Mario Antonio Rosa: ‘Muerte en Valparaiso’


(Epístola a Segundo Ruiz Belvis)
¡Bajad la voz, que está
con su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera hablando y habla y habla,
la calavera, aquélla de la trenza;
la calavera, aquélla de la vida!
César Vallejo
España, aparta de mí este cáliz
Estás con tus manos contra el agua
y el rostro te habla con agua contraria, la tarde avisa
con una vocal al oído, la ciudad templada
en su rodilla de salitre, murmurando. naves de frío,
y la habitación cerrándote los ojos.
Siguen pasando años imaginado por tu muerte
con sabor de sombra, en esa soledad escrita por esclavos
donde fuiste libre al vendaval del corazón;
en esa campana que el aire escribe con la luz
y luego en los labios, se va con alas susurrando.
De modo que, en esa soledad de todas las vidas,
los nombres que se rasgan, ya hacen sueño para la patria,
la esclava mayor, de todas nuestras lágrimas.
¿Qué pasó en la vuelta de media luna?
No sé, te perdí los pasos, la frente mojada con el tiempo,
en la calle, las luchas iguales se extinguieron,
recogía esos abrazos contra el silencio y la sangre
los fusiles desvelados que te llamaban en aquel 1873
en un mes de marzo dominado de cerezos, lluvia vieja,
pero la firma gritaba como un surco en el relámpago,
y nuestra primera libertad tenía olor de fiebre
y los niños se bautizaban con saliva de noche estrellada,
la molienda quedaba sorda bajo calaveras, ¡era el grito!
Tu sol, rociando a los mortales.
Yo regreso a la ventana que se quedó abierta
frente al Cerro Concepción, donde dormía tu cuerpo
o quizás cambio mi sombra en los puertos que te apagan
porque la trenza del océano se hace a tu costilla
a tu farol de voces, en esa mesa tendida con Betances.
Yo puedo volver a morir con una estatua única
repetida por tus palabras en cada lucha y estampida
sintiendo el sueño y la pérdida, la raya de las hojas,
por esa manumisión que nos llevó a la vida, por ti,
cantando en tu descanso, volviendo a repetirte
porque seguimos esclavos, duele la ceguera, es tempestad,
los días se devuelen entre vidrios amargos, y no somos Puerto Rico.
Quiero ver esos ojos que se cerraron
esa calma de aquel Valparaíso de las sales
con la tierra roja, y el invierno en los metales
nudos de olas en los flacos puertos ahogados en los siglos
quiero saber, de tu otra vida
de cualquier infinito, sin embargo.
Mario Antonio Rosa
- Muerte en Valparaiso - 1 de junho de 2026
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Natural de San Juan, Porto Rico, é poeta, editor, jornalista cultural e crítico Literário. Autor dos livros: Misivas para los Tiempos de Paz; Tristezas de la Erótica; Duelo a la Transparencia; avaliado como Livro do Ano pelo jornal El Nuevo Día; Kilómetro Sur; La Tierra de Mañana; Poemas en la isla del incendio e Pasternak en el invierno. Coautor da Antologia Poetas para el Mundo Voces para la Educación*, juntamente com Ernesto Cardenal e Raúl Zurita, do Chile, patrocinada pelo Sindicato dos Professores do Estado do México, e na Nueva Antología de Poesía Hispanoamericana, patrocinada pela revista Ómnibus, da Espanha. Participou da Écfrasis, uma publicação da Liga de Arte de San Juan, vinculada à exposição permanente de mesmo nome, com seu poema Albea, inspirado na obra pictórica da artista Consuelo Gotay. Recebeu o Prêmio Nacional de Poesia Guajana no Festival Internacional de Poesia de Porto Rico; Prêmio de Poesia Turpial de Ouro, da Sociedade Venezuelana de Arte Internacional; Prêmio Internacional de Poesia patrocinado pela Fundação do Patrimônio Latino em Nova York e, mais recentemente, o Prêmio Internacional de Arte (2023) concedido pela organização de mesmo nome em Nova Jersey.


Mario, tu poema lírico-político, que brota copiosamente de tu alma, resuena al hablar de la identidad de tu patria, cargada de una intensa nostalgia y dolor histórico.