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Julia M. Toro

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Mario Antonio Rosa

Resenha

‘Julia M. Toro: la poesía, como bala de encuentro’

Mario Antonio Rosa
Mario Antonio Rosa

Las primeras armas de fuego aparecieron/  en los campos de batalla europeos mientras/ los caballeros y hombres de armas usaban / armaduras de placas. Contrariamente a lo que / algunos podrían pensar, ambas continuaron / usándose simultáneamente durante siglos. 
(Marioantonio Rosa – Taste of History23 de abril 2023)

Portada del libro ‘La bala que escondes en tus manos’ de Julia Magaly Toro

El amor, o el duelo. ¿Alguien lo dijo? ¿Será posible unir estas dos máscaras para esta definición? Perder el amor reúne un duelo involuntario, que llega en mala frescura al corazón humano. Es una condición de quemarse y expiar. Surge ciega, la pureza. Alcanza los poros, y el verbo. De modo  que, la transgresión abre su cielo natural, prístino, válido al manifiesto.

La condición humana abarca las experiencias fundamentales que caracterizan la existencia, incluyendo las dimensiones físicas, mentales y emocionales. Confluyen experiencias universales como el nacimiento, el crecimiento, el dolor y la muerte, así como un amplio espectro de sentimientos como la felicidad, la ambición, la ira y la desesperación.

Filósofos como Platón y Descartes, han explorado estos temas, lo que ha dado lugar a importantes reflexiones sobre la justicia, la identidad y la naturaleza de la existencia.Este rico entramado de indagaciones continúa inspirando debates sobre lo que significa ser humano, reflejando tanto las luchas como las aspiraciones inherentes a la experiencia humana. Eso es la existencia, y eso es el poeta. La existencia en su médula, busca expandirse, brotar, gritar, inmolar y rehacer su cauce. Nadie escapa.

Por eso, siempre, me siento identificado con la premisa de que el poeta es el más cercano espectador de la condición humana y en ese ruedo, se expresa en uno de los muchos polos que absorbe lo sublime. Transgredir es existir. En el poeta, es una fuerza despejada y libre, sin prórroga, profusa. Desde el intento de una imagen a una mala palabra de asfixia, bajo la poesía, la posibilidad es fuerza e impulso. 

Ese enunciado lo encontramos en el libro La bala que escondes en las manos de la poeta puertorriqueña Julia Magaly Toro. Libre origen, verbo exacto. Nada más. Libro construido en una de las muchas génesis del alma e invicto en el equinoccio de la piel. El libro, como una bala escondida, encierra su destello personal al equilibrio de la expresión y del ritual de unas imágenes diestras y con poder. La poeta escoge la bala, hija primogénita de la pólvora, allá en la antigua China —y después—como un único incendio para cambiar en el decir, expresar.

Los poemas de este libro son un ejercicio honesto y noble de escribir la poesía como un escape, en anatema contra los discursos y estilos. Julia, poeta, es su propio estilo, su soledad, su acrobacia de soñar, su desvelo, Es lo que escribe, conquiatada por la imagen, lo respirado y vivido:

Dame un poco de tu cromo

haz de este acero uno inoxidable

no perfecto como oro y platino

quiero poder reaccionar a tu oxígeno

a lo que alimenta tu conocimiento

tus recuerdos, tus vivencias, tus días

construye en mí una espada de doble filo

que penetre en la piel con simetría

y haga una cicatriz alineada y perfecta…

(Armadura)

La fusión de amor de amor origina la densidad del acero y el ritmo de la siempre apertura de la espada. Ondea un acto de piel y luz que derrota los requisitos del oro y el platino. La poeta funde su más allá con el amado donde también se puede conjugar el espíritu. Y digo eso, porque en todo el libro camina secreta una transparencia que solo cae en el fin y asombro del espíritu. Amar, quizá, más allá de los huesos. Esa misma simbiosis crea por fin una armadura impenetrable, una ronda de altura y fuego. 

El libro en su contenido está dividido en los diversos manifiestos del fuego abierto del revólver. Persisten las escalas, los temas, tipos de bala, tiro al blanco, chaleco antibalas, calibres, balas de salva—¿realmente existen?— y municiones. Todo el ser y su caído entorno deambula en esta creación apartada de las modas y rompiendo cauces. La poeta conoce su rumbo visual por la vida, ama su oficio, teme a  las grandezas de la revelación y es rebelde en el discurso. Todo nos lleva al preclaro conjuro de una poeta que camina, sin adivinanzas. Pero no termina ahí. Hay un poema donde la existencia participa como un dardo contra lo impasible. Es un poema colectivo. Lo escribimos todos y Julia, lo plasma en el tiempo:

Su mano derecha sostiene

una lata de salsa de tomates

que pone de nuevo en el estante

que vuelve a agarrar

es un constante análisis matemático

de qué puede comprar con lo que queda

cuánta hambre puede quitar esa lata

sino tengo cómo pagar las habichuelas

si al pan puedo darle un beso

y tomarlo con agua del grifo

en una cárcel está el pueblo

y los políticos en su guiso

¡ay, gobierno cabrón!

que insistes en poner impuesto a todo

ni siquiera los barquitos de papel están exentos…

(Sicarios)

La poeta señala la mentira social. La apariencia de un país tupidamente capitalista y próspero donde el hambre riega con silencio sus provisiones y abandona almas. Pero ¿que tipo de abundancia nos pisa el ruedo? País irresoluto, con una economía de cartón y en crisis y una deuda externa explotada en discusiones virales y posturas políticas. Y dos partidos echándose a la llenura de sus mochilas. En este poema se repasa la realidad de un Puerto Rico que alguna vez fue de ensueño, un clamor de patria, una denuncia. Parte de la existencia: el entorno y su llamarada. La paz, es parte de esa mentira social; la guerra un motivo, sin resurrección.

De modo que, nuestras letras nacionales tienen en Julia M. Toro una poeta dueña de un verbo innovador, De una prestancia esencial en el modo de la buena poesía. Desde el cuerpo, el dolor, la piel, el alma, el chaleco antibalas que nos presta en su palabra nos cubre en un buen comienzo, y sobre todo fin. Es poeta de este tiempo, escrita con futuro:

…comernos la luz roja en los caminos

guardar el miedo en la mochila

masticarlos con o sin hambre

aceptar que todo se aprende en la vida

la ternura de tus manos hacerla un nudo

para amordazar cada uno de los fracasos

empezar libres cada madrugada

aunque de la esperanza solo queden

algunos pedazos…

(Besar la fatiga de tus pies descalzos)


Mario Antonio Rosa

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