração de amor;
Fazemos muitas brincadeiras
E também atividades legais,
Provas e recortes de jornais.

Recortes de aviões e de barcos,
E também apresentações no auditório,
E os momentos de leituras.
Chega o recreio e todo mundo vai brincar,
Enquanto a professora vai descansar.

Na hora de ir embora
Levo a professora no meu coração,
Espero o outro dia para voltar à escola
E começar uma nova diversão.

Poema em homenagem à professora Patrícia Alves Batista

SOBRE O AUTOR

Stevan Viana Rodrigues
Stêvan Viana Rodrigues

Stêvan Viana Rodrigues é natural de Taiobeiras/MG, nascido no dia 21/02/2017, atualmente conta com 6 anos de idade e estuda o 1º ano do Ensino Fundamental na Escola Municipal ‘João da Cruz Santos.’

Filho de Jean Gonçalves Viana e Maria Érica Rodrigues Silva Gonçalves.

Revela seus sonhos e sentimentos com espontaneidade através de escritos ou composições musicais que se encaixam em seus acordes favoritos no violão.

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Professora

Denise Canova: Poema ‘Professora’

Denise Canova
Denise Canova
Ensinando com o exemplo numa sala de aula etérea
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Professora

Ensina e educa

Professora

Senhora das Letras

Grata por tua dedicação

Denise Canova

Contato com a autora

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