Rafael Peñas Cruz
‘Zurbarán en la National Gallery de Londres’

La exposición de la obra de Zurbarán que se exhibe actualmente en la National Gallery de Londres es magnífica, y una oportunidad única en la vida para contemplar gran parte de la obra del maestro español reunida en un mismo lugar, ya que, para mi sorpresa, se trata de su primera retrospectiva en el Reino Unido. Resulta curioso que no se le haya dedicado mayor atención antes, ya que es uno de los grandes del Siglo de Oro español.
Zurbarán se encuentra entre la modernidad de Velázquez y el sentimentalismo barroco de Murillo, aunque quizás su pintura esté mucho más cercana en su espiritualidad a la de El Greco o Sánchez Cotán, cuyos mecenas también eran principalmente la Iglesia y, por lo tanto, desarrollaron un arte más anímico, tanto en contenido como en forma.

Todos ellos se dedicaron a dar forma visual a conceptos e ideas en una época en que la representación pictórica se había convertido en un campo de batalla entre bandos religiosos rivales. Por un lado, los reformistas luteranos que, al igual que el islam antes que ellos, proscribían el arte figurativo como idolatría y se erigían como iconoclastas. Ante este desafío, la Iglesia Católica Romana, en lugar de ceder, redobló su apuesta por el uso de la imaginería cristiana para transmitir la magnificencia y el poder de todo lo divino.
La exposición presentada en Londres incluye numerosas pinturas importantes procedentes de colecciones de todo el mundo. Como es habitual, cada sala aborda un aspecto diferente del arte del pintor, desde su carácter devocional hasta la meticulosidad con la que Zurbarán, hijo de un comerciante textil de Extremadura, reproducía las telas con sus pinceles, así como el papel que desempeñaban en su obra objetos inertes como los utensilios de cerámica fina.
Hay algo solemne y profundo en la dramática representación del metal y la arcilla en los bodegones de Zurbarán. Del mismo modo, hay algo místico, más que vanidoso, en su perfecta representación de la tela. Tanto en los bodegones como en las vestimentas, ya sean de finos brocados y sedas o el tosco tejido de los hábitos dominicos, siempre todo presentado sobre un fondo oscuro, se nos invita a ir más allá, desde la transitoriedad de las formas sensuales hasta la eternidad del espíritu.

Zurbarán pintó en una época de dudas y decadencia del hasta entonces poderoso Imperio español. El esplendor y la confianza del siglo XVI comenzaban a desvanecerse lentamente, asediados por la envidia y la ambición de otras potencias europeas, y amenazados por la crisis de fe provocada por la propagación de la rebelión luterana en algunos de los dominios europeos de los Habsburgo.
Inmerso en interminables guerras religiosas y con las flotas españolas siempre en peligro de ser interceptadas por corsarios al servicio de ingleses, franceses u holandeses, el Imperio de los Habsburgo se tambaleaba y perdía lentamente su poder.
Sevilla, capital comercial del mundo en aquel entonces, también era una ciudad en crisis; inundaciones y pestes habían diezmado su población, disminuyendo su antiguo esplendor. El barroco había traído consigo una crisis de fe no solo en materia religiosa, sino también en la autoridad de la monarquía y en el poder divino de la Iglesia. Los españoles se encontraban sumidos en una crisis perpetua; nada parecía estable, todo estaba en constante cambio.

En este contexto inestable, donde casi nada parecía tener sentido, la espiritualidad religiosa ofrecía un refugio. Los monjes, santos y vasijas de cerámica de Zurbarán brindaban serenidad y firmeza en medio del caos de un mundo en decadencia. Las numerosas órdenes religiosas establecidas en Sevilla organizaban procesiones y colaboraban con artistas para pintar imágenes devocionales que inspiraban fe y la sensación de algo superior a las penas y el dolor contemporáneos, algo con lo que creo que puede identificarse el espectador de hoy.
Los principales clientes de Zurbarán eran las órdenes religiosas que controlaban la ciudad, para quienes pintaba retablos y retratos de mártires y santos. Sus imágenes, casi siempre sobre un fondo oscuro, conectaban el aquí y el ahora con un mundo más allá de las apariencias, un mundo donde aún reinaba la justicia divina.
Los monjes de Zurbarán parecen siempre incorpóreos, desprovistos de materialidad, lo que contrasta con la materialidad de sus túnicas y vestimentas. Es un pintor que transita entre la ausencia y la presencia, entre lo material y lo espiritual. En esto reside algo que lo conecta con los pintores zen de China y Japón: una tensión entre lo visible y lo invisible, entre las texturas y los colores perfectos de telas y objetos y el fondo oscuro en el que todo se desvanece.

Es un pintor del movimiento inmóvil, como se aprecia en la forma en que los pliegues de la ropa de sus figuras se adaptan a sus formas, siguiendo las leyes de la gravedad, aunque con una cualidad estática. Las figuras de sus retratos parecen congelados en el devenir, detenidos fuera del flujo temporal, e invitándonos a detenernos a nuestra vez, a ordenar nuestros pensamientos y a contemplar.
El arte de Zurbarán plantea interrogantes importantes sobre el papel de las imágenes en nuestras sociedades, especialmente en estos tiempos en que la IA está causando estragos en nuestra vista y nuestro cerebro. ¿Acaso ver es creer? ¿Cómo influye nuestro pensamiento visual en lo que creemos? ¿Y qué es más importante para nuestro desarrollo humano: creer en lo que vemos o en lo que aún no se ha visto?
Invito a todos los que estén en Londres hasta el 23 de agosto a plantearse estas preguntas mientras visitan esta estupenda exposición.
Rafael Peñas Cruz
- Zurbarán en la National Gallery de Londres - 16 de junho de 2026
- Romería – Una película de Carla Simon - 21 de maio de 2026
Natural de Pozoblanco, em Córdoba, Espanha, é escritor, tradutor e professor aposentado de Cultura e Sociedade Hispânica. É formado em Filologia Inglesa pela Universidade de Barcelona e possui mestrado em Estudos Hispânicos pelo Birkbeck College, da Universidade de Londres, onde reside desde 1992. Em 2004, publicou seu primeiro romance em espanhol, Las Dimensiones del teatro (As Dimensões do Teatro), e em 2009, seu segundo romance, Charlie, também em espanhol, foi vencedor da quinta edição do Prêmio Terenci Moix de Literatura LGBTQIA+. Em 2020, fundou a Goat Star Books, um projeto editorial independente especializado em traduções de poesia como ponte entre pessoas e culturas.

